Así cayó Harry Leijdekkers, el hermano de Bolle Jos: un Audi lleno de armas, cocaína desde Surinam y la sombra de ‘De Vingerknipper’

La extradición de Harry Leijdekkers a Países Bajos por presunto blanqueo ha devuelto a la superficie una vieja causa belga sobre una red internacional de cocaína ligada a Flor Bressers, uno de los nombres más temidos del narcotráfico europeo

Harry Leijdekkers
Harry Leijdekkers en el momento de su detención.

La historia empieza de noche, en un barrio de Breda, con un coche parado por la Policía y cuatro hombres dentro. Es el 13 de octubre de 2018. El vehículo, un Audi, circula por Tuinzigt, una zona residencial de la ciudad neerlandesa. Lo que los agentes encuentran en su interior no encaja con una simple intervención de tráfico: armas de fuego, armas eléctricas y otros materiales sospechosos. Entre los detenidos hay dos nombres que, con el paso del tiempo, acabarían teniendo mucho más peso del que parecían tener entonces: Harry Leijdekkers y Jori van Z.

En aquel momento, la escena podía leerse como una causa de armas. Un coche, varios ocupantes, material peligroso y una intervención policial. Nada que, de entrada, permitiera ver la red completa. Pero las investigaciones sobre el crimen organizado rara vez se entienden en el primer golpe de luz. A veces, una detención aparentemente aislada solo cobra sentido años después, cuando las piezas empiezan a encajar en otro tablero.

Eso es lo que ha ocurrido con Harry Leijdekkers, hermano de Jos Leijdekkers, más conocido como Bolle Jos, considerado uno de los criminales más buscados de Países Bajos y que vivió un par de años en Puerto Banús. La reciente extradición de Harry desde Turquía a Países Bajos se centra en una sospecha concreta: la justicia neerlandesa cree que pudo haber gestionado durante años millones de euros procedentes de actividades criminales atribuidas a su hermano fugado. Dinero, oro, relojes y patrimonio bajo la lupa de los investigadores.

Pero detrás de esa causa por presunto blanqueo de capitales hay otra historia menos reciente y mucho menos conocida. Una causa abierta en Bélgica, con sede judicial en Dendermonde, que se remonta a 2018 y que apunta a una organización internacional dedicada a introducir cocaína en Europa desde Surinam a través del puerto de Amberes. Un expediente con contenedores de arroz, transportes de maquinaria, armas, seguimientos policiales, un asesinato sin resolver y un nombre que impone incluso dentro del hampa belga: Flor Bressers, alias ‘De Vingerknipper’.

Bressers no es un secundario cualquiera. Natural de Lommel, de unos dos metros de altura y señalado como una figura violenta dentro del narcotráfico, su alias —‘El Cortador de Dedos’— procede de un episodio brutal que resume su reputación: se le atribuye haber cortado con unas tijeras de podar los dedos de un rival neerlandés. En los años en los que se sitúa esta investigación, Bressers ya aparecía para las autoridades belgas como el presunto eje de una estructura criminal con conexiones internacionales.

La Policía Federal de Dendermonde recibió en 2018 información sobre un grupo que, según el expediente, utilizaba una vía aparentemente comercial para mover droga: contenedores de arroz procedentes de Surinam y transportes de máquinas excavadoras. La ruta no era menor. El puerto de Amberes es una de las grandes puertas de entrada de mercancías en Europa, un lugar donde el volumen de carga permite que las operaciones legales convivan con los intentos de infiltración del crimen organizado.

En octubre de 2018, un contenedor de arroz de la empresa surinamesa NV Oemrawsingh llegó a Amberes. Los investigadores siguieron el cargamento. El contenedor fue trasladado hasta una nave en Vrasene, en Bélgica. Desde allí, varios vehículos salieron en dirección a Países Bajos. Cuando las autoridades comprobaron después el peso del contenedor, detectaron una diferencia llamativa: pesaba varios cientos de kilos menos que cuando había llegado.

Ese vacío, esa pérdida de peso, se convirtió en una de las claves del caso. Para los investigadores, podía indicar que parte de la mercancía oculta había sido retirada durante el recorrido. El expediente belga empezó entonces a dibujar la posible existencia de una red capaz de usar empresas, cargas legales y rutas internacionales para mover grandes cantidades de cocaína bajo una apariencia ordinaria.

Harry Leijdekkers no entró en ese sumario por el seguimiento directo del contenedor. Su nombre apareció por otra vía: la intervención del Audi en Breda aquella misma noche de octubre. La coincidencia temporal con los movimientos investigados en Bélgica y Países Bajos hizo que aquella detención, inicialmente vinculada a armas y materiales sospechosos, adquiriera otra dimensión. Los investigadores empezaron a valorar si Harry Leijdekkers y Jori van Z. podían formar parte del mismo entorno criminal que estaba siendo observado por las autoridades belgas y neerlandesas.

Dos meses después, en diciembre de 2018, Flor Bressers fue detenido en su vivienda de Heeze, en la provincia neerlandesa de Brabante. Con esa detención, la investigación parecía haber alcanzado a uno de sus objetivos principales. Pero el caso no se cerró ahí. Los expedientes siguieron vivos, las ramificaciones continuaron bajo análisis y los nombres que habían ido apareciendo en torno a los transportes quedaron asociados a una causa que aún no ha llegado a juicio.

En paralelo, el apellido Leijdekkers empezó a ocupar cada vez más espacio en los informes policiales y en las noticias sobre crimen organizado. En 2018, Harry Leijdekkers no era un nombre especialmente conocido fuera de los círculos de investigación. Su hermano menor, Bolle Jos, tampoco tenía todavía la dimensión pública que alcanzaría después. Según el Ministerio Público, Jos Leijdekkers ya habría ganado entonces millones de euros con el tráfico de cocaína. Por aquellas fechas residía en Schilde, en Bélgica. Poco después de la detención de su hermano en Breda, se marchó hacia el sur de Europa. En el entorno del caso se ha interpretado que el creciente interés de los investigadores pudo tener peso en esa salida.

La causa belga incluye además una derivada especialmente inquietante: el nombre de Nitender Oemrawsingh, propietario de la empresa surinamesa que figuraba como proveedora del arroz. La investigación no llegó a encontrar una prueba concluyente de su implicación directa en el tráfico de cocaína. Aun así, Oemrawsingh fue detenido durante un breve periodo en Surinam y sometido a interrogatorio.

Pocos días después, la historia dio un giro oscuro. El 14 de enero de 2019, su cadáver apareció en una playa abandonada de Guyana, país vecino de Surinam. Tenía una herida de bala en la frente. El asesinato nunca fue resuelto. Según los documentos del procedimiento belga, Oemrawsingh debía ser interrogado de nuevo por otra partida de cocaína intervenida que también habría pasado por su empresa. Ese interrogatorio nunca llegó a producirse.

El viejo expediente volvió a moverse este mes. El 16 de junio, el tribunal de Dendermonde celebró una nueva vista pro forma sobre los trayectos de cocaína presuntamente camuflados en transportes de arroz. La vista principal está prevista para enero de 2027. Será entonces cuando Flor Bressers, Harry Leijdekkers, Jori van Z. y otros investigados deberán responder por su presunta participación en la organización de narcotráfico.

La situación procesal de Harry Leijdekkers añade otra pieza al tablero. Tras su extradición desde Turquía a Países Bajos, la atención se ha centrado en el procedimiento neerlandés por blanqueo de capitales. Bélgica, por ahora, no ha pedido una nueva extradición. Según el parquet de Flandes Oriental, esa posibilidad solo se plantearía en caso de una eventual condena y si fuera necesario ejecutar una pena en territorio belga.

Eso deja la causa belga en un segundo plano, al menos de momento. La investigación por dinero, oro y relojes vinculados a los beneficios atribuidos a Bolle Jos ocupa ahora el foco principal. Pero los documentos de Dendermonde muestran que los problemas judiciales de Harry Leijdekkers no se limitan al dinero que supuestamente habría administrado para su hermano. También lo sitúan en el entorno de una vieja causa de narcotráfico con conexiones entre Surinam, Amberes, Bélgica y Países Bajos.

El resultado es una trama que avanza por capas. Primero, un coche cargado de armas en Breda. Después, un contenedor de arroz que llega a Amberes y pierde cientos de kilos por el camino. Más tarde, la detención de Flor Bressers, el asesinato de Nitender Oemrawsingh y la fuga de Bolle Jos hacia el sur de Europa. Ahora, la extradición de Harry Leijdekkers y una causa belga que espera fecha de juicio para enero de 2027.

Mientras Bolle Jos continúa señalado como fugitivo y su nombre sigue ligado a informaciones sobre Sierra Leona, su hermano Harry afronta un frente judicial doble: el de Países Bajos, por presunto blanqueo, y el de Bélgica, por una investigación de cocaína que lleva años avanzando en silencio. Un caso que demuestra que, en el crimen organizado europeo, una detención nocturna en un barrio de Breda puede acabar conectando con puertos internacionales, contenedores de arroz, asesinatos sin resolver y algunos de los nombres más temidos del narcotráfico reciente.