Marbella, Mijas, Fuengirola y Estepona aparecen de forma reiterada en el relato que reconstruye el entorno femenino del clan Kinahan, una de las organizaciones criminales más conocidas de Europa. A partir de la información publicada por Daily Mail, la Costa del Sol vuelve a colarse en una historia en la que se mezclan propiedades millonarias, sociedades empresariales, bodas de lujo en Dubái y nombres vinculados a la cúpula del grupo.
El reportaje pone el foco en varias mujeres relacionadas con figuras clave del clan y sostiene que, junto al protagonismo de Dubái como refugio de lujo, la Costa del Sol fue también un escenario recurrente en sus relaciones, sus negocios y sus movimientos. De los barrios obreros de Dublín muy golpeados por el tráfico de drogas a urbanizaciones exclusivas, revistas de estilo de vida y operaciones inmobiliarias de alto valor.
El punto de partida es precisamente ese contraste: comunidades castigadas durante años por la heroína y la cocaína, frente a un círculo de mujeres que acabó moviéndose en un universo de villas, vacaciones de lujo, tratamientos estéticos y empresas vinculadas al entorno del clan. Todo ello, además, con la reciente detención de Daniel Kinahan en Dubái como telón de fondo, en una operación que la publicación presenta como la culminación de años de trabajo policial internacional.
La atención mundial se ha concentrado en Daniel Kinahan, al que se atribuye la dirección de un entramado criminal relacionado con al menos 20 asesinatos en Europa y con 18 muertes dentro de la conocida disputa entre los Hutch y los Kinahan. Pero se dirige la mirada hacia otra capa menos visible: la de las mujeres que rodeaban a esos hombres y que, siempre según esa información, en algunos casos habrían servido de apoyo, cobertura societaria o pantalla patrimonial.
Marbella y la Costa del Sol, presentes en varias historias del entorno Kinahan
La conexión con Marbella no aparece como unas vacaciones. La ciudad y otros puntos de la Costa del Sol son en varios momentos clave del relato. Se habla de encuentros sociales en Marbella, de una vivienda en Fuengirola, de una villa en Mijas, de una comparecencia judicial en Estepona y hasta de un negocio de aceite de oliva en Marbella vinculado a una de las mujeres citadas.
Ese mapa de la Costa del Sol adquiere especial peso porque no aparece como un simple decorado turístico, sino como un espacio de relación, inversión y visibilidad pública para personas ligadas al entorno del clan.
Caoimhe Robinson, entre Marbella, Dubái y un reguero de propiedades millonarias
Uno de los nombres centrales es el de Caoimhe Robinson, la figura más visible de ese grupo de mujeres. Según la publicación, Robinson creció en una vivienda pública cerca de Darndale, una de las zonas de Dublín más castigadas por el narcotráfico, y acabó años después instalada en un estilo de vida marcado por el lujo en Dubái.
Su primera pareja fue Micka “The Panda” Kelly, descrito como uno de los narcotraficantes más temidos de Dublín. También señala que el entorno de Kelly y el de los Kinahan coincidían en Marbella, donde ambos grupos se movían socialmente. En 2011, Kelly fue asesinado a tiros con un AK-47 a las puertas de la casa de Robinson en Dublín cuando iba a visitar al bebé que ambos tenían.
Después de aquello, Robinson siguió viajando a Marbella y fue allí donde acabó coincidiendo con Daniel Kinahan. Ambos se casaron en 2017 en el Burj Al Arab de Dubái, uno de los hoteles más exclusivos del emirato. En la lista de invitados figuraban nombres de gran peso del crimen organizado internacional, entre ellos Ridouan Taghi, Raffaele Imperiale, Ricardo Riquelme Vega, representantes del cartel de “Tito and Dino”, miembros de la llamada Mocro Mafia e incluso agentes encubiertos de la DEA.
A partir de registros filtrados del Dubai Land Department analizados por el International Consortium of Investigative Journalists, figuran al menos seis propiedades que habrían pasado por manos de la pareja, la mayoría a nombre de ella. Entre esas operaciones figuran una villa en Parkway Vistas vendida por 5,2 millones de euros apenas tres meses después de que Kinahan fuera sancionado; una propiedad en Emirates Hills comprada por 6,05 millones y vendida menos de un año después por 11,7 millones; un apartamento en Elite Residence con vistas a Dubai Marina valorado en un millón de euros; y una villa mediterránea de más de 20.500 pies cuadrados adquirida en 2023.
Robinson llegó a ganar un litigio contra un promotor inmobiliario en Dubái, recuperando una villa valorada en 2,1 millones de euros y obteniendo además 500.000 euros de compensación. También recoge la valoración de un antiguo agente del FBI, convertido en consultor en delitos financieros, que resume la estructura del grupo con una frase tajante: el clan Kinahan, dice, funcionaba como un negocio familiar. Caoimhe Robinson no fue sancionada ni acusada formalmente.
Anita Freeman, ayudas públicas y viajes de lujo
Otro de los nombres destacados es el de Anita Freeman, vinculada a Sean McGovern, señalado como uno de los principales hombres de confianza de Daniel Kinahan. Mientras Freeman alegaba en sede judicial que vivía de prestaciones por discapacidad, al mismo tiempo realizaba viajes a Dubái y Las Vegas.
Freeman era de Crumlin, otro barrio dublinés golpeado por el narcotráfico, y asegura que acabó trasladándose con sus hijos a los Emiratos para reunirse con McGovern. También se menciona una vivienda que ambos compartían en Irlanda: según la información, se compró con 155.000 euros en efectivo enviados desde Mauricio a través de una estructura denominada “Mule State Foundation”, y posteriormente fue reformada con una inversión de 247.000 euros.
Además que el subsidio de vivienda que Freeman percibía del Ayuntamiento de Dublín acabó ingresándose en la cuenta bancaria del presunto jefe criminal Liam Byrne. Cuando la Criminal Assets Bureau intervino la vivienda, añade el artículo, Freeman y McGovern solicitaron asistencia jurídica gratuita para tratar de evitar su decomiso, pero perdieron la batalla judicial.
Antes de entregar las llaves, McGovern desmontó baños y cocina de la casa. También que fue detenido en Dubái en 2024, extraditado a Irlanda en 2025 y que desde entonces se ha declarado culpable de dirigir crimen organizado, incluida la vigilancia sobre un hombre que iba a ser ejecutado.
Nessy Yildirim, una empresa, Estepona y un negocio en Marbella
La tercera figura que desarrolla el reportaje es Neslihan “Nessy” Yildirim, pareja de Christy Kinahan Senior. Yildirim aparece como propietaria y directora general de CV Aviation Consulting Services, una sociedad que, de acuerdo con el ICIJ, habría funcionado como empresa pantalla en una operación impulsada por Kinahan padre para comprar una flota de aviones militares egipcios presuntamente destinada al tráfico de drogas.
Yildirim lleva más de una década junto a Christy Kinahan Sr. y recuerda una imagen de 2013 en la que fue fotografiada esperando a Kinahan a la salida de un juzgado en Estepona, tras haber cumplido pena en una prisión belga por soborno a agentes policiales.
Después, siempre según el texto, ambos se asentaron en la zona de Al Wasl, en Dubái, donde Kinahan Senior habría tratado de reinventarse bajo la identidad de “Chris Vincent”, presentado como consultor internacional. El reportaje añade que la Garda irlandesa sospecha que intentó casarse con Yildirim en Zimbabue como parte de un plan más amplio para abrir una nueva base operativa en África, aunque las autoridades de ese país bloquearon la maniobra.
La conexión con Marbella vuelve a aparecer con otras dos actividades atribuidas a Yildirim en LinkedIn: una empresa de comercio de materias primas llamada Merbia y un negocio de aceite de oliva en Marbella. Un antiguo número de teléfono de la web de Merbia aparecía vinculado al nombre de Christopher Kinahan en registros históricos de internet.
Nicola Morrissey, la villa de Mijas y la marca de vodka promocionada en la Costa del Sol
Uno de las mujeres con más impacto con la Costa del Sol es Nicola Morrissey, esposa del escocés John “Johnny Cash” Morrissey, al que el artículo señala como uno de los grandes responsables de las finanzas del clan. El propio sobrenombre de “Johnny Cash”, explica, vendría de su costumbre de pagar con grandes sumas en efectivo.
Morrissey ayudó a lavar hasta 350.000 euros al día mediante el sistema informal hawala y a través de la marca premium de vodka Nero Drinks, registrada a nombre de Nicola y promocionada en locales de la Costa del Sol. Esa compañía, recuerda el texto, fue sancionada por el Tesoro de Estados Unidos en 2022.
La imagen pública de Nicola Morrissey era muy distinta. Protagonizó reportajes en la revista Exclusive Life Marbella, posando con una imagen cuidada y presentando el proyecto como una historia de éxito. Apareció en una sesión vinculada a una villa en Mijas, donde hablaba de los ocho premios obtenidos por la marca y de planes para desarrollar un retiro wellness de cinco estrellas con vistas al mar.
Sin embargo, el Tesoro estadounidense sostenía otra versión. Washington llegó a describir a Nicola Morrissey como “frontperson”, es decir, una figura pantalla dentro de la estructura financiera del clan, y alegó que habría entregado una parte significativa del negocio a Daniel Kinahan para compensar cargamentos de droga incautados por las fuerzas de seguridad. Europol, añade el reportaje, consideró que la marca de vodka funcionaba como un vehículo para disfrazar ganancias de origen criminal.
Nicola Morrissey no fue sancionada. Sí fue detenida en la redada desarrollada en España en septiembre de 2022, aunque posteriormente quedó en libertad sin cargos y ha negado cualquier conducta irregular. El retiro wellness, según esa información, seguía en construcción.
Sandra Vaughan, del negocio estético a una firma sancionada en Dubái
El reportaje incorpora también a Sandra Vaughan, que no es presentada como esposa o novia de un miembro del clan, sino como una empresaria escocesa del sector de la cosmética y el bronceado que terminó muy integrada en la órbita del grupo. Llegó a figurar como directora gerente de una de las compañías sancionadas del entramado en Dubái.
Vaughan aparece descrita como una figura mediática, muy activa en canales de YouTube ligados al boxeo y abiertamente enfrentada a la prensa irlandesa. En 2017, compró MTK Global, la promotora de boxeo cofundada por Kinahan. Además que su antigua pareja, un narcotraficante condenado y exdirectivo de Fake Bake, había sido secuestrado por la banda Kinahan en España en 2012.
Cuando los medios irlandeses publicaron informaciones sobre los vínculos entre MTK y Kinahan, Vaughan respondió con una ofensiva pública: canceló eventos, amenazó con acciones legales, cargó contra periodistas y llegó a decir que Irlanda debía sentirse orgullosa de Daniel Kinahan. Más tarde, documentos filtrados la situaron como directora de Ducashew Consultancy, una firma vinculada a Kinahan y sancionada por Estados Unidos.
Vaughan niega cualquier actuación ilícita, que no ha sido acusada formalmente y que, tras abandonar la primera línea pública, prepara ahora la apertura de una clínica de cirugía estética en Glasgow.
La gran pregunta: por qué ninguna de ellas fue sancionada
El cierre del reportaje gira en torno a una cuestión que sobrevuela toda la pieza: si las autoridades estadounidenses entendían que el clan operaba como un negocio familiar y utilizaba a esposas o parejas para sostener activos y empresas, por qué ninguna de esas mujeres fue sancionada.
El exsubdirector de la National Crime Agency británica, Roy McComb, sostiene que cualquier oportunidad para blanquear patrimonio criminal debería ser combatida. Pero, esa respuesta no llegó a tiempo. En apenas tres meses desde las sanciones de abril de 2022, Caoimhe Robinson ya había vendido una villa por 5,2 millones de euros, y que al año siguiente la propiedad de Emirates Hills casi duplicó su valor.
Con la detención de Daniel Kinahan, la declaración de culpabilidad de Sean McGovern y la supuesta liquidación de propiedades y estructuras económicas, el artículo sugiere que ese círculo de mujeres ha optado por un perfil mucho más bajo. También apunta que algunas podrían regresar a los barrios de los que salieron, cerrando así una historia que une el daño del narcotráfico en comunidades humildes con el lujo exhibido durante años entre Dubái, Marbella y otros enclaves de la Costa del Sol.



