Miedo. Su simple nombre asusta.
Todos lo tenemos, a pesar de que a nadie le gusta ni siquiera reconocer, que nace y crece en nosotros.
Pero, ¿qué es el miedo?
Es lo que te protege. Es la emoción más básica de los seres humanos, gracias a la cual, seguimos aquí hoy en día. El miedo es tu guardaespaldas, te previene de todo lo que te pueda hacer daño. Te cuida y te ampara. Te pone en alerta:
Si sientes miedo, no te asomas al precipicio, no resbalas y caes.
Si sientes miedo, no te acercas a un animal salvaje, no te ataca.
Si sientes miedo, no te desvías del camino marcado, no pierdes el rumbo.
Si sientes miedo, evitas el peligro para preservar la vida.
Entonces, si no es tan malo, ¿por qué le tememos al miedo?
Le temes porque te impide caer del precipicio, pero también disfrutar de las vistas.
Le temes porque evita que te ataque un animal, pero también que puedas hundir tu mano en la suavidad de su pelaje.
Le temes porque cuando no puedes salir del camino preestablecido, te cierras a descubrir nuevas posibilidades, nuevas oportunidades.
El miedo te hace evitar el peligro, pero te impide disfrutar de la vida.
El miedo te protege y te enseña donde te están tus límites, para que puedas identificarlos, conocerte y crecer cómo persona al ir superándolos poco a poco, día a día. Si no lo haces a tiempo, estos límites se harán cada vez más pequeños, y tus miedos más grandes, por ello, cada vez que seas capaz de hacer algo nuevo, algo inesperado, habrás dado un pasito adelante.
“ El miedo puede ser tu guardaespaldas, o tu carcelero”
Se empieza a tenerle miedo al miedo cuando éste, en vez de protegernos, nos inmoviliza, comenzando siempre con el mismo pensamiento: ¿y si…?
¿ Y si no soy capaz ?
¿ Y si necesito ayuda?
¿ Y si enfermo?
¿ Y si no encuentro otro trabajo?
¿ Y si me fracaso ?
¿ Y si me critican?
¿ Y si decepciono? ……..
Con todos estos tipos de “ y sis” vas tejiendo una bufanda tan rígida que terminará por dejarte sin respiración, dándole vueltas a pensamientos recurrentes anticipando el peor de los desenlaces, sin saber cómo actuar y sin tener idea de cómo pararlos, a esto, se llama Ansiedad.
Entonces empiezas a evitar. Evitas hacer cosas aparentemente normales cómo conocer a personas nuevas, evitas los sitios cerrados, las aglomeraciones.. hasta un simple paseo te puede costar trabajo, evitas dar tu opinión por miedo a discutir o no ser aceptado, evitas cosas cómo conducir, tomar café … por no decir emprender nuevos proyectos, buscar sinergias o hablar en público.
Estamos ante un auténtico bloqueo emocional, una barrera que impide disfrutar de actividades cotidianas que forman parte de los pequeños placeres de la vida, porque da igual que estés ante un toro o subido en un escenario frente al público, te vas a sentir de la misma manera.
“El verdadero peligro no lo provoca el estímulo, sino lo que piensas sobre él. Lo que temes que pase y sus consecuencias.”
La ansiedad es buena cuando, en su justa medida, nos mantiene tensos y en alerta, pero cuando sobrepasa los límites nos perjudica. Funciona cómo la alarma de tu hogar, te protege de los ladrones activándose cuando alguien fuerza una puerta o una ventana, alertando del peligro. Pero si cada vez que alguien se acerca a tu puerta o toca un cristal empieza a sonar, ya no sería funcional, sería algo más que una molestia.
Eso es la ansiedad en tu cuerpo, un continuo estado de tensión que deja huella en tu salud si no se pone remedio a tiempo.
Darle vueltas al miedo, pensar fuera de contexto, fuera de horas, nos lleva a entrar en un círculo vicioso donde solo saldremos perjudicados al sufrir y preocuparnos sin motivos, viviendo en un estado de temor constante.
Cuanta vida desperdiciada temiendo la muerte.
Cuántas preocupaciones innecesarias tratando de controlar, prever y anticipar el futuro.
Cuánta energía desperdiciada en la ansiedad que nos creamos anticipando problemas antes de tiempo.
Cuántas oportunidades perdidas.
Queremos matar, eliminar, borrar todo lo que nos produce miedo y ansiedad con el control: si tengo el control, sé lo que va a pasar y entonces me siento seguro porque puedo decidir.
Pero la vida no funciona así, y lo único seguro es que el reloj marcará el siguiente minuto, la siguiente hora con o sin ti.
“Todo lo que intentes controlar al final, escapará a tu control.”
Por ello, lejos de controlarlo, puedes empezar por entenderlo. Entender lo que te pasa para ponerle remedio. Desmenuzar cada parte, para comprender porque se produce y provoca esas reacciones en ti.
Las preguntas suelen ayudar:
¿Qué te puedes preguntar cuando sientes miedo?, ¿Cuando esos pensamientos no paran de dar vueltas en tu cabeza?
Empecemos por:
- ¿ Es real lo que temo o está en mi pensamiento?
- ¿ Es normal este miedo que siento? ¿ Me ayuda a adaptarme o me bloquea y me impide disfrutar de mis actividades normales?
- ¿ A quién más está afectando mi miedo?, ¿ Cómo afecta a mi familia?, ¿ A mi trabajo?, ¿ A mi entorno?
- ¿ Cómo me beneficia esto que siento ?
- ¿ A qué le temo en realidad?
Deberás ser muy sincero para contestar esta última:
- ¿ Qué estoy escondiendo y evitando con mi miedo?
Si vas a sentir miedo al menos que seas un poco más consciente de los mecanismos que lo desencadenan, la información siempre ayuda a entender, a valorar:
- ¿Miedo al juicio?
- ¿Es una fobia: un miedo irracional y desproporcionado a algo relativamente inofensivo; alturas, aviones, arañas, espacios cerrados…?
- ¿Situaciones ambiguas en las que no entendemos muy bien el papel que jugamos o la finalidad que tienen?
- ¿Miedo a lo desconocido, a la falta de experiencia, a perder el control…?
Empieza por reconocer que no es real, entiende para qué lo sientes y que tratas de evitar gracias a él. Luego decide lo que quieres hacer, dejar que siga creciendo o empezar a dar pasitos poco a poco.
“Mueve el cuerpo, cambia el entorno y presta atención a tus pensamientos.”
El miedo puede llevarte a desperdiciar la vida, a no vivirla plenamente. La enfermera de cuidados paliativos Bronnie Ware, acompañaba a enfermos terminales en los últimos momentos de su vida, y se dio cuenta de todas las fases por las que pasa una persona antes de morir: negación, miedo, enfado, arrepentimientos, hasta que finalmente llegaba la aceptación. Todos encontraban su paz antes de partir.
Pero lo sorprendente, era que cuando ella les preguntaba sobre las cosas de las que se arrepentían, la primera de ellas era “no haber sido capaz de hacer lo que realmente se quería hacer en la vida.”
Esta enfermera, basándose en todos los testimonios de sus pacientes escribió un libro, “Los 5 principales remordimientos de los moribundos”, siendo el primero:
“Ojalá hubiese tenido el coraje para vivir una vida auténtica por mí mismo, no la vida que otros esperaban de mí.”
Al que le seguían:
- “Ojalá no hubiera trabajado tanto”
- “Ojalá hubiera sido capaz de expresar mis sentimientos”
- “Ojalá me hubiera mantenido en contacto con mis amigos”
- “Desearía haberme permitido ser más feliz”
La conclusión, es que ninguno de sus pacientes parecía arrepentirse de lo que había hecho, sino de lo que no había sido capaz de hacer.
No es el miedo el que causa tu problema, sino lo que decides hacer con él. ¿Sabes que el miedo tiene muchos usos? Es la excusa perfecta para no hacer, para no actuar…
¿Qué ocurre cuando permitimos que sean otros los que nos controlen gracias al miedo? El miedo siempre ha sido un arma de manipulación junto a la culpa. Usar el temor para controlar al otro. Se utiliza en casi todas las esferas de la vida: en la política, en el trabajo, e incluso en el hogar… cruzando la fina línea que separa la persuasión de la manipulación. En estos casos, el antídoto para el miedo siempre será la información, empezando por la que habla de tus derechos.
“Nada en la vida es de temer. Es sólo para ser entendido”.
Marie Curie
Continuará…
¡Feliz semana!
Carolina Collado.
Coach Personal y Ejecutiva acreditada ACC por ICF.
Inteligencia Emocional. Programación Neurolingüística.
www.carolinacollado.es



