Las calles de Ojén ya empiezan a oler a festival, mientras los vecinos preguntan por las bandas de este año y los más fieles desempolvan su mejor outfit festivalero. Porque vuelve Ojeando. Y no vuelve cualquiera: este 2025 celebra veinte ediciones convirtiendo un pequeño pueblo blanco en el corazón sonoro de la Costa del Sol.
Y sí, ya hay cartel completo, y es de los que hacen que empieces a tachar los días en el calendario.
Los próximos 11 y 12 de julio, Ojén se transforma. Música en cada rincón, escenarios repartidos por sus callejuelas, gente que viene de todas partes y esa mezcla mágica de artistas consagrados, bandas emergentes y talento local que solo puede pasar en este bello pueblo situado entre la Sierra de las Nieves y la Costa del Sol.
María Peláe, Medina Azahara y Miguel Campello: tres nombres que no necesitan presentación

El Escenario Patio, el más codiciado, guarda lo mejor para una noche única: la del sábado 12 de julio. Y qué noche. María Peláe, malagueña, valiente, irreverente y con el arte metido en cada fraseo, encabeza una jornada que promete emociones fuertes y poner a bailar a todos los asistentes.
La seguirán Medina Azahara, que pisan Ojén como parte de su gira de despedida Hasta siempre. Decir adiós con más de cuarenta años de historia no es fácil, pero hacerlo en un festival como este, suena casi a homenaje.
También estará Miguel Campello, el alma inquieta de elbicho, con su mezcla de flamenco, calle y poesía. Un concierto de Campello no se ve, se vive.
Y cuando ya no quede voz para cantar, Les Castizos tomarán el relevo con sus mezclas imposibles y su energía sin frenos. Dj Monchi, de vuelta de sus aventuras internacionales, alargará la fiesta hasta que suene la última campanada del Patio.
El Escenario Patio es el único de pago (35 euros en giglon.com). Todo lo demás, libre y gratuito, como siempre.
El futuro suena en la Plaza: talento fresco, letras con alma y mucho acento andaluz
Pero Ojeando no sería Ojeando sin su apuesta por lo nuevo. El Escenario Plaza es donde pasan cosas. Donde los que aún no son famosos se hacen escuchar. Donde más de uno se lleva una sorpresa.
Este año, brillará con luz propia Álvaro García, que empezó a cantar por culpa de los carnavales de Cádiz y ha terminado siendo una de las voces más prometedoras del pop nacional. También se subirán al escenario Grupo Asere, que fusionan rumba y pop con un rollo urbano muy actual, y Gonzalo Alhambra, con temas que te agarran del pecho y no te sueltan.
Habrá más emoción con Ginés González, que escribe con el corazón, y con Nya de la Rubia, que dejó huella en Mar de plástico pero que ahora conquista con su voz profunda y su sensibilidad.
Para los que añoran otros tiempos, llegan Roll90, con versiones de temazos noventeros, y dos bandas que son puro viaje en el tiempo: Los Cassettes y Los Calvin, que nos traen de vuelta lo mejor del pop y rock español de los 80 y 90. O lo que es lo mismo: una fiesta generacional de esas que te hacen cantar a gritos sin pedir permiso.
Piscina, Molino y madrugada: cuando el cuerpo pide baile
Y si el calor aprieta, el festival tiene la solución: el Escenario Piscina. Rodeado de belleza y con vistas de postal, ideales para sacar unas espectaculares fotos, será el lugar perfecto para refrescarse mientras suenan las sesiones de los djs malagueños Saraika y Dilio. Pies en remojo, copa en mano y música. Qué más.
Pero si lo tuyo es bailar hasta que salga el sol, apunta el nombre: Escenario Molino. Reggae, afro-latin, flamenco electrónico y beats que te atraviesan el cuerpo. Pincharán Mike Martin, Jhon Mena, Chris Martin, Saraika, Dilio aka Álex Méndez, Blas Factory, Saymon Gómez y Salas. No hay tregua.
Ojeando 2025: veinte años de música, pueblo y corazón
Lo que empezó como una locura se ha convertido en uno de los festivales con más personalidad de Andalucía. Ojeando no tiene macroescenarios ni luces deslumbrantes. Tiene calle, tiene alma y tiene una programación hecha con mimo para jóvenes, adultos, familias, ojenetos y visitantes.
Veinte ediciones después, sigue siendo un festival donde la música se mezcla con el olor a jazmín, el murmullo de la fuente de la plaza y la sonrisa de quien se encuentra, por casualidad, con un concierto que no olvidará jamás.
Este verano, Ojén no solo suena. Ojén vibra. Y tú, ¿vas a querer perdértelo?



