Se acabó la paciencia en el Pasaje de Las Palmeras. Si has paseado recientemente por esta céntrica vía comercial que conecta con Marqués del Duero, habrás tenido que esquivar las vallas y los huecos en el suelo que afeaban la zona desde la pasada primavera. Lo que parecía una simple obra interminable tiene, en realidad, una historia de requerimientos desatendidos y riesgo estructural detrás.
Finalmente, el Ayuntamiento de Marbella, a través de la Tenencia de Alcaldía de San Pedro Alcántara, ha decidido cortar por lo sano. Ante la negativa de la empresa responsable a arreglar el destrozo que ellos mismos causaron, los operarios municipales han entrado esta semana a reparar el pavimento mediante una ejecución subsidiaria. O dicho de otra forma: el Ayuntamiento lo arregla ahora para garantizar la seguridad, pero la factura se la cobrará hasta el último céntimo a la empresa privada después.
Crónica de un hundimiento anunciado: Una grúa demasiado pesada
El origen del problema se remonta al pasado mes de marzo. Fue entonces cuando una grúa de gran tonelaje accedió a este pasaje peatonal para realizar una maniobra compleja: el transporte e instalación de un equipo sanitario pesado en uno de los edificios colindantes.
El suelo no aguantó. El peso de la maquinaria provocó un colapso en la pavimentación, abriendo tres grandes zanjas o socavones en la superficie. El incidente no fue menor, ya que no se trata de una calle asentada sobre tierra firme, sino de una estructura delicada: justo debajo del Pasaje de Las Palmeras existen dos plantas de aparcamiento subterráneo. El riesgo de que el daño superficial afectara a la estructura del parking o provocara filtraciones graves era real.
«Quien rompe, paga»: la batalla administrativa
Desde marzo hasta ahora, la Tenencia de Alcaldía ha intentado jugar según las reglas de la cortesía administrativa. Según ha explicado el teniente de alcalde sampedreño, Javier García, se requirió formalmente tanto a la empresa de grúas como a la compañía instaladora del equipamiento médico que procedieran a reparar la vía pública que habían destrozado.
Sin embargo, los plazos legales pasaron y las empresas no cumplieron con su compromiso. Agotada la vía del requerimiento voluntario, y ante la necesidad de devolver la normalidad a una calle con tanto tránsito comercial, se activó la orden de ejecución subsidiaria.
Una obra técnica sobre el vacío
Aunque a simple vista pueda parecer «tapar tres agujeros», la intervención tiene su miga técnica debido a lo que hay debajo. No basta con echar cemento. Los trabajos, que está previsto que finalicen esta misma semana, han requerido un protocolo específico de seguridad:
- Saneamiento hidráulico: Se han tenido que sustituir tuberías y válvulas de la red de abastecimiento de agua que se vieron afectadas por el hundimiento o que quedaron expuestas.
- Refuerzo estructural: Dada la proximidad del techo del aparcamiento subterráneo, se ha ejecutado un hormigonado de seguridad.
- Acabado estético: Se ha procedido al relleno, compactación y renovación completa del pavimento para que quede idéntico al del resto del pasaje.
Tal y como ha matizado García, no es una obra faraónica en cuanto a presupuesto, pero sí «técnicamente compleja» por la delicada ubicación y el peligro latente de un nuevo colapso si no se hacía bien.



