La caza de Bolle Jos promete pasar a la historia. No solo por el perfil del fugitivo, considerado uno de los narcotraficantes más buscados de Europa, sino por el tipo de operación que Países Bajos llegó a preparar para detenerlo: un abordaje en alta mar, frente a la costa de África Occidental, con unidades especiales de la Policía neerlandesa y de la Marina listas para actuar contra Joseph Johannes Leijdekkers, conocido como ‘Bolle Jos’ o ‘Jos El Gordito’.
Las fuerzas especiales de la Nationale Politie y de la Koninklijke Marine estuvieron preparadas desde octubre en dos ocasiones para capturar al fugitivo cuando se desplazara en barco desde Sierra Leona hacia Liberia. El plan, diseñado durante meses bajo el máximo secreto, no llegó a ejecutarse por una sucesión de factores políticos, operativos y externos que permitieron a Leijdekkers seguir fuera del alcance de la Justicia.
El caso tiene una lectura internacional, pero también una conexión directa con la Costa del Sol. El nombre de ‘Bolle Jos’ no es ajeno a Marbella. Leijdekkers residió entre 2015 y 2016 en un apartamento de lujo en Puerto Banús, una etapa en la que habría reforzado contactos con otros capos europeos y sudamericanos. La ciudad aparece, una vez más, como pieza clave en el mapa de una red criminal que conecta Países Bajos, Bélgica, España, Turquía, África Occidental y Sierra Leona.
Un plan secreto para detenerlo en alta mar
La operación contra Bolle Jos no era una vigilancia rutinaria. Durante un año solo un grupo muy reducido de la Policía, la Fiscalía, Defensa y los servicios de inteligencia conocía con exactitud el alcance del dispositivo. La seguridad era clave: una filtración podía frustrar la intervención y poner en riesgo a los equipos desplegados.
El objetivo era esperar a que Leijdekkers saliera de Sierra Leona y se adentrara en el mar rumbo a Liberia. Los investigadores sabían que el fugitivo realizaba ese trayecto con cierta frecuencia. La idea era abordarlo fuera de aguas territoriales, en una operación de alto riesgo apoyada por medios navales neerlandeses y por un buque encubierto con unidades policiales y militares preparadas para intervenir.
En octubre, las condiciones parecían favorables. Los equipos contaban con una buena posición de información, sabían que el fugitivo podía salir al mar y había buques neerlandeses en la zona para apoyar la operación. Sin embargo, el plan no recibió la luz verde política esperada. Dentro del Gobierno de Dick Schoof existían dudas sobre la viabilidad de la acción y sobre las posibles consecuencias para la seguridad personal de algunos responsables políticos.
Esa falta de decisión generó malestar entre parte de los participantes en el operativo. La sensación fue que el Gobierno en funciones dejó la decisión en manos del siguiente Ejecutivo. Meses después, con el gabinete de Rob Jetten, la operación fue reactivada y las unidades policiales y navales neerlandesas volvieron a desplazarse a África Occidental.
La segunda oportunidad también se escapó
La segunda ventana de actuación se abrió en la segunda mitad de abril. Los equipos neerlandeses sabían que debían actuar antes de mediados de mayo, ya que el cambio de estación podía complicar las condiciones marítimas frente a la costa occidental africana. Con el mar más agitado, se consideraba menos probable que Leijdekkers se expusiera a un viaje largo en barco hacia Liberia.
Pero la operación volvió a torcerse. Una de las circunstancias que, según publicó De Telegraaf, habría influido en el fracaso fue la aparición inesperada de un fregata italiana patrullando frente a la costa. La presencia del buque pudo haber alertado al entorno del fugitivo. Las autoridades sospechan que contactos corruptos dentro de Sierra Leona pudieron advertirle de que no era prudente salir al mar.
A ello se sumó otro factor de gran peso: la salida desde el puerto de Freetown del carguero Arconian, posteriormente interceptado por las autoridades españolas cerca de Canarias con una cantidad histórica de cocaína. La Justicia neerlandesa sospecha que Leijdekkers tuvo relación con ese buque y con el cargamento.
La combinación de esos elementos —la presencia de buques europeos en la zona, el golpe al carguero y el empeoramiento de las condiciones marítimas— habría reducido las opciones de que ‘Bolle Jos’ volviera a embarcarse hacia Liberia. El plazo pasó y la captura no se produjo.
El Arconian, 30 toneladas de cocaína y la sombra de Bolle Jos
El caso del Arconian es un claro ejemplo de la dimensión internacional de la investigación. El carguero, con bandera de Comoras, había partido de Freetown, capital de Sierra Leona, y fue abordado el 1 de mayo frente a las costas del Sahara Occidental. A bordo se localizaron 30.215 kilos de cocaína, repartidos en 1.279 fardos, con un valor estimado de más de 812 millones de euros.
Durante la intervención, los agentes encontraron a 17 marineros filipinos y a seis hombres de nacionalidad holandesa escondidos en el buque. Estos últimos iban armados y tenían la función de custodiar la droga. También se intervinieron armas, munición, dispositivos electrónicos y más de 42.000 litros de combustible, presuntamente destinados a abastecer a narcolanchas que debían recoger la mercancía para introducirla en la península.
La investigación apunta al entorno de la Mocro Maffia, una estructura criminal asentada en Países Bajos y vinculada al tráfico internacional de cocaína. En ese mismo ámbito sitúan los investigadores a Joseph Johannes Leijdekkers, que habría convertido Sierra Leona en una de sus bases de operaciones.
Para las autoridades neerlandesas, la pérdida de un cargamento de esa magnitud y el conocimiento de la presencia de buques europeos en la zona habrían influido en el comportamiento del fugitivo. Dicho de otro modo: el golpe al Arconian pudo haber enfriado cualquier movimiento marítimo de Leijdekkers en los días clave de la operación.
Sierra Leona, el refugio que complica la captura
El papel de Sierra Leona es una de las claves del caso. Las autoridades neerlandesas sitúan allí al fugitivo y llevan tiempo intentando lograr colaboración para su arresto y entrega. Leijdekkers habría sido visto cerca del presidente sierraleonés Julius Maada Bio durante una misa y que distintas fuentes lo han vinculado sentimentalmente con Agnes Bio, hija del mandatario.
El fugitivo habría adoptado además la identidad de empresario bajo el nombre de Omar Sharif, según las informaciones publicadas en Países Bajos. Esa supuesta protección o, al menos, su capacidad para moverse en determinados círculos del país africano, ha convertido su detención en un problema que va más allá del ámbito policial. La caza de ‘Bolle Jos’ se mueve ya entre la inteligencia, la diplomacia y la cooperación internacional.
También se han señalado presiones sobre periodistas locales que habrían tratado de informar sobre su presencia en Sierra Leona. Todo ello refuerza la idea de que el fugitivo no se mantiene oculto únicamente por sus propios medios, sino gracias a una red de contactos, protección y recursos económicos que dificulta cualquier intervención directa.
El pasado marbellí de uno de los narcos más buscados de Europa
Para Marbella, el caso tiene un interés añadido. Leijdekkers no es solo un nombre ligado a grandes investigaciones en Países Bajos, Bélgica o África Occidental. Su rastro también pasó por Puerto Banús, donde residió entre 2015 y 2016 en un apartamento de lujo.
Aquella etapa sitúa a la Costa del Sol dentro de una geografía criminal mucho más amplia. Marbella ha aparecido durante años en investigaciones internacionales como punto de encuentro, refugio o base operativa de distintas redes vinculadas al narcotráfico europeo. En el caso de ‘Bolle Jos’, su estancia en Puerto Banús habría coincidido con una fase de consolidación de contactos con figuras del crimen organizado europeo y sudamericano.
La nueva información sobre los intentos frustrados de captura en Sierra Leona vuelve a conectar aquel pasado marbellí con un presente marcado por operaciones encubiertas, grandes alijos de cocaína y movimientos entre África Occidental y Europa.
Condenas millonarias, recompensas y un fugitivo aún libre
Pese a seguir prófugo, Bolle Jos acumula condenas de gran relevancia. En Países Bajos fue condenado a 24 años de prisión y la Justicia neerlandesa le impuso además el pago de 96 millones de euros al Estado, en uno de los mayores decomisos de beneficios criminales del país. Las autoridades ofrecen una recompensa de 200.000 euros por información que permita su detención.
A esa condena se suma otra reciente en Bélgica. Un tribunal de Dendermonde lo condenó a ocho años de prisión por una operación de tráfico de droga desde Sierra Leona hacia el puerto de Amberes. La causa estaba relacionada con un cargamento de 11 toneladas de cocaína oculto entre harina de palmiste y valorado en unos 550 millones de euros.
Sin embargo, ninguna de esas condenas se ha traducido por ahora en su ingreso en prisión. El fugitivo ha sido situado en España, Dubái, Turquía y Sierra Leona, pero continúa fuera del alcance de las autoridades.
La presión se estrecha sobre su entorno
La presión judicial y policial no se limita ya a Leijdekkers. Su hermano fue detenido recientemente en Estambul por su presunta relación con el blanqueo de capitales de la red criminal. Medios internacionales también han relacionado a ambos hermanos con el carguero Arconian, interceptado con más de 30 toneladas de cocaína.
Su padre ha sido investigado en Países Bajos después de recibir un reloj Patek Philippe de oro rosa valorado en 110.000 euros, que la Fiscalía neerlandesa considera adquirido con dinero procedente del narcotráfico. Otros miembros del entorno familiar también han sido señalados en investigaciones por presunto blanqueo.
La estrategia parece clara: si el fugitivo no puede ser detenido de forma inmediata, las autoridades buscan debilitar la estructura económica y familiar que le habría permitido sostener su huida.
Plan A falló, pero la caza continúa
La operación secreta en Sierra Leona confirma hasta qué punto Países Bajos considera prioritaria la captura de Bolle Jos. El primer intento quedó frenado por dudas políticas. El segundo se vio afectado por factores externos, por la presencia inesperada de un buque militar italiano y por el golpe al carguero Arconian.
Pero el mensaje que trasladan las informaciones publicadas en Países Bajos es claro: el fracaso de esos dos intentos no supone el final de la operación. El plan A no funcionó, pero las autoridades neerlandesas ya contemplan nuevas vías.



