La Memoria Democrática ha devuelto nombre, verdad y dignidad a una historia marcada por la represión y el silencio. El Gobierno de España ha reconocido como víctima al cabo de la Guardia Civil Luis Ortega Godoy, fusilado el 26 de agosto de 1936 en Minas de Riotinto (Huelva) por mantenerse fiel a la legalidad republicana, en un acto en el que también se han entregado sus restos a la familia. En esa historia late además un vínculo con Marbella: su viuda, Magdalena Martín Mallen, era marbellí.
El homenaje ha estado presidido por el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, que ha reivindicado la figura del cabo Godoy y la de las miles de personas represaliadas durante la Guerra Civil y el franquismo. Durante su intervención, el ministro aseguró que el ejemplo del militar y el de tantas víctimas “es el que nos ha traído hasta esta apasionante orilla, que es la democracia”.
Luis Ortega Godoy, natural de Zafarraya (Granada), fue condecorado con la Cruz de Plata al Mérito Militar y la Medalla de la Paz de Marruecos. En las primeras semanas del golpe, entrenó a un grupo de mineros para defender Minas de Riotinto del ataque de las fuerzas sublevadas. Esa fidelidad a la legalidad republicana le convirtió, según la información oficial difundida, en el primer fusilado de la localidad onubense.
Tras su asesinato, su cuerpo fue arrojado a una fosa común en el Cementerio Municipal. Detrás quedaron su esposa, la marbellí Magdalena Martín Mallen, y sus siete hijos. La represión no terminó ahí. Ella también fue castigada: fue obligada a beber aceite de ricino y a marcharse al exilio en Marruecos con seis de sus siete hijos. El mayor, Luis, fue internado en un campo de concentración.
En su intervención, Torres quiso poner también el foco en el sufrimiento de esa madre y en el de tantas mujeres que sostuvieron a sus familias en medio del dolor y la persecución. El ministro elogió a Magdalena y a “todas las magdalenas de nuestro país herido que sacaron adelante a su prole y nunca se doblegaron”.
Uno de los momentos más significativos de esta reparación llegó con la exhumación del cuerpo en 2022. El hallazgo permitió desmontar el relato difundido durante años por la propaganda del régimen, que sostenía que el cabo se había escondido en su cama y se había colocado de lado para no enfrentarse a sus verdugos. La realidad que salió a la luz fue otra: junto a sus restos aparecieron botones de su uniforme y también la huella de su tricornio en la tierra de la fosa, confirmando que fue asesinado vistiendo su uniforme.
Para el ministro, Ortega Godoy fue una víctima doble: por su asesinato y por el intento posterior de borrar la verdad sobre su muerte. En ese sentido, defendió que las víctimas nunca han perdido su honor y subrayó que ese honor ha permanecido en sus descendientes y ahora también en las políticas públicas de Memoria Democrática.
El acto de entrega de restos contó con la presencia de la nieta del cabo, María Itatí Palacio Ortega, además de otros familiares. También acudieron la directora general de Atención a las Víctimas, Zoraida Hijosa; la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González; la alcaldesa de Minas de Riotinto, Rocío Díaz; así como el arqueólogo responsable de la exhumación, Andrés Fernández, y su equipo.
La ceremonia celebrada en la localidad onubense no solo sirvió para devolver unos restos a su familia. También cerró, al menos en parte, una herida de casi nueve décadas y rescató del olvido una historia de lealtad, represión y resistencia en la que Marbella queda ligada para siempre al nombre de Magdalena Martín Mallen, la mujer que sobrevivió al horror tras el asesinato de su marido.



