Crónica Jaime Herrera
Marbella se engalanó para una jornada taurina inolvidable, marcada por la destreza y el arte del rejoneo. Los protagonistas de la tarde fueron Pablo Hermoso de Mendoza, Lea Vicens y
Guillermo Hermoso de Mendoza, quienes lograron cortar un total de nueve orejas en una
jornada que tuvo todos los ingredientes: emoción, técnica y entrega.
Guillermo Hermoso de Mendoza, el joven jinete navarro, se alzó con los máximos honores al
realizar la faena de la noche frente al toro que cerraba el festejo, un ejemplar de Fermín
Bohórquez que destacó por su nobleza y clase en cada embestida. Este toro, con su fondo y
cadencia, permitió que Guillermo desplegara toda su habilidad a lomos de sus caballos ‘Berlín’ y ‘Ecuador’. La faena fue sobresaliente, culminando con el corte de dos orejas y la vuelta al ruedo del astado en reconocimiento a su bravura.
Antes, Guillermo había mostrado su destreza frente al tercer toro de la tarde, un ejemplar serio en su presentación, pero que no repetía sus acometidas. No obstante, el joven rejoneador supo imponerse con temple y seriedad, rematando la faena con banderillas cortas y un par a dos manos que arrancaron el aplauso unánime del público. Las dos orejas fueron más que justas.
PRECISIÓN Y ENTREGA
Lea Vicens también tuvo una actuación destacada en la arena marbellí, cortando dos orejas al
quinto de la tarde, un toro que exigía precisión y entrega. La rejoneadora gala no defraudó y,
sobre ‘Bético’, ejecutó una faena que fue ganando en intensidad, conectando profundamente
con el público. Antes, en su primer toro, había demostrado su valor enfrentándose a un astado que, aunque bien presentado, carecía de fuerza en sus embestidas, lo que obligó a Lea a buscar terrenos más arriesgados. A pesar de las dificultades, logró cortar una oreja, cerrando su actuación con una faena sólida y comprometida.
La tarde también estuvo marcada por la despedida de Pablo Hermoso de Mendoza, el maestro del rejoneo, quien dijo adiós a Marbella con una faena que resumió toda su trayectoria. Frente a un toro de excelsa calidad y nobleza, Hermoso de Mendoza mostró una clase y temple inigualables, desplegando su maestría en cada lance. Aunque tuvo que recurrir al descabello, su faena fue ovacionada por el público, que lo despidió con una emotiva ovación y una placa conmemorativa que certifica su legado en la tauromaquia.
Marbella vivió, así, una tarde de toros que quedará en la memoria, un festejo donde la tradición y el arte del rejoneo se unieron en una celebración que hizo vibrar a los asistentes y dejó una huella imborrable en la historia taurina de la ciudad.
FOTOGALERÍA DE ARENAL MARBELLA TOROS










