Ni Mbappé, ni Vinícius ni Lamine Yamal: el segundo jugador más rápido de LaLiga es malagueño

Su velocidad es de 35,25 km/h

javi rueda celta
Javi Rueda/Foto: Celta

En una competición plagada de estrellas como Mbappé, Vinícius Jr. o Lamine Yamal, pocos imaginaban que uno de los jugadores más veloces del arranque liguero sería un joven de la Sierra de las Nieves. Pero el fútbol siempre guarda sorpresas: el segundo jugador más rápido de la LaLiga EA Sports 25/26 se llama Javi Rueda, tiene 23 años y nació en Alozaina, un pequeño municipio malagueño de apenas 2.000 habitantes.

En estas primeras cuatro jornadas, el lateral derecho del RC Celta ha alcanzado una punta de 35,25 km/h, superando a Vinícius (35,2 km/h) y al propio Antonio Rüdiger (35,20 km/h). Solo Víctor Muñoz, de Osasuna, lo supera en este ranking con 35,45 km/h. Una estadística que lo coloca en el escaparate y que confirma lo que en Vigo ya empiezan a sospechar: Rueda no es una promesa más, sino una realidad.

Un arranque de temporada de ensueño

Más allá de la velocidad, lo que ha consolidado el nombre de Rueda en las conversaciones de aficionados y periodistas es su impacto inmediato en el juego. Debutó en la primera jornada ante el Getafe con pocos minutos, pero su gran oportunidad llegó en la segunda, frente al Mallorca en Son Moix. Titular por primera vez en Primera División, firmó un encuentro serio en defensa y un golazo memorable, una vaselina elegante e inesperada que recorrió las redes sociales y se celebró con fervor en su pueblo natal.

En la tercera jornada, contra el Betis, volvió a dejar huella entrando en la segunda parte. Y en la cuarta, frente al Villarreal, se vistió de asistente: un centro preciso a Borja Iglesias en el último minuto permitió al Celta rescatar un punto. En apenas cuatro partidos ya había firmado un gol y una asistencia, además de transmitir esa mezcla de frescura y carácter que tanto engancha a la grada.

De Alozaina al escaparate de LaLiga

Lo de Javi Rueda no es un milagro repentino. Su historia arranca en los campos de tierra de Alozaina, donde empezó a dar sus primeras patadas al balón en la Escuela Municipal de Fútbol. Más tarde llegó al Puerto Malagueño, cantera reconocida en la provincia, y de allí dio el salto al Málaga CF.

Su talento pronto llamó la atención del Real Madrid, que lo incorporó a su cantera. En Valdebebas vivió una etapa crucial de su formación, llegando a levantar la UEFA Youth League 2019/20 con una generación brillante de juveniles. Fue un título que lo puso en el mapa, pero también un recordatorio de lo difícil que resulta abrirse paso en un club plagado de estrellas.

El Madrid decidió cederlo a equipos de Primera Federación para que sumara experiencia: primero la UD San Sebastián de los Reyes, después el Real Murcia CF. En ambos clubes dejó su sello de entrega y regularidad. Tras acabar su contrato con el conjunto blanco, fichó por el Celta Fortuna, filial celeste, donde coincidió con Claudio Giráldez, el técnico que siempre creyó en su potencial.

El salto definitivo

Para acelerar su progresión, el Celta decidió cederlo al Albacete Balompié, en Segunda División. Allí disputó 31 partidos, anotó cuatro goles y dio una asistencia, consolidándose como uno de los laterales más prometedores de la categoría. Esa experiencia fue clave para que, al regresar a Vigo, se convirtiera en un serio candidato a quedarse en el primer equipo.

Hoy, con la confianza total de Giráldez, Rueda se ha asentado en el once titular y ha demostrado que su sitio en Balaídos no es anecdótico. Su capacidad para defender con rigor, incorporarse al ataque y sorprender con su velocidad lo han convertido en una pieza fundamental en el esquema celeste.

Un lateral con sello propio

No es habitual que un lateral derecho sea protagonista en las primeras jornadas de Liga. Pero lo de Rueda va más allá de las estadísticas: transmite seguridad en defensa, tiene la audacia para incorporarse al ataque y, sobre todo, muestra una personalidad impropia de un debutante en la élite.

La velocidad ha sido siempre una de sus virtudes, pero ahora la combina con madurez táctica. Ese pico de 35,25 km/h no es solo un dato curioso: es una herramienta que le permite corregir errores atrás, anticiparse a los rivales y convertirse en un recurso ofensivo de primer nivel.