Una familia irlandesa ha encontrado en la Costa del Sol la tranquilidad, el ahorro y el bienestar que no lograba alcanzar en su país de origen. Tras años soportando el elevado coste de la vida en Tipperary, al sur de Irlanda, Sandra (38 años) y su marido Warner decidieron vender su casa, dejar sus empleos y buscar un entorno más asequible para criar a sus hijos. Hoy viven en una villa con piscina privada, vistas al mar y a pocos pasos de la playa, y aseguran que no piensan volver atrás.
El detonante del cambio fue una combinación de factores: 1.857 euros al mes en guardería, escaso tiempo familiar, altos costes médicos derivados del asma de su hijo y un sentimiento creciente de estar atrapados en una rutina asfixiante. “A pesar de tener buenos sueldos, la vida en Irlanda era insostenible”, explica Sandra. “Nuestra hipoteca era de solo 600 euros al mes, pero el gasto en cuidados infantiles consumía casi todo nuestro dinero disponible. Trabajábamos para que otros criaran a nuestros hijos”.
La decisión de mudarse a España comenzó a gestarse tras un viaje de cumpleaños a la Costa del Sol en 2016. Allí, conocieron a otras familias extranjeras afincadas en la zona, que les mostraron una forma de vida más relajada, al aire libre y centrada en los hijos. El contraste fue revelador. “Volviendo en el avión dijimos: ‘Es ahora o nunca’”, recuerda.
Con solo 50.000 euros procedentes de la venta de su casa en Irlanda, alquilaron una vivienda en España y comenzaron desde cero. Ambos dejaron sus empleos —Sandra era directora de un centro de atención telefónica y Warner trabajaba como jefe de ventas— para montar un negocio inmobiliario en la Costa del Sol. A pesar de las dificultades iniciales, la mejora en su calidad de vida fue inmediata.
Las diferencias económicas fueron sustanciales. En lugar de pagar casi 2.000 euros mensuales en guarderías, pasaron a abonar unos 200 euros al mes, gracias a las subvenciones públicas disponibles en España. La educación primaria, que comienza a los tres años, es gratuita, y también existen ayudas para el cuidado después del horario escolar. Además, los costes diarios descendieron de forma significativa: tomar un café por 1-2 euros, comer fuera con frecuencia y disfrutar del clima sin tener que pagar por actividades de ocio.
“Pasamos de vivir al día a poder ahorrar y disfrutar en familia”, afirma Sandra. “Aquí todo gira en torno a la familia. Es normal ver a familias enteras cenando juntas en un restaurante a las 10 de la noche”.
Otro aspecto decisivo fue la salud de su hijo. En Irlanda, los tratamientos para su asma severa requerían continuas visitas al médico privado y recetas costosas. “A veces teníamos que elegir entre pagar medicinas o pagar facturas. Vivíamos agotados, sin tiempo para nosotros como pareja, ni para estar con los niños”.
Con el paso de los años, han prosperado. Desde 2018, gestionan un negocio de compra, renovación y venta de propiedades, lo que les permitió adquirir la vivienda que siempre soñaron. Sandra también asesora actualmente a personas que desean trasladarse a España. “No creo que hubiésemos alcanzado este nivel de éxito en Irlanda. España nos dio la oportunidad de crecer profesional y personalmente”.
El impacto del cambio también se nota en sus hijos. “Viven al aire libre, hacen deporte, se relacionan con niños de otras culturas y son fluidos en varios idiomas. El entorno aquí es más seguro, más calmado y más centrado en la infancia”.
Aunque Irlanda sigue estando en sus corazones, no tienen intención de regresar. “España nos ha adoptado. Nos ha dado algo que nunca tuvimos antes: tiempo. Tiempo para criar, para emprender, para vivir de verdad. Y eso no tiene precio”.
Este testimonio ha sido recogido por el medio británico The Irish Sun en una entrevista con la protagonista publicada originalmente en la sección What’s The Jam.



