Ross Monaghan parecía haber dejado atrás las calles más violentas de Glasgow para empezar una nueva etapa bajo el sol de la Costa del Sol. En Fuengirola regentaba un pub irlandés, tenía presencia en un negocio dirigido a la comunidad británica y se movía con una apariencia mucho más discreta que la que había marcado buena parte de su pasado en Escocia. Pero el 31 de mayo del año pasado, su nombre volvió a quedar ligado a la violencia más cruda: fue asesinado a tiros en su propio bar, junto a su amigo Eddie Lyons Jr, ante la mirada de clientes que veían la final de la Champions.
Según la información publicada por Daily Record, Monaghan, de 43 años, era considerado uno de los hombres de confianza de la familia Lyons, una de las organizaciones más conocidas dentro del escenario criminal de Glasgow. Durante décadas, su figura estuvo relacionada con el entorno del llamado clan de Milton y con la larga guerra mantenida contra la familia rival Daniels, un conflicto que dejó una profunda huella en la historia reciente del crimen organizado escocés.
De las calles de Glasgow al entorno de la familia Lyons
La trayectoria de Ross Monaghan comenzó a consolidarse cuando todavía era joven. De acuerdo con el citado medio escocés, trabó amistad con Eddie Lyons Jr y empezó a moverse en el entorno de la familia Lyons. El patriarca del grupo, Eddie Lyons Snr, habría tomado el control de un club juvenil en la zona de Milton, en Glasgow, donde Monaghan terminó integrándose junto al hijo del líder en el grupo conocido como Club Boys.
A finales de los años 90 y principios de los 2000, los Club Boys se ganaron una reputación marcada por la violencia callejera y el tráfico de drogas. Con el paso de los años, tanto Monaghan como Eddie Lyons Jr pasaron de ser jóvenes vinculados a bandas de barrio a convertirse en figuras de peso dentro de una estructura mucho más poderosa.
El nombre de Monaghan dio el salto definitivo a los grandes titulares tras el asesinato de Kevin “Gerbil” Carroll, considerado un hombre fuerte del clan Daniels. Carroll fue abatido con 13 disparos en el asiento trasero de un Audi en el aparcamiento de un supermercado Asda en Robroyston, en 2010. El crimen, por su brutalidad y por la forma en la que fue ejecutado, causó una enorme conmoción en Escocia.
Monaghan fue acusado de ser el autor de los disparos. Durante el juicio celebrado en el Tribunal Superior de Glasgow, negó cualquier implicación en el asesinato. Finalmente, en junio de 2012, fue absuelto por falta de pruebas suficientes. A la salida del tribunal declaró que todo había sido “una pesadilla” y que siempre había defendido que no tenía nada que ver con aquel crimen.
Un intento de asesinato frente a un colegio
La violencia volvió a alcanzarlo en enero de 2017. Monaghan sobrevivió entonces a un intento de asesinato cuando fue tiroteado a las puertas del colegio St George’s Primary School, en Penilee, tras dejar allí a su hija. El atacante iba disfrazado y empujaba un carrito de bebé vacío antes de abrir fuego.
Monaghan recibió un disparo en el hombro y tuvo que ser trasladado al hospital. Por aquel ataque fue acusado inicialmente el traficante de Edimburgo Mark Richardson, aunque finalmente quedó absuelto. Martyn Fitzsimmons solo fue procesado por dos delitos relacionados con armas de fuego y por ocultación de bienes de origen criminal.
Meses después, Monaghan volvió a enfrentarse a otro procedimiento judicial. Fue acusado por su presunta implicación en un violento altercado ocurrido en el Campsie Bar, en Bishopbriggs, donde un taxista acabó con una oreja gravemente dañada. En aquella causa también figuraban Edward Lyons Jr, Andrew Gallacher y Liam Boyle, aunque todos quedaron libres después de que el caso se viniera abajo.
Nueva vida en la Costa del Sol
Tras años de exposición pública en Escocia, Monaghan acabó trasladándose a la Costa del Sol, donde buscó un perfil más bajo. En España se convirtió en director de Costa Shop And Drop, una empresa dedicada a vender productos escoceses a expatriados, entre ellos Irn Bru y square sausage, dos referencias muy populares entre la comunidad británica.
Además, abrió Monaghan’s Irish Pub en Fuengirola, un establecimiento que terminó convirtiéndose en el escenario de su muerte. Durante años, según Daily Record, operó en un segundo plano, lejos del ruido mediático que lo había acompañado en Glasgow. Esa discreción se rompió de forma abrupta el 31 de mayo del año pasado.
El ataque tuvo una secuencia especialmente fría. Michael Riley, investigado por el doble crimen, habría disparado primero contra Eddie Lyons Jr en la terraza exterior de Monaghan’s Irish Pub, situado en el paseo marítimo de Fuengirola. Durante la agresión, el arma se le habría encasquillado, un instante que Ross Monaghan aprovechó para correr hacia el interior del establecimiento e intentar refugiarse.
Riley, según la reconstrucción de los hechos, logró solucionar el fallo de la pistola y entró después en el pub. Las cámaras de seguridad del local captaron cómo el tirador, vestido de negro, se dirigió hacia Monaghan y abrió fuego contra él a muy corta distancia. En las imágenes, el escocés aparece cayendo al suelo tras recibir los disparos y, posteriormente, intentando arrastrarse por el local antes de quedar sentado contra una pared, cubierto de sangre.
Aunque Police Scotland insistió en que los asesinatos no formaban parte de la guerra abierta entre clanes, la familia Lyons señaló directamente al entorno de los Daniels.
La muerte de Monaghan cerró de forma violenta una trayectoria marcada por las conexiones con el crimen organizado escocés, los tribunales, los intentos de asesinato y una última etapa en la Costa del Sol en la que había tratado de moverse con más discreción. Fuengirola, sin embargo, terminó siendo el escenario del desenlace de una vida que durante años había estado ligada a uno de los conflictos criminales más conocidos de Glasgow.



