El próximo sábado, 17 de mayo, millones de espectadores volverán a reunirse frente al televisor para seguir el Festival de Eurovisión, una cita que cada año despierta pasiones y recuerdos. Entre ellos, uno permanece imborrable en la memoria colectiva de los eurofans españoles: la actuación de Anabel Conde en 1995, que catapultó a esta joven malagueña al segundo puesto en el festival celebrado en Dublín. Desde entonces, ningún representante español ha logrado igualar su hazaña.
Nacida en Fuengirola el 6 de junio de 1975, Ana Isabel Conde Sánchez, conocida artísticamente como Anabel Conde, se convirtió con apenas 19 años en una de las figuras más queridas del panorama musical eurovisivo. Sin apenas experiencia previa, fue seleccionada por Televisión Española para representar a España con el tema «Vuelve conmigo», compuesto por José María Purón. Su interpretación, potente y cargada de emoción, sumó 119 puntos y le valió el segundo puesto en una edición especialmente reñida del certamen.
Su directo fue tan aclamado que, años después, la Unión Europea de Radiodifusión la seleccionó entre las mejores actuaciones de la historia para celebrar el 50 aniversario del festival, en 2005. Aquella noche, Fuengirola brilló con luz propia en uno de los escenarios musicales más importantes del mundo.
Un talento con altibajos en la industria
Tras su éxito, Anabel vio cómo su proyección internacional se truncaba de forma inesperada. La discográfica Jercar, con la que había firmado, quebró, lo que dejó a la artista sin respaldo profesional justo en el momento clave de su carrera. Aun así, ese mismo año logró publicar un álbum homónimo y Fuengirola le dedicó una plaza, reconociendo el orgullo que supuso para su ciudad natal.
Lejos de rendirse, continuó su formación en música en Londres, aunque sus apariciones públicas se limitaron durante años a participaciones esporádicas en televisión y festivales vinculados al universo eurovisivo.
En el año 2000 volvió a intentarlo junto al cantante David Domínguez, con quien formó el dúo Dabel, llegando a quedar en cuarta posición en la preselección nacional con la canción Ni colores, ni fronteras. El dúo lanzó un disco titulado Dos lunas, aunque su estilo rompía con la línea que le dio popularidad y no consiguió gran acogida.
Una trayectoria marcada por la perseverancia
A lo largo de los años, Anabel Conde ha seguido ligada al Festival de Eurovisión de diferentes formas. En 2005 fue corista de la delegación de Andorra con la canción La mirada interior. Ese mismo año, intentó representar nuevamente a España con Incéndiame, sin éxito. En 2006 presentó la canción Sappho para representar a Polonia, logrando quedar como reserva para la final.
En televisión ha seguido siendo recordada como una de las grandes figuras del certamen. En 2007 participó en el programa Identity de TVE y en 2009 fue una de las artistas invitadas en Los mejores años de nuestra vida, presentado por Carlos Sobera.
En 2010 regresó a la final nacional con la canción Sin miedos, una propuesta que la llevó de nuevo a la televisión tras recibir el respaldo del público en Internet, aunque finalmente el elegido fue Daniel Diges. Ese mismo año actuó en el Orgullo Gay de Madrid, y repitió en 2018.
Reconocimiento, nuevos proyectos y docencia
En 2011, emprendió un nuevo camino lanzando una campaña de micromecenazgo en Verkami con la que financió su disco Toda una mujer, publicado en 2014. En 2015 representó a España en el Festival del Báltico, celebrado en Suecia, y lanzó el tema Ven y sálvame, grabado en Londres. Ese mismo año se embarcó en un proyecto musical junto a Serafín Zubiri y su hermana Cristina Conde, llamado FestiBand Eurovisión, que incluía actuaciones con orquestas sinfónicas por toda España. El proyecto fue interrumpido por la pandemia de COVID-19, pero retomó sus actuaciones posteriormente.
En 2019 apareció en el corto promocional del festival realizado por Netflix. Hoy, alejada del foco mediático, Anabel Conde ejerce como profesora de música, aunque sigue siendo un rostro habitual en programas especiales y reportajes sobre Eurovisión. Su legado permanece vigente y, año tras año, vuelve a cobrar fuerza cuando se recuerda su gesta: haber conseguido la mejor posición de España en los últimos 30 años.



