Lo que debía ser una noche de fiesta y mucho fútbol en el Estadio Muñoz Pérez acabó convertido en un episodio lamentable. Bengalas, objetos arrojados al campo y una suspensión en plena ida del play off de ascenso a Primera Federación. El partido entre el CD Estepona y el CP Cacereño, disputado este domingo 25 de mayo a las 21:00 horas, no pudo completarse por culpa de los ultras radicales. No fue la primera vez que ocurre. Y, veremos si es la última.
Los incidentes obligaron al árbitro a detener el partido cuando el Estepona ganaba 1-0. Las imágenes se repiten: humo, carreras, tensión. Desde la grada, aficionados de ambos equipos lanzaron bengalas y objetos al césped, empañando un encuentro que debía ser histórico para dos clubes con hambre de ascenso. El Juez Único de Competiciones No Profesionales no tardó en intervenir: ordenó que los minutos restantes se disputaran este lunes, a puerta cerrada. El Estepona acabó sellando la victoria, pero el sabor de boca es amargo.
No se puede decir que nadie lo viera venir. El historial reciente de los radicales cacereños ya había encendido todas las alarmas. Porque lo de anoche no fue un hecho aislado. Es solo la última muesca en una cadena de comportamientos violentos que arrastran desde hace tiempo.
Un pasado manchado de violencia y amenazas
El 16 de febrero, en un partido ante el FC Talavera, la Brigada Provincial de Información y Seguridad Ciudadana de Cáceres tuvo que intervenir para evitar un enfrentamiento entre radicales. La Policía incautó navajas, bates, cúteres, bengalas y sprays de defensa personal. Veinticuatro personas fueron identificadas. Algunos ni siquiera tenían entrada: viajaron por su cuenta con un objetivo que poco tenía que ver con el deporte.
Apenas dos meses después, el 11 de mayo, otra trifulca. Esta vez, en un desplazamiento a Ávila, durante un partido ante el Real Ávila CF, donde los incidentes en la llegada de los autobuses se saldaron con una persona detenida.
Y entre medias, lo de siempre: mensajes en redes sociales buscando pelea, como los que circularon el 14 de abril, donde se animaba a concertar un encuentro con los ultras del Talavera. Aunque no llegó a producirse, dejó claro que el ambiente estaba lejos de calmarse.
Robos, agresiones y simbología neonazi
Las denuncias van más allá del estadio. En distintos foros de aficionados se han reportado robos de bufandas, móviles y carteras, incluso agresiones a menores. Dos chicos de 17 años fueron golpeados mientras les sustraían sus pertenencias. Y lo más inquietante: la simbología de extrema derecha que muchos de estos radicales exhiben sin tapujos. Frases como “Sieg heil” o imágenes con banderas neonazis aparecen en perfiles vinculados a estos grupos, generando rechazo en el mundo del fútbol.
¿Y ahora qué? Con la eliminatoria abierta y el partido de vuelta en el horizonte, la gran incógnita es si los aficionados del CD Estepona estarán seguros en su viaje a tierras extremeñas. El ambiente enrarecido, el historial de violencia de los ultras cacereños y los últimos episodios en Estepona siembran dudas más que razonables. ¿Se garantizará la seguridad de la expedición esteponera? ¿Podrán las autoridades controlar a quienes, una y otra vez, empañan el espectáculo deportivo? La respuesta, por ahora, está en el aire. Y la preocupación, más viva que nunca.



