Este 13 de mayo, Miguel Ángel Blanco Garrido habría cumplido 57 años. Nacido en Ermua (Vizcaya) en 1968, fue asesinado con tan solo 29 años por la organización terrorista ETA, en uno de los crímenes que más profundamente marcaron la historia reciente de España. Hoy, su memoria sigue viva como símbolo de unidad, dignidad y resistencia cívica frente al terror.
Blanco, de profesión economista y con una etapa laboral como albañil junto a su padre, se afilió al Partido Popular del País Vasco en 1995. Ese mismo año fue elegido concejal en su localidad natal. Amante de la lectura y especialmente de «El Señor de los Anillos», compatibilizaba su vocación política con su trabajo en una consultora de Éibar, a donde viajaba diariamente en tren. Una rutina que, trágicamente, facilitó su secuestro por ETA el 10 de julio de 1997.
48 horas que estremecieron a un país
ETA exigió el acercamiento de sus presos a cárceles del País Vasco bajo la amenaza de ejecutar al concejal si no se cumplía su ultimátum en 48 horas. La respuesta ciudadana fue inmediata y masiva. Solo en Bilbao, medio millón de personas salieron a la calle. En total, más de 2,5 millones de ciudadanos en toda España se manifestaron en contra del secuestro. Nunca antes había habido una movilización semejante contra el terrorismo en el país.

Pese a la presión social, el Gobierno de José María Aznar se mantuvo firme en su negativa a negociar con terroristas. El 12 de julio, Francisco Javier García Gaztelu (“Txapote”), junto con Irantzu Gallastegui (“Nora”) y José Luis Geresta Mujika, trasladaron a Miguel Ángel a una pista forestal en Lasarte-Oria. Allí fue disparado dos veces en la cabeza y abandonado. Aunque fue hallado con vida, falleció en la madrugada del 13 de julio.
El nacimiento de un símbolo: el espíritu de Ermua
Su muerte desató una ola de dolor y solidaridad sin precedentes. Aquel sentimiento colectivo dio lugar al espíritu de Ermua, un movimiento cívico en defensa de la vida, la libertad y la democracia. El 18 de diciembre de 1997 se constituyó la Fundación Miguel Ángel Blanco, impulsada por RTVE, para preservar su legado y los valores que representó.
Las imágenes de aquellos días aún resuenan en la memoria colectiva: los agentes de la Ertzaintza quitándose el pasamontañas durante las manifestaciones para dejar claro que ya no tenían miedo. Era una señal clara a ETA: la sociedad vasca y española se plantaba.

Una cobertura mediática sin precedentes
Durante las angustiosas 48 horas que duró el secuestro, los medios de comunicación paralizaron su programación habitual. Más de 25 millones de personas siguieron la cobertura informativa en directo. Las principales cadenas de televisión guardaron minutos de silencio, y muchas iglesias hicieron sonar sus campanas en homenaje. Incluso cadenas internacionales como CNN y BBC retransmitieron en directo su funeral.
Justicia, memoria y dolor
En junio de 2006, «Txapote» y «Nora» fueron condenados a 50 años de prisión por el secuestro y asesinato. José Luis Geresta había aparecido muerto dos años después del crimen. Durante el juicio, los familiares de Miguel Ángel fueron expulsados de la sala al enfrentarse con los acusados. Fue un momento tenso que mostró la herida aún abierta y el profundo dolor acumulado.

Años más tarde, los restos de Blanco fueron trasladados desde Ermua a La Merca (Ourense), tierra natal de su madre, debido a los continuos actos de profanación que sufría su tumba por parte de simpatizantes de ETA. Hoy, su recuerdo vive en calles, jardines, monumentos y, sobre todo, en la conciencia de un país que nunca olvidará su nombre.
Cada 13 de julio, miles de personas se reúnen en plazas de todo el país, especialmente en Ermua, para guardar un minuto de silencio y honrar la memoria de quien se convirtió, sin quererlo, en un símbolo de la España que se resistió al miedo.



