En España es imposible organizar algo medianamente bien sin que acabe todo en filtraciones, querellas e investigaciones judiciales. Es nuestra cultura y hay que respetarla. Que Málaga finalmente vaya a ser sede del Mundial 2030 es algo que cada día que pasa veo más improbable que suceda.
Lo que parecía un sueño asegurado para la Costa del Sol se tambalea entre rumores, audios y una gestión que huele a chapuza federativa desde Las Rozas hasta Vigo. La FIFA, con su reglamento bajo el brazo, tiene la última palabra, y Málaga, con su emblemática La Rosaleda, podría quedarse fuera del mapa mundialista si no se aprietan las tuercas (y nunca mejor dicho porque las obras de La Rosaleda tienen tela). La Romareda, estadio del Real Zaragoza, necesitaba unas obras similares a las del Málaga CF y llevan meses de ventaja.
A principios de año, el 15 de enero, saltó la liebre: la FIFA quiere recortar sedes en España, que pasó de 20 estadios propuestos a un número más modesto. Entre los señalados, La Rosaleda aparecía en el puesto 18 de las calificaciones, según Antón Meana en El Larguero. Solo el RCDE Stadium de Barcelona y el Riazor de A Coruña estaban peor parados. Claro, con La Cartuja de Sevilla luciendo galones de eventos internacionales y una mejor puntuación, Málaga empezó a sudar frío. ¿El sur se queda con una sola sede? Parece que la balanza se inclina hacia Sevilla, mientras en Málaga se aferran al clavo ardiendo de la remodelación.
Pero no todo es drama andaluz. Valencia, que no estaba ni en el radar inicial, entró en escena con el Nuevo Mestalla y el respaldo de Rafael Louzán, flamante presidente de la RFEF. “Es inexplicable que el estadio más moderno de España no esté en el Mundial”, dicen desde la federación. Y mientras Valencia se cuela por la puerta grande, Málaga se pregunta si su aeropuerto internacional y sus 14,5 millones de turistas en 2024 no son suficientes para impresionar a los señores de la FIFA.
El 23 de enero, la Junta de Andalucía, el Ayuntamiento de Málaga y la Diputación Provincial salieron al rescate con una declaración institucional contundente: “La Rosaleda estará lista para el Mundial 2030”. Desde una reunión en agosto del año pasado con Francisco Salado, Francisco de la Torre y Patricia del Pozo, las instituciones trabajan codo con codo para modernizar el estadio. Ampliaciones, mejoras y un toque sostenible son la receta para cumplir con la FIFA. La financiación pública está sobre la mesa, pero necesitan al sector privado.
El plan es ambicioso: modernizar La Rosaleda mientras el Málaga CF se muda al Estadio Ciudad de Málaga durante las obras. “Que el equipo siga compitiendo con garantías”, dicen, con la esperanza de que los blanquiazules vuelvan a Primera antes de que ruede el balón mundialista.
El 24 de marzo, el periódico El Mundo soltó la bomba: la RFEF habría manipulado las puntuaciones de las sedes para meter a Anoeta (San Sebastián) y dejar fuera a Balaídos (Vigo). Según filtraciones, en 48 horas cambiaron los criterios de evaluación como quien cambia de canal en la tele. Y no contentos con eso, publicaron audios de una reunión del 25 de junio de 2024 en Las Rozas, donde la directora de la candidatura, María Tato, y el exjugador Fernando Sanz parecían jugar al Monopoly con las puntuaciones.
- “Vamos a meter valores en el Excel a ver qué nos queda”, decía Tato.
- “¿Tren tiene A Coruña? ¿Sí, no? Pues ponle un 10”, añadían.
Si esto es un proceso serio, que alguien nos lo explique.
El alcalde de Vigo, Abel Caballero, montó en cólera y denunció “opacidad y oscurantismo” en una rueda de prensa el 24 de marzo. Según él, la eliminación de Vigo fue un chanchullo comunicado con retraso y sin explicaciones claras. Posteriormente anunció que los servicios jurídicos del Ayuntamiento olívico estudiarán la situación e indicó que «exigimos a la Federación que Vigo vuelva a ser sede del Mundial 2030». En la tabla filtrada, La Rosaleda bajó del séptimo al octavo puesto, pero sigue en la lista de sedes confirmadas… por ahora. Porque con este panorama, cualquier cosa puede pasar.
La FIFA entra en escena: el árbitro que puede pitar penalti
El 2 de abril, AS reveló que la FIFA tiene la potestad de cambiar las sedes unilateralmente, según el documento Overview Hosting Requirements. España propone 11 estadios, pero la federación internacional revisará las puntuaciones y decidirá quién se queda y quién se va. Madrid y Barcelona, con Santiago Bernabéu, Metropolitano, Camp Nou y RCDE Stadium, parecen intocables. Pero el Metropolitano duda: el Atlético podría preferir llenarlo de conciertos antes que cederlo dos meses a la FIFA. Si se cae, Valencia y su Nuevo Mestalla están al acecho. Y si Málaga no amplía La Rosaleda a los 40.000 asientos exigidos, Vigo podría colarse por la ventana.
En Málaga, el concejal de Deportes, Borja Vivas, insiste: “Cumpliremos los plazos”. Las obras arrancarán en la temporada 2026-27, con el equipo mudado al Ciudad de Málaga. Pero ampliar 10.000 asientos no es coser y cantar: el coste económico y la logística son un sudoku que aún no resuelven. Mientras, las sedes confirmadas incluyen La Cartuja, San Mamés, Anoeta, Riazor, Gran Canaria y La Romareda, además de las ya citadas.
Málaga, entre el orgullo y la incertidumbre
El Mundial 2030, con España, Portugal, Marruecos y Uruguay, será un hito: el primero en tres continentes. Málaga sueña con estar en el cartel, pero el camino es un campo minado. La RFEF de Louzán patina con filtraciones y audios de dudoso rigor, la FIFA decide y las instituciones malagueñas hacen lo que pueden para que La Rosaleda brille. Si sale bien, será un escenario de lujo; si no, nos quedaremos con el sol y la playa como consuelo. Habrá que esperar a las próximas decisiones, aunque algunos ya murmuran que el desenlace —quizá un adiós a La Rosaleda— podría guardarse bajo la alfombra hasta después de las autonómicas de 2027.



