Dos estados de alarma, tres meses encerrados, restricciones horarias y de movilidad, medidas de seguridad sanitarias en cada rincón de los establecimientos y la falta de turismo. Todo ello ha llevado que la hostelería se encuentre en uno de sus peores momentos de la historia de este país. Tanto es así, que ya estamos viendo restaurantes que se están viendo obligados a echar el cierre después de muchísimos años ofreciendo su mejor gastronomía. Es el caso del Mesón Casa Orta de Estepona. Diego Orta, su propietario, no ha podido más y se ha visto obligado a decir adiós: «Ya es que aunque quiera no puedo mantenerlo. Han sido 17 años de mi vida aquí, de sacrificio, de esfuerzo y de mucha ilusión. Ahora estoy sacando cosas para venderlas y cerrar este domingo».
Una situación muy triste que desgraciadamente se está repitiendo por todo el país. La crisis del Covid está azotando con fuerza y se está llevando aquello que con tanto amor y sacrificio ha costado conseguir. «Nos lo están poniendo muy difícil. Y no entiendo por qué en un restaurante hay más peligro que en otros sitios. Cierran nuestros negocios pero seguimos pagando facturas«, añadía Diego con una triste sonrisa.
Es decir adiós a muchos años dedicados a su pasión, a lo que un día con mucho amor y esfuerzo levantó con su familia para ofrecer a todo el mundo sus mejores recetas caseras. El Mesón Casa Orta cerrará sus puertas para siempre este domingo dejando un vacío en esa querida Placita del Huevo de Estepona.
«Es mi vida»
Desde Área Costa del Sol hemos querido también conocer la opinión también de otros hosteleros dedicados al sector desde hace muchos años en la localidad y que ahora se enfrentan a uno de los momentos más duros de su vida, aunque no han llegado al cierre de su establecimiento: «Esto es una pena. Llevo 11 años con mi negocio, ya pasé una crisis y ahora otra. Y es muy difícil para la hostelería seguir adelante«. Con lágrimas en los ojos nos hablaba Ana, la propietaria de la Arrocería El Hatillo, situada en la calle Manuel Navarro, junto a la Iglesia San José. Un rinconcito acogedor donde su especialidad, como no podía ser de otra manera, es el arroz. Unos platos exquisitos que se han ganado nuestro paladar pero también nuestros corazones: «No soy de Estepona pero como si lo fuera. Para mí este ya es mi pueblo, mi gente, mi lugar. Y mi negocio es mi vida».
Ana ha tirado adelante durante muchos años con su negocio, en el que ha contado con sus empleados y ha formado una familia: «Ver que antes éramos seis y ahora solo tres, que tenemos que abrir por las noches para poder tirar y que las medidas son cada vez más y más… Me da muchísima pena todo esto. Es muy triste que un negocio se tenga que cerrar. Hay mucha gente detrás». Además, la cocinera no ha dudado en mencionar a sus clientes fijos y agradecerles «de corazón» que sigan ahí.
«La hostelería no es tan peligrosa como la están pintando. Estamos tomando nuestras medidas de seguridad. Desinfectamos todo y tenemos una persona dedicada a limpiar el baño después de su uso. Creo que depende también de la responsabilidad de cada uno».
Ana
Asimismo, la hostelera ha mencionado la importancia de apoyar los negocios locales y los pequeños comercios, y más ahora en esta situación en la que muchos desaparecerán y la gran mayoría tendrán que hacer un esfuerzo enorme por seguir adelante.


