Mientras Bashar al-Assad huye hacia Rusia tras la caída de su régimen, las sombras de la familia Al Assad aún se proyectan sobre la Costa del Sol. Rifaat al-Assad, el polémico tío del derrocado dictador y conocido como el “carnicero de Hama”, dejó una marca imborrable en Marbella, donde amasó una fortuna multimillonaria y protagonizó décadas de controversias.
Un imperio en el lujo de Marbella
Rifaat llegó a España en los años 80, después de su exilio forzado por enfrentarse a su hermano Hafez al-Assad, entonces presidente de Siria. Según la Audiencia Nacional, el caudal inicial con el que se asentó procedía de actividades ilícitas como narcotráfico, contrabando, extorsión y el saqueo de antigüedades en Siria. Ese capital fue invertido en bienes inmuebles en la Costa del Sol, convirtiéndolo en uno de los principales propietarios de Marbella con un imperio valorado en más de 700 millones de euros.
Entre sus adquisiciones destacan la urbanización Benabola en Puerto Banús, plazas de garaje y lujosas propiedades como la finca del Ancón y una extensión forestal en Benahavís que abarcaba más de 3.000 hectáreas. Pese a sus planes para desarrollar un enclave de lujo similar a La Zagaleta, las restricciones medioambientales impidieron concretar el proyecto.
Durante años, Rifaat dominó Puerto Banús con un estilo autoritario. Los vecinos denunciaban que sus escoltas actuaban como matones, y era conocido por expulsar a periodistas de los establecimientos que frecuentaba.
La caída de Rifaat: investigaciones por blanqueo
Aunque Rifaat al-Assad mantuvo una vida discreta en los últimos años, las investigaciones internacionales finalmente alcanzaron su fortuna. En 2016, la justicia francesa le imputó por blanqueo de capitales y encubrimiento de fondos públicos desviados, destapando un patrimonio de más de 90 millones de euros en Francia, Curazao, Liechtenstein y Luxemburgo. Estas pesquisas llevaron a la Audiencia Nacional española a investigar su actividad en Marbella, donde se sospecha que blanqueó 600 millones de euros mediante complejas estructuras societarias con sede en Gibraltar y paraísos fiscales como Suiza, Panamá y las Islas del Canal.
En 2020, la justicia española ordenó el embargo de más de 500 propiedades vinculadas a Rifaat y su familia, incluidas plazas de aparcamiento en Puerto Banús y el famoso Grey of Albion. Todo estaba abandonado, pero seguía generando beneficios de hasta 100.000 euros al mes en alquileres.
El impacto local: decadencia en Puerto Banús
A pesar del brillo inicial, la influencia de Rifaat al-Assad contribuyó a la degradación de Puerto Banús. Vecinos de Benabola se quejaban de baldosas rotas, falta de iluminación y una estética descuidada que contrasta con los días de esplendor. Empresas de Qatar y otras grandes marcas han abandonado la zona, aunque el interés por los locales comerciales sigue siendo alto, con precios de hasta 3.000 euros por metro cuadrado.
El «carnicero de Hama» y la huella de sus crímenes
Más allá de los lujos, Rifaat al-Assad arrastra un oscuro legado. Fue señalado como responsable de la masacre de Hama en 1982, donde 25.000 personas murieron bajo su mando durante la represión de una revuelta islamista. Organizaciones como Human Rights Watch lo catalogaron como genocida por el uso de gas sarín contra civiles.
A pesar de los cargos que enfrenta, Rifaat se refugió en Siria tras un acuerdo con su sobrino Bashar, regresando temporalmente para evitar la prisión en Francia. Sin embargo, tras la caída del régimen en 2024, su paradero actual es desconocido, aunque se presume que se encuentra en Rusia.
Una familia en el exilio y bajo sospecha
La huida de Bashar al-Assad desató un éxodo entre los miembros de la familia gobernante. Mientras Bashar y Rifaat buscaban refugio en Rusia, otros familiares, como los primos Ehab y Eyad Makhlouf, intentaron escapar a Líbano, con trágicos resultados: Ehab murió y Eyad resultó herido durante un tiroteo.
La Audiencia Nacional española mantiene su interés en juzgar a Rifaat al-Assad por blanqueo de capitales, con una cita judicial programada para mayo de 2025. Sin embargo, pocos creen que se presentará. Entre tanto, Marbella sigue siendo testigo silencioso de la fortuna que una vez ostentaron los Al Assad, una fortuna construida sobre un oscuro legado de crímenes y corrupción.



