La pérdida de cabello no es solo un problema estético, puede convertirse en un verdadero desafío emocional para quienes la padecen. Afecta tanto a hombres como a mujeres y suele estar acompañada por un mar de dudas, inseguridades y desinformación. Dentro de los distintos tipos de caída capilar, la alopecia androgénica es una de las más comunes, pero también una de las más incomprendidas.
Para arrojar luz sobre este tema, conversamos con la doctora Stefania Mancinelli, especialista en salud capilar y directora médica en la clínica Insparya Málaga, quien explicó en profundidad las características, causas y tratamientos actuales de esta condición, además de desmontar varios mitos muy extendidos entre la población.

¿Qué es realmente la alopecia androgénica?
La alopecia androgénica, también conocida como calvicie común, es una forma de pérdida progresiva del cabello provocada por factores genéticos y hormonales. Afecta aproximadamente al 50 % de los hombres mayores de 50 años y a un número creciente de mujeres, especialmente después de la menopausia.
“La gente suele pensar que es simplemente ‘algo que pasa con la edad’, pero en realidad tiene una base genética y hormonal muy clara”, señala la Dra. Mancinelli. “No se trata solo de perder pelo, sino de un proceso llamado miniaturización folicular, en el que el cabello se vuelve cada vez más fino hasta que deja de crecer”.
Hombres y mujeres: dos caras de la misma moneda
Uno de los aspectos más relevantes que destaca la doctora es cómo la alopecia androgénica se manifiesta de forma diferente en hombres y en mujeres.
“En las mujeres, observamos una pérdida difusa de densidad, sobre todo en la parte superior del cuero cabelludo, respetando la línea frontal. A esto lo llamamos patrón femenino, y lo evaluamos con la escala de Ludwig”, explica la Dra. Mancinelli.
En cambio, el patrón masculino sigue la conocida escala de Hamilton-Norwood: comienza por las entradas, continúa por la coronilla, y en algunos casos puede desembocar en una calvicie total.

“También hay casos en los que se cruzan los patrones. Algunas mujeres pueden tener pérdida en las entradas, mientras que algunos hombres presentan un tipo más difuso”, añade.
Tratamientos personalizados: una medicina cada vez más precisa
Aunque los tratamientos pueden parecer similares a simple vista, la doctora recalca que deben ser cuidadosamente adaptados a cada paciente. “La clave es entender el estado en el que se encuentra la alopecia. No es lo mismo una pérdida reciente que una calvicie avanzada donde ya no hay folículos activos”, afirma.
Entre los tratamientos más habituales se encuentran:
- Infiltraciones capilares con vitaminas y minerales que estimulan el crecimiento.
- Principios activos como los vasodilatadores periféricos o los inhibidores de la enzima 5-alfa reductasa, que bloquean la conversión de testosterona en dihidrotestosterona (DHT), responsable de la miniaturización del folículo.
- Los tratamientos de regeneración celular infiltrados, una técnica innovadora que utiliza la bioestimulación para obtener factores de crecimiento que se inyectan en el cuero cabelludo.
“Con factores de crecimiento y regeneración capilar conseguimos excelentes resultados, sobre todo en pacientes con folículos aún activos. Estos tratamientos no solo frenan la caída, sino que mejoran la calidad del cabello”, afirma la doctora.

Factores hormonales, genética y estilo de vida: un triángulo complejo
A pesar de la influencia clara de la genética y las hormonas, muchas personas se preguntan si llevar una vida sana puede prevenir o revertir la alopecia.
“El estilo de vida influye, pero no es determinante. Lo que sí hace es modular la expresión de los genes. Por ejemplo, el estrés, la mala alimentación o la falta de sueño pueden acelerar la caída”, explica.
En cuanto a la testosterona y su metabolito DHT, la Dra. Mancinelli advierte: “No es que tener más testosterona cause alopecia. El problema es la sensibilidad de los receptores foliculares a la DHT, que es algo determinado genéticamente”.
Mitos comunes y errores frecuentes
La Dra. Mancinelli también desmiente algunos mitos populares:
¿Los tintes provocan caída?
“No directamente, pero si estamos ante una alopecia activa, lo ideal es evitar productos agresivos como tintes con amoníaco. Optar por alternativas más suaves como la henna o los barros puede ser más seguro”.
¿El lavado frecuente favorece la caída?
“Falso. El lavado ayuda a mantener el cuero cabelludo limpio. Lo que sí puede dañar es usar productos inadecuados o aplicar calor excesivo”.
¿La calvicie se hereda solo por la línea materna?
“No, eso es un mito muy extendido. La predisposición genética puede venir tanto por parte materna como paterna”.
¿El trasplante capilar es solo para hombres?
“Para nada. Cada vez más mujeres recurren al trasplante, especialmente para corregir zonas despobladas en la línea frontal o las cejas”.
¿El estrés te deja sin pelo? La ciencia dice que sí
En relación al estrés, la doctora destaca que su impacto en la salud capilar está más que comprobado: “Especialmente en el caso del efluvio telógeno, el estrés puede desencadenar una caída aguda, aunque reversible. Lo vimos claramente tras la pandemia: muchas personas desarrollaron una caída masiva meses después de pasar por cuadros de ansiedad o COVID”.
Además, señala que otras formas de alopecia también pueden tener un componente emocional. Por ejemplo, la alopecia areata, una condición autoinmune que provoca la caída del cabello en áreas específicas, se ha relacionado en algunos casos con episodios de alto estrés. Por otro lado, la tricotilomanía —una forma de alopecia provocada por el impulso de arrancarse el cabello— es considerada un trastorno psicológico, lo que refuerza la conexión entre salud mental y salud capilar.
Condiciones del cuero cabelludo que agravan el problema
No todas las caídas de cabello son alopecia androgénica. Algunas están asociadas a condiciones dermatológicas que requieren un enfoque distinto.
“La dermatitis seborreica, por ejemplo, genera inflamación, picor y escamas que pueden obstruir el folículo. Si no se trata, puede contribuir a una mayor caída”, advierte la Dra. Mancinelli.
Para estos casos, existen tratamientos con champús antifúngicos, corticoides tópicos y terapias antiinflamatorias que ayudan a controlar los brotes.
¿Y el sol? También puede dañar el cuero cabelludo
Pocos piensan en proteger el cuero cabelludo del sol, pero la doctora lo considera esencial: “En zonas con poco cabello, como entradas o coronilla, la exposición solar puede dañar la piel y los folículos. Existen protectores solares en spray específicos para el cuero cabelludo, o incluso aplicar el protector facial con cuidado es una buena opción”.
Verano y trasplante capilar: ¿una mala combinación?
Contrario a lo que muchos creen, el verano no es una contraindicación para someterse a un trasplante. “Es un mito. Lo único que pedimos al paciente es evitar el sol directo durante la primera semana. Después, puede usar gorra, aplicarse protector solar y continuar su vida normal. Incluso bañarse en el mar a los 8 días no representa ningún problema”, asegura la Dra. Mancinelli.
Cejas, barba y más allá: nuevas tendencias en restauración capilar
El trasplante capilar ha avanzado mucho, y hoy no se limita al cuero cabelludo. La doctora explica que también se realizan procedimientos en otras zonas: “Muchos hombres consultan por trasplante de barba, y las mujeres suelen pedir restauración de cejas o densificar la línea frontal”.
También lanza una advertencia sobre las modas peligrosas: “Nos llegan pacientes con tatuajes de cejas o barba mal realizados. El pigmento puede tornarse verdoso con el tiempo, y en zonas tan visibles el efecto es muy poco natural”.
Una mirada integral, una solución para cada caso
Al cierre de la entrevista, la Dra. Mancinelli enfatiza la importancia de un diagnóstico personalizado y de abordar cada caso de manera integral. “No todos los pacientes necesitan trasplante. En muchos casos, un tratamiento bien indicado a tiempo puede evitarlo”.
Además, destaca la importancia del acompañamiento emocional: “La pérdida de cabello no es solo un problema médico. Afecta la autoestima, la vida social y emocional de las personas. Por eso, más que tratar un síntoma, buscamos acompañar a cada paciente en su proceso de recuperación”.



