La familia del hombre fallecido tras recibir una paliza en un bar de Estepona a principios de diciembre, ha recurrido la libertad provisional decretada por el juez para el acusado, que habría actuado de esta forma ante un supuesto acoso a su hija por parte del agredido. El magistrado decretó inicialmente la libertad provisional del agresor, manteniendo la acusación de homicidio imprudente, entendiendo que su intención no fue matar a la víctima.
Sin embargo el abogado de la familia del fallecido, Marcos García Montes, ha recurrido esta medida y ha pedido que se tome declaración a testigos y familiares del fallecido, para tratar de probar que se trata de un homicidio simple o incluso agravado, en lugar de imprudente.
Los hechos ocurrieron a las 12.30 horas del sábado 4 de diciembre, cuando el encausado se encontró al salir de trabajar con el supuesto acosador, que tomaba café en un bar de Estepona. Al parecer, el investigado le hizo un comentario y se produjo un rifirrafe en el que la víctima -a la postre fallecido- acabó en el suelo.
El agresor, según informó la Policía, le propinó varias patadas en el costado. En el momento del ataque, el hombre calzaba unas botas reforzadas con punta de acero, negando que se las hubiera calzado con el fin de cometer la agresión, puesto que «forman parte de su uniforme de trabajo».
Según testigos, mientras golpeaba al perjudicado, el agresor hizo alusión al supuesto acoso sufrido por su hija. Finalmente, unos clientes se interpusieron en el ataque y lograron separarlos, de manera que ambas partes abandonaron la cafetería por separado y por su propio pie. El agredido fue al médico, donde sólo apreciaron unas contusiones.
Un día después, el agredido comenzó a encontrarse mal y su pareja llamó a una ambulancia. Mientras era asistido entró en parada cardiorrespiratoria, ingresando en estado crítico en la UCI del Hospital Costa del Sol, y falleciendo en el quirófano cuando era intervenido del bazo.
Tras la denuncia de la pareja del finado, la comisaría de la Policía Nacional en Estepona abrió la investigación que desembocó en la detención del presunto autor, que reconoció en todo momento la agresión.
Los hechos se enmarcaron en el supuesto acoso sufrido por la hija del agresor. Esa situación habría comenzado cuando era menor de edad. Concretamente, tenía 15 años y él, 53. Eran vecinos y a sus familias las unía una estrecha amistad, de ahí que él tuviera el número de móvil de la adolescente y se intercambiaran mensajes con normalidad.
En un momento determinado, la menor contó a sus padres que el vecino se le insinuaba y parecía estar enamorado de ella, a juzgar por los mensajes, aunque cuando la adolescente se lo reprochaba, dentro de la conversación, él zanjaba el tema alegando que sólo bromeaba.
El asunto derivó en una denuncia por acoso sexual presentada por los padres de la menor en junio del año 2017, tras lo cual las familias perdieron el contacto. Sin embargo, recientemente la joven, que ahora tiene 20 años, se encontró casualmente por la calle con el supuesto acusador y contó a su familia que se le había vuelto a insinuar reproduciendo verbalmente los mensajes anteriores, lo que desembocó en la agresión mortal.
El abogado Marcos García Montes recuerda que la Policía no observó indicios de delito en los mensajes de whatsapp intercambiados entre el presunto acosador y la joven, y que nunca hubo un proceso judicial por un supuesto abuso. El letrado añade que la familia se encuentra «dolida por el tratamiento que los medios de comunicación han dado al caso«.



