Miedo al miedo

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Por J. López-Ibor

En el mundo de las emociones, el miedo es rey. Impera sobre todas las demás, es la
primera y la más antigua de nuestras reacciones. Sin embargo, es también la más
estigmatizada. ¿Quién se atrevería a cuestionar que el miedo es definitivamente malo?
Nada más lejos de la realidad; El miedo es protección, es una defensa frente al riesgo,
es la fortaleza en la adversidad.
Desde un punto fisiológico el miedo reside en la parte más profunda y antigua, en lo
que conocemos como cerebro reptiliano, encargado de las funciones básicas de
supervivencia como comer o respirar y en el sistema límbico, donde se regulan las
respuestas de lucha, huida y evitación del dolor; Cuando estas estructuras se activan,
producen respuestas inmediatas en el organismo, aumenta la presión arterial, y la
actividad cerebral. Pensamos más rápido, respondemos más fuerte.

Pero, ¿Qué nos produce miedo? En mi consulta diaria observo a los enfermos y a sus
familiares aterrados; Están padeciendo una situación extraña, virulenta y dañina. La
enfermedad mental es definitivamente una experiencia aterradora
. Tras escuchar y
conocer los padecimientos de las personas dispongo de un instante; Puedo ayudar.
Comienzo explicando los mecanismos cerebrales y neuroquímicos que subyacen a la
enfermedad; Explico que estos cambios fisiológicos producen un espejo en nuestra
actividad mental, en el contenido de nuestras ideas y que esta situación de gran
excepcionalidad que están padeciendo es controlable, reversible, se cura.
Comprenden que son enfermedades que sufrimos en todas las familias, casi siempre
en silencio. Entonces, la calma se apodera de la habitación y no por el hecho de que lo
que me sucede también le sucede a los demás nos pueda reconformar, si no por la
sensación de control.

El COVID19 nos esta atacando con fuerza, no lo vimos venir, nos sorprendió y golpeo
en el flanco más débil. El pánico se apodera de nosotros como individuos y mucho más
fácilmente como sociedad. Nos contagiamos de terror y ansiedad; Nuestra mente nos
lleva a los peores escenarios. El miedo galopa a sus anchas sobre dos caballos con
nombre propio: Incertidumbre y falta control. Es contra ellos donde debemos arremeter
con certera inteligencia. Es posible vencer lo desconocido en nuestro tiempo, debemos
estudiar la situación, contrastar los datos, conocer que nuestro sufrimiento, es el
sufrimiento de todos, que estamos aislados, pero no solos.
Controlamos nuestro entorno, tomamos la decisión firme de vencer esta enfermedad,
afrontamos estas semanas de cautividad, no porque nos obliguen, si no, porque lo
elegimos, como aquellos pioneros que cruzaban el atlántico en tiempos pasados hacia
un nuevo mundo.