Manolo se despide del Sinatra tras 46 años siendo parte del alma de Puerto Banús

«Había ganas, pero también tristeza, porque esto era como una gran familia», confesó emocionado en su despedida

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Puerto Banús despide a uno de sus grandes emblemas. Tras 46 años de servicio, Manolo, el alma del icónico bar Sinatra, cuelga el mandil y se retira dejando atrás una historia repleta de anécdotas, amistades y recuerdos imborrables. «Había ganas, pero también tristeza, porque esto era como una gran familia«, confiesa emocionado en su despedida.

Llegó siendo un joven estudiante en busca de un trabajo de verano y acabó convirtiéndose en el corazón del establecimiento. «Tuve la suerte maravillosa de que me aceptaron, y aquí me quedé». Desde entonces, ha sido testigo de la evolución de Puerto Banús y de cómo esta exclusiva zona de Marbella pasó de ser refugio de la élite clásica a un destino cosmopolita y diverso.

En su barra se han servido generaciones enteras de clientes. «He llegado a atender a cuatro generaciones de la misma familia, de diferentes países«, recuerda con orgullo. Famosos, empresarios, turistas y vecinos han pasado por Sinatra en estas décadas, y todos coinciden en lo mismo: Manolo era más que un camarero, era el alma del local.

El legendario bar, fundado por dos hermanos italianos con una visión adelantada a su tiempo, ha sido testigo de cambios sociales y culturales que han marcado a Marbella. La música también jugó un papel clave en su historia: «Teníamos las últimas canciones antes que nadie, gracias a un contacto en Londres», cuenta Manolo. Sinatra fue pionero en tendencias y en ofrecer una atmósfera irrepetible, siempre de la mano de este veterano de la hostelería.

Su despedida no podía ser de otra forma que con una gran fiesta, en la que amigos y clientes rindieron homenaje a décadas de dedicación. «Todo el mundo sacó lo mejor de sí mismo«, dice con emoción. Incluso se diseñaron camisetas con su nombre en lugar del del bar, un gesto que refleja el cariño y reconocimiento que ha cosechado durante todos estos años.

Ahora, tras cerrar este capítulo, Manolo se toma su tiempo para descansar y reencontrarse con viejas amistades. Pero su legado en el Sinatra y en Puerto Banús permanecerá imborrable. «Animo a todo el mundo a seguir viniendo, el ambiente sigue siendo estupendo», dice con una sonrisa.

Puerto Banús pierde a uno de sus grandes iconos, pero su historia permanecerá viva en cada rincón del Sinatra, donde su esencia seguirá presente en cada brindis, cada charla y cada noche inolvidable.