Más de cuatro décadas después de convertirse en el primer restaurante de la Costa del Sol con una Estrella Michelin, La Fonda vuelve a brillar como un referente gastronómico en Andalucía. Este exclusivo hotel boutique, distinguido con el sello de Relais & Châteaux, recupera su esplendor de la mano del chef Jorge González Carmona, quien apuesta por el respeto al producto local y de temporada para combinar tradición y creatividad en cada plato.

Un viaje gastronómico con sello andaluz y mediterráneo
Con una trayectoria consolidada en el Hotel Ritz de Madrid y en Robuchon, González Carmona ha llegado a Marbella con el objetivo de devolverle a La Fonda su prestigio en la escena culinaria internacional.
«Nuestro objetivo es rendir homenaje a la historia del restaurante con una propuesta renovada y contemporánea. Trabajamos exclusivamente con ingredientes locales, de la mejor calidad y de temporada, por lo que nuestra carta evoluciona constantemente. Creemos que el verdadero lujo radica en la excelencia del producto y en el respeto por su origen», afirma el chef.

Entre las creaciones gastronómicas que definen el sello de La Fonda destacan el pichón en dos cocciones con crema de maíz y salsa de endivia roja, el tataki de lomo de buey sobre setas de temporada con salsa de soja agridulce, y las vieiras a la plancha con trufa negra y falso risotto con crema de queso payoyo.
Un restaurante, tres espacios exclusivos y una experiencia sensorial

Ubicado en un edificio con siglos de historia, La Fonda ofrece cenas de martes a sábado, con un ticket medio de 80 euros y música en vivo. Su propuesta gastronómica se articula en tres espacios diferenciados, diseñados para ofrecer una experiencia culinaria inigualable:
- Restaurante La Fonda: el epicentro del lujo gastronómico, donde se pueden degustar platos como la suprema de corvina en salsa verde con tagliatelle de calamar y calabacín, el carpaccio de carabineros con aceite de su coral y teja de sésamo, o el chuletón de vaca frisona.
- Los Patios: un espectacular patio interior cargado de historia, ideal para cenas al aire libre con el encanto del casco antiguo.
- La Ermita: un espacio mágico que formaba parte de la antigua ermita de San Sebastián del siglo XVI.
«Queremos que cada visita a La Fonda sea una experiencia que trascienda la gastronomía. Es un viaje sensorial en un entorno con alma y con una historia que merece ser contada a través de cada plato», comenta Cristina Paraja, directora de operaciones del complejo.

El Skybar y La Bodega de La Fonda: dos experiencias complementarias
Para quienes buscan una experiencia aún más exclusiva, La Fonda también ofrece dos espacios complementarios:
- Skybar de La Fonda: ubicado en la azotea del hotel, este espacio ofrece una de las mejores vistas del Casco Antiguo de Marbella. Un entorno elegante y relajado donde disfrutar de cócteles de autor mientras el sol se oculta sobre la ciudad.
- La Bodega de La Fonda: situada en la pintoresca Plaza del Santo Cristo, rinde homenaje a la cocina tradicional con tapas y platos caseros como la tortilla de patatas, las croquetas melosas, las albóndigas en su jugo, la ensaladilla rusa o los huevos rotos con jamón ibérico y gulas. Un rincón perfecto para un almuerzo desenfadado y de calidad.
La Fonda Heritage Hotel: un refugio boutique con historia
El renacer de La Fonda no solo es gastronómico. Su edificio ha sido objeto de una restauración integral que ha sacado a la luz importantes hallazgos arqueológicos, desde talleres nazaríes del siglo XIV hasta un camarín del siglo XVIII con frescos originales.
«La restauración de La Fonda no es solo la recuperación de un hotel, sino la devolución de un pedazo de historia a Marbella. Es revivir su esencia, honrar su legado y compartirlo con quienes buscan una experiencia única y auténtica», señala Carmine Sacco, director general del hotel.
Este exclusivo hotel boutique cuenta con 20 habitaciones únicas, cada una con su propio carácter y encanto. Algunas disponen de amplias terrazas, otras de balcones tradicionales con vistas a la Plaza del Santo Cristo, y algunas se encuentran en lo más alto de los tejados del casco antiguo, ofreciendo una perspectiva privilegiada de Marbella.



