La Comisión Europea ultima un ambicioso proyecto de rearme europeo que busca responder a los desafíos geopolíticos actuales, marcados por la guerra en Ucrania y el reciente giro en la política de Estados Unidos bajo el liderazgo de Donald Trump. Con un presupuesto inicial estimado en al menos 100.000 millones de euros, este plan pretende fortalecer la defensa conjunta de la Unión Europea (UE) frente a un escenario internacional de máxima tensión, según han informado fuentes comunitarias. La propuesta se debatirá este jueves en una cumbre urgente de los jefes de Estado y Gobierno en Bruselas, en un momento en el que Europa busca reducir su dependencia del paraguas de seguridad estadounidense.
El plan contempla varias fórmulas financieras para alcanzar sus objetivos. Una de las principales opciones es la emisión de deuda común, que podría financiar proyectos estratégicos y compras conjuntas de material militar, utilizando el margen presupuestario no ejecutado del fondo Next Generation, creado durante la pandemia. Asimismo, se plantea reorientar fondos de cohesión no utilizados hacia iniciativas de investigación, desarrollo y movilidad militar, aunque estos no puedan destinarse directamente a la adquisición de armamento. Otra medida en estudio es habilitar líneas de crédito del Banco Europeo de Inversiones (BEI) para fines defensivos, complementadas con el Fondo Europeo de Defensa. Además, Bruselas ya ha activado la cláusula de escape del pacto de estabilidad, permitiendo que el gasto militar de los países miembros no compute como deuda en las evaluaciones fiscales de la UE.
La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ha abogado por adoptar una “mentalidad de urgencia” ante la magnitud de los retos. Este martes enviará una carta a los líderes europeos detallando las propuestas, que incluyen la posibilidad de crear un nuevo fondo intergubernamental o emitir eurobonos, similares a los utilizados durante la crisis del covid-19. Sin embargo, las decisiones dependerán del consenso entre los 27 países miembros y de la postura del futuro canciller alemán, Friedrich Merz, cuya coalición negocia un fondo especial de casi un billón de euros para defensa e infraestructura en Alemania.
La necesidad de este esfuerzo conjunto se estima en 500.000 millones de euros adicionales en la próxima década, según Von der Leyen, aunque el presidente francés, Emmanuel Macron, propone una inversión más inmediata de 200.000 millones. Macron también ha sugerido emplear el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), con una capacidad de hasta 400.000 millones, aunque su uso requeriría reformas complejas. Mientras, países como Francia apoyan la deuda común, otros como Países Bajos se oponen, aunque naciones tradicionalmente austeras, como los nórdicos, ven con buenos ojos el incremento del gasto militar.
Entre 2021 y 2024, el gasto en defensa de la UE creció un 30%, alcanzando los 326.000 millones de euros (1,9% del PIB comunitario). Sin embargo, persisten disparidades: mientras Polonia supera el 4% de su PIB, España no alcanza el 2% acordado en la OTAN. Con el apoyo a Ucrania y la presión de Trump como catalizadores, la UE se prepara para romper tabúes históricos y avanzar hacia una defensa más integrada.
La Comisión Europea ultima un ambicioso proyecto de rearme europeo que busca responder a los desafíos geopolíticos actuales, marcados por la guerra en Ucrania y el reciente giro en la política de Estados Unidos bajo el liderazgo de Donald Trump. Con un presupuesto inicial estimado en al menos 100.000 millones de euros, este plan pretende fortalecer la defensa conjunta de la Unión Europea (UE) frente a un escenario internacional de máxima tensión, según han informado fuentes comunitarias. La propuesta se debatirá este jueves en una cumbre urgente de los jefes de Estado y Gobierno en Bruselas, en un momento en el que Europa busca reducir su dependencia del paraguas de seguridad estadounidense.
El plan contempla varias fórmulas financieras para alcanzar sus objetivos. Una de las principales opciones es la emisión de deuda común, que podría financiar proyectos estratégicos y compras conjuntas de material militar, utilizando el margen presupuestario no ejecutado del fondo Next Generation, creado durante la pandemia. Asimismo, se plantea reorientar fondos de cohesión no utilizados hacia iniciativas de investigación, desarrollo y movilidad militar, aunque estos no puedan destinarse directamente a la adquisición de armamento. Otra medida en estudio es habilitar líneas de crédito del Banco Europeo de Inversiones (BEI) para fines defensivos, complementadas con el Fondo Europeo de Defensa. Además, Bruselas ya ha activado la cláusula de escape del pacto de estabilidad, permitiendo que el gasto militar de los países miembros no compute como deuda en las evaluaciones fiscales de la UE.
La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ha abogado por adoptar una “mentalidad de urgencia” ante la magnitud de los retos. Este martes enviará una carta a los líderes europeos detallando las propuestas, que incluyen la posibilidad de crear un nuevo fondo intergubernamental o emitir eurobonos, similares a los utilizados durante la crisis del covid-19. Sin embargo, las decisiones dependerán del consenso entre los 27 países miembros y de la postura del futuro canciller alemán, Friedrich Merz, cuya coalición negocia un fondo especial de casi un billón de euros para defensa e infraestructura en Alemania.
La necesidad de este esfuerzo conjunto se estima en 500.000 millones de euros adicionales en la próxima década, según Von der Leyen, aunque el presidente francés, Emmanuel Macron, propone una inversión más inmediata de 200.000 millones. Macron también ha sugerido emplear el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), con una capacidad de hasta 400.000 millones, aunque su uso requeriría reformas complejas. Mientras, países como Francia apoyan la deuda común, otros como Países Bajos se oponen, aunque naciones tradicionalmente austeras, como los nórdicos, ven con buenos ojos el incremento del gasto militar.
Entre 2021 y 2024, el gasto en defensa de la UE creció un 30%, alcanzando los 326.000 millones de euros (1,9% del PIB comunitario). Sin embargo, persisten disparidades: mientras Polonia supera el 4% de su PIB, España no alcanza el 2% acordado en la OTAN. Con el apoyo a Ucrania y la presión de Trump como catalizadores, la UE se prepara para romper tabúes históricos y avanzar hacia una defensa más integrada.



