Andalucía no tiene prisa, pero Juanma Moreno quizá sí. A falta de más de un año para agotar legislatura, en los pasillos del Palacio de San Telmo ya se baraja, con voz baja pero calculadora en mano, un escenario que podría agitar la política española antes de que acabe 2025: adelanto electoral en Andalucía. ¿Ficción? Un poco. ¿Confirmación? En absoluto. Es solo eso que en la jerga de los cuartos de estrategia se llama “escenario plausible”. Y este lo es… y mucho.
Moreno Bonilla gobierna con mayoría absoluta desde 2022, en una comunidad históricamente esquiva para el PP. Ha logrado construir una imagen de gestión tranquila, moderada, amable. Pero en política, la estabilidad no solo es para conservar: también se usa para golpear. Porque en este juego, y como dije sobre la moción de censura de Manilva, quien decide el tiempo tiene media campaña ganada.
El contexto no puede ser más tentador para el PP andaluz. Las encuestas consolidan a Moreno en el liderazgo. El PSOE no despega. Las izquierdas, rotas en tres (como mínimo): Sumar, Podemos e IU (que buena película es La Vida de Brian) compiten más entre ellas que contra el adversario común. Un panorama que recuerda más a un arroz con cosas que te haces un domingo de resaca con lo poco que te queda en la nevera que a una alternativa de poder. Y en esa fragmentación hay una oportunidad: repetir mayoría absoluta sin despeinarse.
El escenario de adelanto se dibuja con tinta estratégica. Sería a finales de este 2025. ¿Por qué entonces? Porque permite aprovechar la inercia nacional del PP, reforzar la figura de Feijóo desde el sur y colocar a Sánchez contra las cuerdas justo cuando más necesita tiempo. Si el PSOE andaluz cae de nuevo, el golpe salpica a Moncloa. Y cuando tu federación más potente no remonta, la presión interna puede volverse insoportable.
Además, hay un cálculo de espejo retrovisor: cuanto más se acerca el verano de 2026, más probable es que desde el Gobierno central se intenten medidas de alto impacto social que puedan mover voto en Andalucía. Y más calor, literal, hace en campaña. Porque no es broma: quien ha pateado la comunidad andaluza en julio sabe que hasta el aire acondicionado es estrategia electoral.
En Ferraz, según fuentes recogidas por El Correo de Andalucía, ya se empieza a trabajar como si el adelanto fuera real. Se habla de movilizar figuras clave del partido en apoyo a María Jesús Montero. Se teme una doble jugada: que el PP andaluz golpee primero y que en la onda expansiva se refuerce la idea de un ciclo político que ya ha cambiado en España.
Porque si el PP gana otra vez por goleada en Andalucía, será casi imposible disociar esa victoria del proyecto nacional de Feijóo. Más aún: Juanma Moreno, el barón que siempre dice no estar en las quinielas, empezaría a estarlo. Y eso no se le escapa a nadie.
Ahora bien, este es solo un escenario. Ni hay fecha, ni hay anuncio. Pero en política, los escenarios no se lanzan para adivinar el futuro: se lanzan para prepararlo. Prever es tan importante como convencer. Y por eso este debate ya se mueve en los círculos internos de todos los partidos, aunque en público se repita que “no toca.”
El mayor riesgo de un adelanto, como siempre, es que la jugada no salga. Que la izquierda, por una vez, se coordine. Que los votantes castiguen el oportunismo. O que, simplemente, el desgaste de la gestión emerja con más fuerza de lo esperado. Pero los estrategas del PP, créanme, no son aficionados, saben lo que se hacen, si creen tener una ventana de oportunidad no la van a dejar pasar. Porque en política esas ventanas no se abren dos veces.
El posible adelanto en Andalucía no es una locura ni un capricho. Es un movimiento medido y diseñado para pillar desmovilizada a una izquierda que aún no ha resuelto sus fracturas. Y para enviar un mensaje nítido: el PP no solo gobierna, también marca los tiempos. ¿Se materializará este adelanto? Solo el tiempo lo dirá, pero a día de hoy, los beneficios de adelantar las elecciones parecen mucho mayores para el PP que los de esperar hasta el final de la legislatura.



