Hablar del Pasaje Begoña es hablar de una de las páginas más importantes de la historia contemporánea de Torremolinos, de la Costa del Sol y de los derechos LGTBI en España. Mucho antes de que la diversidad sexual y de género comenzara a encontrar reconocimiento legal y social, este pequeño rincón del municipio malagueño ya se había convertido en un símbolo internacional de libertad, convivencia y respeto.
La historia comienza a escribirse décadas atrás, cuando los primeros turistas que llegaron a Torremolinos durante el siglo XX descubrieron algo más que sol y playa. Encontraron una localidad abierta al mundo, acogedora y cosmopolita, donde se respiraba una libertad poco habitual para la época. Aquellos pioneros quedaron fascinados por la hospitalidad de sus gentes y por una atmósfera que acabaría convirtiendo a Torremolinos en un referente turístico internacional.
Pero fue a partir de los últimos meses de 1962 cuando el Pasaje Begoña comenzó a construir su propia leyenda. En torno a este enclave empezaron a abrirse algunos de los primeros locales frecuentados por personas LGTBI de toda España. En plena dictadura franquista, cuando la homosexualidad era perseguida y castigada, el Pasaje Begoña ofrecía algo extraordinario: la posibilidad de ser uno mismo sin miedo.
Una isla de libertad en plena dictadura
En pocos años se transformó en un referente absoluto de libertad y respeto a la diversidad afectivo-sexual. Personas anónimas de todas las clases sociales convivían con naturalidad en un ambiente que muchos testigos de la época recuerdan como único en el mundo. El Pasaje Begoña llegó a ser conocido como una auténtica “isla de libertad” en medio de una España marcada por la represión.
Su fama traspasó fronteras. Por sus locales y calles pasaron miles de visitantes llegados de distintos países, pero también figuras internacionales de enorme relevancia. Entre los nombres asociados a aquella época figuran John Lennon, Brian Epstein, la cantante y pianista de jazz Pia Beck, la artista francesa Coccinelle, Amanda Lear, Helmut Berger, Luciana Paluzzi, Grace Jones y celebridades españolas como Sara Montiel o Massiel, entre muchas otras personalidades del cine, la música, la cultura y la sociedad internacional.
Durante los años 60 y principios de los 70, Torremolinos era uno de los destinos turísticos más prestigiosos del mundo. Su atractivo no residía únicamente en sus playas, hoteles y vida nocturna. La ciudad representaba una imagen de modernidad, diversidad y vanguardia que atraía a visitantes de todos los continentes. El Pasaje Begoña era el máximo exponente de ese espíritu.
La gran redada que cambió Torremolinos
Sin embargo, aquella etapa dorada sufrió un golpe que marcaría para siempre la historia del municipio. El 24 de junio de 1971 tuvo lugar la conocida como “Gran Redada”. Ese día, la policía del régimen franquista irrumpió en el Pasaje Begoña y sus alrededores en una operación ordenada por el entonces gobernador civil de Málaga, Víctor Arroyo.
La actuación se saldó con más de 300 personas identificadas y 114 detenidas. Muchas fueron arrestadas por ser consideradas “peligrosos sociales” en aplicación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, una normativa que perseguía la homosexualidad y contemplaba incluso penas de prisión. Algunas personas fueron encarceladas y otras, especialmente extranjeras, deportadas.
Además de las detenciones, a todas las personas identificadas se les abrió un expediente policial y fueron advertidas de que quedarían bajo vigilancia de las autoridades. La redada tuvo consecuencias devastadoras. Numerosos locales fueron sancionados y clausurados, muchos de ellos de forma definitiva. Para una parte del colectivo LGTBI supuso volver a la clandestinidad y al miedo.
El impacto fue tan profundo que todavía hoy muchos historiadores, activistas y testigos consideran que aquella intervención marcó el inicio de la decadencia turística de Torremolinos durante varios años. La brutalidad de la operación tuvo repercusión internacional y generó una enorme conmoción fuera de España.
Del olvido al reconocimiento internacional
Lejos de desaparecer, el recuerdo del Pasaje Begoña se transformó con el tiempo en un símbolo de resistencia, memoria y reivindicación. Lo que en 1971 parecía el final de aquel espacio de libertad acabó convirtiéndose en una referencia histórica para las generaciones posteriores.
Ese reconocimiento ha llegado también a nivel institucional. El Congreso de los Diputados y el Parlamento de Andalucía han reconocido al Pasaje Begoña como la Cuna de los Derechos y Libertades LGTBI en España. Asimismo, el enclave está considerado Lugar de Memoria Histórica y fue declarado Lugar de Interés Turístico de Andalucía mediante una orden publicada en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía el 1 de diciembre de 2020.
Su importancia ha trascendido incluso el ámbito nacional. En junio de 2019, durante los actos del WorldPride celebrados en Nueva York, la Asociación Pasaje Begoña formalizó un hermanamiento con la Stonewall Inn Foundation, vinculando simbólicamente la historia de Torremolinos con el emblemático local neoyorquino considerado el origen del movimiento moderno de liberación LGTBI. Posteriormente, en 2021, también se firmó un acuerdo de hermanamiento con la onePULSE Foundation de Orlando, en Florida.
Actualmente, tanto el Pasaje Begoña como Stonewall Inn y Pulse forman parte de la Coalición Internacional de Sitios de Conciencia, una red mundial de espacios dedicados a preservar la memoria histórica y promover los derechos humanos.
Más de medio siglo después de la Gran Redada, el Pasaje Begoña continúa siendo uno de los símbolos más poderosos de la historia de Torremolinos. Un lugar donde miles de personas encontraron libertad cuando casi nadie la ofrecía y que hoy permanece como testimonio de una lucha que contribuyó a cambiar la sociedad española para siempre.



