El tatami que lo vio crecer será, en cierto modo, testigo de su despedida. Damián Hugo Quintero Capdevila, el karateka que convirtió a Torremolinos en sinónimo de excelencia deportiva, ha anunciado su retirada. Lo ha hecho con un vídeo publicado en su Instagram y un texto breve: “Querido kárate, es hora de decirte adiós. Pero antes, nos queda un último baile”, a lo Michael Jordan y sus Bulls del 98.
Su the last dance será en El Cairo, a finales de noviembre, durante los Campeonatos del Mundo, donde el malagueño cerrará una trayectoria irrepetible: más de 130 medallas internacionales, un subcampeonato olímpico en Tokio 2020, dos títulos mundiales y trece europeos. Cifras que resumen una vida entera dedicada a un deporte que le cambió el destino.
De un pequeño gimnasio en Torremolinos al podio olímpico
Nacido en Buenos Aires en 1984, Damián llegó a España con apenas cinco años. Poco después, con siete, descubrió el kárate en un pequeño gimnasio de Torremolinos, donde comenzó a entrenar casi por casualidad. A los ocho ya ganaba su primera medalla, sin saber que aquel sería el inicio de una historia que inspiraría a generaciones de deportistas.
Su talento lo llevó a integrarse en 2002 en el Centro de Alto Rendimiento del Consejo Superior de Deportes, bajo la dirección de Miguel Ángel López, con la Real Federación Española de Kárate. Desde entonces, su nombre empezó a sonar con fuerza en los grandes campeonatos.
En 2014 se proclamó campeón del mundo en Bremen. En Tokio 2020 alcanzó la cima mediática al conquistar la medalla de plata olímpica en la modalidad de kata. Pero más allá de los títulos, su carrera ha estado marcada por la disciplina, el esfuerzo y una humildad que nunca perdió, incluso cuando se convirtió en el referente mundial del kárate español.
Un legado que trasciende el tatami
El palmarés de Quintero impresiona por su constancia:
- 7 medallas mundiales entre 2010 y 2023.
- 24 medallas europeas, de las cuales 13 son de oro.
- Tres oros en los Juegos Europeos (Bakú 2015, Minsk 2019 y Cracovia 2023).
- Dos platas en los Juegos Mundiales (2017 y 2022).
Además, es ingeniero aeronáutico por la Universidad Politécnica de Madrid, una faceta que demuestra que su rigor y perfeccionismo van más allá del deporte.
“Te convertiste en lo más importante del mundo”
En su mensaje de despedida, Damián reflexiona sobre lo que el kárate ha significado en su vida: “Te convertiste en lo más importante del mundo para aquel niño de seis años que te descubrió al salir del colegio. Y cambiaste su vida”. Palabras que condensan el vínculo emocional con una disciplina que lo ha acompañado durante más de veinte años.
También quiso dejar claro que su retirada no es una renuncia, sino una forma de cerrar el círculo: “Aún nos queda una última parada… Te he dado todo lo que tenía siempre y esta vez no será menos”.
El orgullo de Torremolinos
La alcaldesa de Torremolinos, Margarita del Cid, le dedicó unas palabras en redes sociales: “Gracias por todo lo que has aportado al deporte, al kárate y por llevar el nombre de Torremolinos por todo el mundo”. Y añadió un deseo que resume el sentir de todo un municipio: “¡El Cairo te espera, donde volverás a dar lo mejor de ti mismo!”.
No es casual que su carrera esté tan vinculada al municipio. Torremolinos fue su primer tatami, el lugar donde aprendió la importancia del respeto, la constancia y la superación. Hoy, su historia forma parte del patrimonio deportivo local, junto a otros grandes nombres que han llevado el nombre del pueblo por el mundo.
Un adiós con futuro
Después de su paso por Supervivientes 2025, donde mostró una faceta más cercana y humana, Damián encara su retirada con serenidad. En su mensaje final, deja entrever que la pasión y el espíritu competitivo seguirán guiando su camino, aunque lejos de los tatamis.
“Nos vemos dentro de poco para nuestro último baile”, escribió. Una frase que suena más a promesa que a despedida. Porque, en realidad, el legado de Damián Quintero ya no pertenece solo al kárate: pertenece a Torremolinos y a toda una generación que aprendió de él que el éxito no se mide en medallas, sino en constancia.



