Joseph Johannes Leijdekkers, más conocido como ‘Bolle Jos’, es hoy uno de los narcotraficantes más buscados del continente europeo. Nacido en Breda (Países Bajos) en 1991, su trayectoria criminal ha trascendido fronteras y alcanza niveles de novela negra: traficante de cocaína a escala mundial, implicado en torturas, homicidios, corrupción política y lavado de oro, con episodios que van desde Puerto Banús hasta los pasillos del poder en Sierra Leona.
Con tan solo 33 años, Leijdekkers ha acumulado múltiples condenas por su implicación directa en el tráfico internacional de drogas, el uso de violencia extrema, robos armados, blanqueo de capitales y hasta la desaparición de personas. Actualmente, se encuentra condenado en firme a 24 años de prisión en los Países Bajos y 13 años en Bélgica, y la Interpol lo busca activamente en 193 países. Por ello, las autoridades neerlandesas ofrecen una recompensa de 200.000 euros por cualquier pista que permita su arresto.
De Prinsenbeek a Puerto Banús: los orígenes del narco que movía millones
Hijo de un conocido burdelero de Breda, Leijdekkers creció en Prinsenbeek, acumulando incidentes con la justicia desde temprana edad. Su padre, vinculado al narcotráfico, le dejó como herencia una red de contactos en los puertos de Rotterdam y Amberes, que el joven ‘Bolle Jos’ supo ampliar. Muy pronto, se convirtió en un intermediario clave en el comercio de cocaína procedente de América Latina, operando desde España, Turquía y Dubái, y asociándose con nombres como Ridouan Taghi o ‘Piet Costa’.
En la Costa del Sol, donde residió en un apartamento de lujo en Puerto Banús entre 2015 y 2016, consolidó alianzas estratégicas con otros capos europeos y sudamericanos. La policía neerlandesa lo sitúa en ese entorno mientras organizaba las primeras grandes operaciones. Según diversas fuentes, allí habría iniciado su ascenso como broker global de la droga.
Una red de violencia, oro y cocaína
Los detalles judiciales son escalofriantes: entre 2019 y 2020, Leijdekkers movió más de 7.000 kilos de cocaína a través de los puertos de Rotterdam y Amberes, logrando beneficios que oscilaban entre 70 y 170 millones de euros mensuales. Su grupo utilizaba funcionarios corruptos, narcosubmarinos y hasta jets privados para sus operaciones. También ha sido condenado por el asalto a un transportista en Finlandia que sin saberlo llevaba droga escondida, y por haber ordenado una ejecución en 2020.
Está vinculado también con la desaparición y presunto asesinato de Naima Jillal, conocida traficante marroquí vinculada a clanes de Puerto Banús y Estepona. Desaparecida en Ámsterdam en 2019, imágenes encontradas en móviles incautados muestran a una mujer torturada, atada a una silla y con signos de mutilación. Las autoridades creen que se trata de Jillal y que Leijdekkers participó directamente en su asesinato.
Aliado con la élite de Sierra Leona: protegido por el poder africano
En enero de 2025, la policía neerlandesa lo identificó en Sierra Leona, en un vídeo publicado por Fatima Bio, esposa del presidente Julius Maada Bio. En la grabación aparece sentado junto a Agnes Bio, hija del mandatario, con quien mantendría una relación sentimental. Esto ha desatado un escándalo diplomático, ya que Leijdekkers está protegido por militares, dispone de pistas de aterrizaje propias y convoyes oficiales.
Sierra Leona se ha convertido, según fuentes de inteligencia europeas, en una de las nuevas rutas del narcotráfico internacional, y Leijdekkers es uno de sus actores principales. Desde ese país africano parten embarques de cocaína camuflada en mercancías legales con destino a Europa. La corrupción alcanza niveles tan graves que incluso se ha interceptado un vehículo diplomático cargado con siete maletas de droga y más de 100.000 dólares en efectivo. ¿El conductor? El chofer del embajador sierraleonés en Guinea.
Recompensa de 200.000 euros: el cerco se estrecha
Pese a la sofisticación de su red y el respaldo político, la justicia neerlandesa no cesa en su persecución. Desde mayo de 2022, Leijdekkers figura en la lista de los más buscados de Europa, y en febrero de 2025 se actualizó su ficha con nuevas fotografías y un retrato robot. Se ha comprobado que su apariencia física ha cambiado, y que ha utilizado documentación falsa y distintas identidades para huir de la justicia.
Las autoridades insisten: no debe ser abordado por particulares, ya que se considera altamente peligroso. Sin embargo, si alguien conoce su paradero exacto, puede colaborar de forma anónima y acceder a una recompensa de 200.000 euros, pagadera tras su detención.
Una figura clave del crimen organizado europeo
Leijdekkers no es un delincuente cualquiera. Su historial lo posiciona como uno de los máximos exponentes de la nueva criminalidad globalizada, esa que combina ultraviolencia, operaciones financieras complejas, contactos diplomáticos y una vida de lujos y sobornos. Su caso revela la fragilidad de las fronteras y la vulnerabilidad institucional frente a un crimen organizado que actúa como una multinacional del terror.
El cerco se estrecha. La pregunta es: ¿cuánto tiempo más podrá escapar ‘Bolle Jos’?



