Viajar este verano podría ser más complicado y caro de lo esperado. Las principales aerolíneas europeas han comenzado a ajustar su operativa ante el fuerte aumento del precio del combustible, una situación derivada del conflicto en Irán que ya está teniendo consecuencias directas en el sector aéreo.
Según recogen El Economista y Onda Cero, el coste del queroseno se ha disparado en apenas un mes, pasando de 99 a 195 dólares por barril. Este incremento ha obligado a compañías como Lufthansa o KLM a tomar decisiones drásticas. La aerolínea alemana ha optado por cerrar su filial CityLine y retirar 27 aviones, mientras que KLM ha anunciado la cancelación de 160 vuelos justo antes del inicio de la temporada alta.
Recortes, cancelaciones y subida de precios
El impacto no se limita a estas grandes compañías. Otras aerolíneas están reduciendo rutas o disminuyendo frecuencias, mientras que algunas ya han comenzado a trasladar el sobrecoste a los pasajeros. Air France ha incrementado sus recargos por combustible, y Volotea ha introducido suplementos que pueden alcanzar los 14 euros por trayecto.
Incluso las aerolíneas de bajo coste empiezan a advertir de posibles ajustes. Ryanair ha señalado que podría aplicar nuevas subidas de precios o recortar su oferta si la situación energética no mejora en las próximas semanas.
En el mercado español también se están notando las consecuencias. Iberia dejará de operar vuelos a Cuba a partir de junio, mientras que Level reducirá sus rutas de largo radio desde Barcelona. Estas decisiones reflejan una tendencia que se está extendiendo por toda Europa ante el aumento de costes.
El origen: la tensión en Oriente Medio
Detrás de este escenario se encuentra la incertidumbre energética provocada por el conflicto en Oriente Medio y las dificultades en el estrecho de Ormuz, un punto clave para el transporte mundial de petróleo. La situación está afectando directamente al suministro de combustible para la aviación.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha advertido de que Europa podría disponer de apenas seis semanas de reservas de combustible para aviones si no se normaliza el flujo, lo que podría traducirse en nuevas cancelaciones y más restricciones en el tráfico aéreo.
Ante este panorama, el sector ya asume que viajar será más caro este verano y que la oferta de vuelos podría reducirse si persiste la crisis. Organismos internacionales alertan de las posibles consecuencias de este escenario, que no solo afectaría al transporte aéreo, sino también al turismo y a la economía en general.



