No todas las historias comienzan con una victoria. Algunas lo hacen con una derrota frente a 35.000 personas, en la noche de Año Nuevo, contra una leyenda japonesa, sin apenas conocer el deporte al que acabas de saltar. Así empezó el viaje de Jleana Valentino en las artes marciales mixtas. Casi una década después, aquella mujer que debutó sin experiencia, pero con coraje, vuelve a subirse al octágono, esta vez en un escenario completamente distinto: el Starlite Festival de Marbella.
Valentino no regresa como una promesa, sino como una veterana curtida, con un pasado que habla de golpes, superación y silencios rotos. En WOW21 Marbella, el evento que está transformando el panorama del MMA en España, la luchadora italiana afincada en la Costa del Sol afronta un nuevo reto: medirse a una joven invicta que viene pisando fuerte.
Con 37 años, una enfermedad autoinmune a cuestas y una fe inquebrantable en su capacidad para resistir, Valentino representa algo más que un nombre en la cartelera. Representa el alma de este deporte: la capacidad de levantarse cuando todo empuja a rendirse. Y en este combate, frente a la sueca Hanna Palmquist, hay más en juego que un resultado.
De Japón a Marbella: una historia de reinvención
La noche del 19 de julio, cuando el cielo marbellí se encienda con las luces del Starlite Festival, el rugido no será el de una guitarra, sino el del octágono. El evento WOW21 Marbella, una de las citas más esperadas del calendario nacional de artes marciales mixtas (MMA), promete convertir la Costa del Sol en territorio de guerreros. Y entre ellos, destaca una figura con historia, con cicatrices y con hambre: Jleana Valentino.
Valentino no es una recién llegada. Tiene 37 años, es originaria de Novara (Italia) y pelea bajo los colores del Tsunami Petrosyan Team, una escuela con una sólida tradición en deportes de contacto. Su récord profesional de 2-2-0 no refleja toda la dimensión de su trayectoria. Tampoco lo hace su posición en los rankings —puesto 186 entre las luchadoras europeas libra por libra—. Lo que la define es su historia. Su carácter. Su resiliencia.
Entre la enfermedad y la fe
En 2022, su vida dio un giro inesperado. Le diagnosticaron una enfermedad autoinmune. Lejos de rendirse, convirtió el diagnóstico en motivación.
“Las primeras tres semanas de preparación para este combate fueron devastadoras. Tuve que enfrentar un tratamiento pesado, que me drenó por completo. Parecía un zombi. Pero no me rendí. Incluso cuando todo parecía escaparse de mis manos, yo seguí creyendo”, relata.
Esa capacidad para mantenerse firme cuando todo tiembla es parte de su ADN como luchadora.
“Otra persona habría abandonado. Pero yo no. Ahora me siento fuerte, presente, viva. Estoy orgullosa de mi resiliencia, y lo digo con la espalda recta”.
Un combate de generaciones
En Marbella, Valentino se medirá con la sueca Hanna “Hananimal” Palmquist, una promesa invicta del peso paja que llega con un récord de 2-0-0. Con 31 años, Palmquist forma parte del GBG MMA, uno de los equipos con mayor proyección del norte de Europa. Ocupa el puesto 55 del ranking europeo femenino libra por libra, y ya sabe lo que es pelear en WOW. “Es agresiva, dinámica, sin complejos”, advierten quienes la conocen. Tiene un estilo de pelea que combina técnica depurada con una mentalidad ganadora. Este será un duelo entre experiencia y proyección, entre la serenidad que da el camino recorrido y el hambre de quien aún tiene todo por escribir.
Técnica y estrategia: estilos en colisión
Valentino no se deja encasillar. Aunque viene del Muay Thai y el K1, asegura sentirse cómoda en todas las fases del combate: de pie, contra la jaula o en el suelo.
“El objetivo nunca es ser buena en una sola cosa, sino lograr estar presente donde sea que me lleve el combate”, afirma.
Palmquist, por su parte, intentará aprovechar su alcance y movilidad, imponiendo un ritmo alto y forzando el error. La italiana buscará cerrar espacios, reducir ángulos y llevar la pelea a su terreno.
El resultado es impredecible. Una victoria de Valentino sería una declaración de resistencia y persistencia. Un triunfo de Palmquist, la confirmación de que el relevo generacional en el MMA europeo ya está en marcha.
WOW21: más que un evento
La promotora WOW, con más de 30 eventos producidos y miles de espectadores en directo y por plataformas como Movistar+ o UFC Fight Pass, ha revolucionado la forma de entender las artes marciales mixtas en España. Su alianza con Ilia Topuria, campeón invicto de UFC, ha servido para tender un puente entre el deporte de élite y el gran público. En WOW, cada combate es una puesta en escena, una narrativa, un espectáculo.
“WOW es un evento hermosísimo que he visto nacer y crecer. Estar en el cartel de esta edición, justamente en Marbella, la ciudad en la que vivo, es como luchar en casa”, dice Valentino. La emoción es evidente: no es solo un combate, es un regreso. Un reencuentro con el público. Una reivindicación.
Mentalidad de acero
Más allá de la técnica, Valentino ha trabajado intensamente la parte mental.
“Entreno mi mente desde siempre. Tiendo a alejar todo lo que es tóxico o que me debilita. Sé quién soy. Sé cuánto valgo. Y lucho por mí misma, no por la gloria”.
Cada entrada al octágono es, para ella, una afirmación personal.
“Cada combate es un acto de fuerza y verdad”. Una forma de expresión. Un diálogo íntimo que solo se entiende desde dentro de la jaula.
Sin excusas ni fantasías
Sobre el corte de peso, otro de los desafíos clásicos en el MMA, se muestra pragmática.
“Nunca he tenido grandes problemas. En mi versión ‘gorda’ peso 55 kg. Comí bien, entrené mejor, y llego en forma”.
Cuando se le pregunta por su forma de victoria favorita, responde con serenidad:
“No soy del tipo que hace muchos planes. Con los guantes de 4 oz a veces basta un golpe. Incluso uno que no fue planeado”.
Reconocimiento a Ilia Topuria
Cierra su entrevista con un reconocimiento a Ilia Topuria, figura clave del auge del MMA español.
“Ha demostrado tener todo para convertirse en uno de los más grandes. Y lo ha hecho sin olvidarse del país que lo acogió. En lugar de irse a América como hacen muchos, ha seguido llevando la bandera española con orgullo. Eso lo respeto mucho”.
El octágono espera. En él se cruzarán pasado, presente y futuro. Y cuando suene la campana, no solo será un combate. Será una historia. Una más en la carrera de una mujer que ha hecho del dolor una fuerza y de la lucha, un hogar.



