“Toda una vida aquí y nos echan como si fuéramos basura”: los trabajadores del Senator Marbella denuncian el ERE como ilegal

Los empleados del Senator Marbella exigen convertir el ERE en un ERTE y denuncian un despido injusto

protesta trabajadores Senator Marbella Spa Hotel
Protesta de trabajadores a las puertas del Senator Marbella Spa Hotel/D. Macías
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A las puertas del Senator Marbella Spa Hotel, en plena Costa del Sol, se escucha un eco que rompe el silencio de noviembre: “No al ERE, no al ERE”. Son los propios trabajadores quienes lo gritan, algunos con la voz rota, otros con una mezcla de rabia y cansancio. Ciento siete personas se han quedado sin trabajo y, desde el pasado viernes, un grupo de ellos permanece encerrado dentro del hotel. No piensan irse hasta que se escuche su historia.

“Esto es lo que está pasando aquí”, dice Sergio, uno de los afectados, con dos décadas de servicio en el establecimiento. “Nos han echado a todos. 107 despidos de golpe. Y lo peor es que el negocio sigue, el hotel no se cierra. Una empresa lo deja, otra hace la obra y después vuelve a abrir. Esto no es un cierre, es una continuación, y lo justo sería un ERTE, no un ERE”.

La empresa Playa Senator, que gestionaba el hotel, terminó el alquiler del edificio el 31 de octubre. A partir de ahora, tras ejecutar una reforma de entre 17 y 22 meses, el establecimiento será entregado a la cadena Meliá. Un cambio de manos, sí, pero no de negocio. Por eso los empleados no entienden por qué se les deja fuera.

Nos están echando sin razón”, insiste Sergio. “Si el edificio se convirtiera en otra cosa, lo entenderíamos. Pero no. Va a seguir siendo un hotel. Una empresa se va, otra entra y después otra lo gestiona. El negocio continúa y nosotros nos quedamos en la calle”.

En el vestíbulo, donde antes recibían a turistas con maletas, ahora hay colchonetas, termos de café y pancartas improvisadas. Los trabajadores duermen dentro del hotel desde hace días. Han formado una caja de resistencia entre todos para comprar comida y aguantar el encierro el tiempo que sea necesario. “Nos han cortado el agua en algunas plantas —cuenta Sergio—. Se están llevando incluso las griferías, supongo que para chatarrarlas. Pero aquí vamos a resistir”.

El hotel, que durante años fue un referente turístico de Marbella, se ha quedado vacío de huéspedes, pero lleno de trabajadores indignados. Y no solo por el despido. También por lo que consideran una falta total de humanidad. “Casi la mitad de la plantilla tiene más de 50 años. Toda una vida aquí, dándolo todo. Hay camareras de piso con hijos pequeños, gente separada, compañeros con hijos estudiando fuera. ¿Dónde van a encontrar trabajo ahora? En el mejor momento turístico de la Costa del Sol, nos echan como si fuéramos un número”, lamenta.

Los cálculos son fríos, pero duelen igual: 20 días por año trabajado, con un máximo de 12 mensualidades. Para alguien con dos décadas en la empresa, eso significa una salida precaria, una indemnización que apenas cubre unos meses de vida. “Nos echan por dos duros”, repite Sergio. “Y estamos hablando de tres grandes empresas: Hoteles Playa, que es la cadena andaluza con más establecimientos; Meliá, un gigante del turismo; y Prix, cuyo dueño es Modesto Álvarez, una de las mayores fortunas de España. ¿Tan difícil es sentarse entre ellos y buscar una solución?”.

Las preguntas flotan en el aire, sin respuesta. Mientras tanto, los días pasan dentro del hotel y el miedo crece fuera. “Cuando esto llegue a los juzgados —advierte Sergio—, la justicia tardará uno o dos años en resolver. Y mientras tanto, ¿qué hacemos? Tenemos que buscar otro trabajo, sobrevivir como podamos. Cuando haya sentencia, ya estaremos todos recolocados o en otra parte. Es la estrategia: ganar tiempo hasta que nos cansemos”.

El grupo no parece dispuesto a rendirse. Afirman que lo que piden “no es dinero ni subsidios, sino una solución justa”. Quieren conservar sus empleos o, al menos, mantener el vínculo laboral hasta que el hotel reabra. “Esto es un ERTE de libro. El Estatuto de los Trabajadores y el Convenio de Hostelería de Málaga lo dejan claro”, dice. “Pero claro, eso no interesa. Es más fácil despedirnos ahora, darnos una miseria y empezar de cero con otra plantilla”.

Fuera, el turismo sigue su curso. En Marbella, los hoteles cuelgan carteles de completo y los restaurantes no dan abasto. “El turismo está pidiendo profesionales por todas partes”, recuerda Sergio. “Y aquí hay 107 personas con experiencia, formadas, listas para trabajar. Pero no, somos números. Nos quitan del medio y ya está”.

En la entrada del Senator, los cánticos vuelven a subir de tono. “No al ERE, no al ERE”. Alguien levanta una pancarta que dice: “Queremos trabajar, no el paro”. Y eso resume todo. No es una protesta por dinero. Es por dignidad, por años de esfuerzo y por una sensación de abandono que cala más que el frío del mármol.

A estas alturas, el hotel está en silencio. Solo se escucha la voz de Sergio: “Queremos trabajar. Solo eso”.