Marbella vivió el pasado 27 de junio una de esas noches en las que el brillo no solo se mide en focos o lentejuelas, sino en la fuerza de las historias que se reconocen. La IX Gala de Premios de la Red de Emprendedoras y Empresarias de Marbella y el Campo de Gibraltar (REM) conquistó el Hotel Barceló de Guadalmina con un mensaje claro: el talento femenino merece ser celebrado y reivindicado.
Desde su fundación en 2009, REM ha crecido en número, pero sobre todo en profundidad. Su propuesta va más allá del típico networking empresarial. Aquí no se trata solo de intercambiar tarjetas o vender productos: se trata de tejer vínculos de apoyo mutuo, de abrir puertas que antes estaban cerradas y de poner en valor los talentos femeninos en un entorno que no siempre ha sido justo con ellos.
Cada mes, sus socias se reúnen para compartir ideas, aprender, colaborar y reforzar algo tan poderoso como escaso: la confianza entre mujeres emprendedoras. Y una vez al año, la gala REM actúa como espejo de ese trabajo invisible que, paso a paso, va cambiando la cultura empresarial de la Costa del Sol.
Este 27 de junio, la sala se llenó de emoción contenida, aplausos sinceros y miradas cómplices. Las nominaciones se hicieron en directo, lo que añadió un toque de nervios y sorpresa a una velada que ya venía cargada de significado. Una a una, las galardonadas subieron al escenario para recoger sus premios, conscientes de que lo que allí se celebraba no era solo su éxito individual, sino el de todas.
Los reconocimientos fueron para:
- María Jesús Gutiérrez, Premio a la más participativa
- Concha Lora, Premio a la mejor networker
- Maru Merino, Premio al mejor taller
- Remedios del Río, Premio a la empresaria del año
- Ágatha Ruiz de la Prada, Premio de Honor
Fue precisamente la diseñadora madrileña la gran homenajeada de la noche, aunque no pudo estar presente. Se encontraba en Colombia, dispuesta a volar hasta Marbella, cuando una emergencia médica a bordo del avión obligó a cancelar el despegue. En su lugar acudió su hijo, Tristán Ramírez, que agradeció con humildad y emoción el reconocimiento: «Estaría encantada de estar aquí», dijo sobre su madre, en un salón que le dedicó una ovación sincera.
Ágatha encarna muchos de los valores que REM defiende desde sus inicios: creatividad valiente, autenticidad sin complejos, compromiso con la igualdad y capacidad para emprender rompiendo moldes. No es casualidad que sea ella la figura elegida para representar lo que significa construir desde lo diferente, liderar sin pedir permiso y dejar huella en cada paso.
Pero lo cierto es que, más allá de los nombres propios, la verdadera protagonista de la noche fue la propia REM. Porque estas galas no nacen del artificio ni del protocolo; nacen del trabajo constante, muchas veces invisible, de decenas de mujeres que se acompañan, se recomiendan, se escuchan y se impulsan. Mujeres que apuestan por la colaboración frente a la competencia, por el crecimiento colectivo frente al éxito aislado, y que creen —con hechos— que juntas se llega más lejos.
En cada edición, REM visibiliza lo que tantos informes repiten y tan pocos medios cuentan: que las mujeres emprenden, innovan, arriesgan y lideran. Que lo hacen con talento, pero también con empatía, y que cuando tienen una red sólida detrás, los límites se desdibujan.
Marbella volvió a vestirse de gala, sí, pero lo hizo para algo mucho más profundo que una fiesta. Lo hizo para celebrar una red que lleva más de una década demostrando que otro modelo de liderazgo es posible. Que el emprendimiento puede tener rostro, alma y propósito. Y que en un mundo que a veces aún no escucha, REM sigue hablando claro: las mujeres están aquí para quedarse, para crecer y para cambiar las reglas del juego.



