Por la mañana, en la playa de Palmones, el viento levanta arena y las olas golpean con desgana. Entre hamacas apiladas y el rumor de un chiringuito que huele a pescaíto frito, lo inesperado: una narcolancha varada, cámaras rodando y técnicos en camiseta de producción desplegando focos bajo un sol que no perdona. No es una operación real —aunque lo parezca— sino el arranque del rodaje de la segunda temporada de ‘Marbella’, la serie de Movistar Plus+ que ha decidido que la Costa del Sol aún tiene mucho crimen por contar.
En esta entrega, Marbella no es solo el decorado glamuroso de yates y champán. Es también el tablero donde las mafias internacionales, como la temida Mocro Maffia, mueven ficha. Con el Puerto de Málaga en la mira, los tentáculos del crimen organizado se extienden hacia un nuevo escenario: más grande, más ambicioso, más real.
Ficción que se apoya en la realidad
‘Marbella’ no es una serie más. No lo fue en su primera temporada y no pretende serlo ahora. Protagonizada por Hugo Silva en el papel de César, un abogado marbellí que acaba enredado en los bajos fondos del narco, esta ficción mezcla thriller, drama legal y crimen internacional con una precisión que duele. Duele porque se nota que hay documentación detrás. Que no es un invento de guionistas encerrados en una sala con aire acondicionado. Aquí hay calle, hay Costa del Sol, hay reportaje.

Nacho Carretero lo sabe bien. El periodista gallego, conocido por su trabajo en Fariña, actúa como asesor de la serie junto a Arturo Lezcano. Ambos firmaron en 2021 el reportaje Marbella, sede global del crimen organizado, publicado en El País, y ese texto es ahora el esqueleto que sostiene la ficción. Y se nota. Cada diálogo, cada personaje, cada localización tiene algo que huele a verdad. Aunque duela.
De Palmones a Marbella, una ruta del crimen con paradas reales
El rodaje ha comenzado estos días en Palmones, en el término municipal de Los Barrios, en el Campo de Gibraltar. El chiringuito El Garito, a pie de playa, se ha convertido en improvisado plató donde se rueda parte de la acción. No es casual: el Campo de Gibraltar es, en la realidad, un nodo clave en la logística del narcotráfico. Utilizarlo como escenario no es oportunismo; es coherencia.
Claro que no ha faltado polémica. La presencia de narcolanchas como atrezzo ha despertado expectación entre vecinos que, con razón, denuncian el estigma constante que sufre la zona. Pero esta historia no va solo sobre el Campo de Gibraltar. ‘Marbella’ apunta más allá. Porque el verdadero protagonista aquí es es todo el sur de Andalucía: el de los testaferros invisibles, los despachos de abogados que lavan fortunas, las discotecas de lujo que camuflan reuniones delictivas y los puertos deportivos que sirven de muelle para negocios turbios.
Una serie que incomoda (y por eso interesa)
Movistar Plus+ ha apostado fuerte. Desde su estreno en mayo de 2024, ‘Marbella’ ha demostrado que hay un público ávido de historias que retraten sin filtros la cara B del paraíso. Y lo hace sin caer en el morbo gratuito. Aquí no hay narcos de postal ni héroes de mentira. Hay contradicciones, dilemas éticos, personajes que resbalan entre la legalidad y el abismo. Como en la vida real.
La segunda temporada, confirmada apenas dos meses después del estreno de la primera, ha vuelto a confiar en el tándem formado por Alberto Marini, en el guion, y Dani de la Torre, en la dirección. También repiten Óskar Santos como codirector y Fran Araújo como productor ejecutivo, junto a un equipo que sabe de lo que habla. Porque aquí no se improvisa. Aquí se investiga, se consulta a periodistas, se pisa el terreno.
Marbella, protagonista con doble cara
En esta historia, Marbella no es solo el título. Es personaje. Un personaje complejo, con brillo en la fachada y sombras en el sótano. El contraste entre el lujo ostentoso y el crimen organizado es tan afilado que corta. Por eso funciona. Porque es creíble. Porque retrata una Costa del Sol real, donde los turistas conviven con los fugitivos, los clubs de playa con los paraísos fiscales y los abogados con pasaporte dorado con los capos que mueven toneladas de cocaína desde sus mansiones frente al mar.
Mientras tanto, las cámaras siguen rodando en Palmones. Pronto lo harán en otros puntos reconocibles de esta tierra que ha aprendido a convivir con la contradicción. La serie ‘Marbella’ no viene a resolver nada. Viene a contarlo. Y eso, hoy en día, ya es bastante.



