Feria de Candiles: arte taurino bajo la luz de las velas

Durante este evento se honró al maestro Enrique Ponce, quien ofreció una destacada actuación antes de su próxima retirada

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Un momento del paseíllo. / Arenal Marbella Toros

Crónica Jaime Herrera


En la noche calurosa de Marbella, en la Plaza de Toros se preparaba con gran elegancia para
celebrar la Corrida de la Feria de Candiles. Durante este evento se honró al maestro Enrique
Ponce, quien ofreció una destacada actuación antes de su próxima retirada. Con tres cuartos
de entrada en la plaza, la alcaldesa, Ángeles Muñoz, entregó al torero valenciano un emotivo
recuerdo antes de que se enfrentara con su acostumbrada maestría a un lote de Núñez del
Cuvillo.

Ponce empezó la noche con sentimientos encontrados. Aunque el primer toro presentó una
buena apariencia, fue un ejemplar sin casta, poco animado y faltante de embestidas. Aunque el diestro intentó dar algo de luz en una faena que se veía desafiante, la falta de valentía del toro hizo que comenzara de manera aburrida. Ponce, sabiendo las limitaciones de su oponente, decidió acortar con un golpe bajo que el público recibió en silencio. Sin embargo, el destino le tenía guardado un segundo episodio que resultaría más prometedor.

Durante su segunda corrida, el quinto en la noche, Ponce demostró un nivel de inspiración
excepcional al dedicarle su faena a Litri, quien ha jugado un papel fundamental en el
resurgimiento taurino de Marbella. El toro, mostrando más codicia y nobleza que sus
compañeros de camada, permitió al maestro llevar a cabo una faena pulcra, llena de temple y
sabiduría. El torero supo controlar y retar al animal con habilidad, entregando una actuación
magnífica que fue premiada con dos orejas y un simbólico rabo. Parecía ser el final anticipado, pero su despedida estuvo a la altura de su reputación.

MORANTE DE LA PUEBLA

Morante de la Puebla, el torero sevillano, decidió no quedarse atrás y en su primer turno con un toro jabonero mostró destellos de su toreo añejo que evoca los tiempos en los cuales la
tauromaquia era considerada verdadero arte. Su actuación se destacó principalmente por una magnífica media verónica que emocionó al público y una serie de naturales con el inconfundible estilo sevillano. No obstante, la estocada baja empañó lo que podría haber sido un premio mayor. Sin embargo, la entrega de dos orejas y un rabo generaron sorpresa ya que la faena no fue lo suficientemente contundente.

Sin embargo, la historia fue distinta en su segundo intento. Aunque el toro tuvo un comienzo
brillante con el capote, pronto perdió fuerza y se negó a colaborar. A pesar del esfuerzo de
Morante, no logró rescatar una victoria. El sevillano terminó en silencio debido a los pinchazos y la falta de bravura del animal.

En cambio, Alejandro Talavante demostró su arte brillante en una noche que parecía tener
todas las ventajas de su lado. Aunque el toro tuvo una buena movilidad al principio, su faena
fue perdiendo fuerza. Sin embargo, la afición generosa le concedió dos orejas después de un
mal golpe que requirió del uso del descabello. En el séptimo turno, Talavante se sintió inspirado por la animada atmósfera festiva que reinaba después de la medianoche y exhibió su repertorio más llamativo. A pesar de no lidiar con un toro especialmente encastado, logró cautivar al público con una faena emocionante que, aunque le faltó temple, fue suficiente para ganarse su favor. Terminando la faena, una estocada precisa le ganó otro rabo, culminando de esta forma una noche llena de pura espectacularidad.

JUAN ORTEGA

Juan Ortega fue el encargado de cerrar la noche, demostrando en su primera faena pinceladas de su tauromaquia artística. Usando el capote, logró detener el tiempo, y con la muleta, ofreció una faena llena de detalles y sabor. Demostrando su talento innato, logró arrancar dos orejas con una estocada impecable mediante derechazos, trincherillas y molinetes. No obstante, el segundo toro, el cual fue el más deslucido de la noche, le restó cualquier oportunidad de volver a realizar tal proeza. Aunque Ortega persistió, solo logró arrancar algunos muletazos ante un toro que se defendía y no ofrecía ninguna opción.

De esta manera concluyó una noche que, a pesar de sus altibajos, dejó a los seguidores marbellíes con la sensación de haber presenciado una demostración del toreo como el más elevado arte, reafirmando así que en ocasiones como ésta, la tauromaquia sigue siendo un espectáculo único.

IMÁGENES: ARENAL MARBELLA TOROS

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