Hubo un momento durante los recientes conciertos de Antoñito Molina en Starlite Occident Marbella que terminó llamando la atención de buena parte del público. David Morillo, road manager del cantante gaditano, no pudo contener las lágrimas mientras seguía el espectáculo y acabó convirtiéndose, casi sin buscarlo, en una de las imágenes más emotivas de aquellas noches.
Las cámaras del recinto enfocaron al artista y, en varias ocasiones, Morillo apareció en las grandes pantallas de la Cantera visiblemente emocionado. No era un espectador más. Detrás de aquellas lágrimas estaban semanas de trabajo, tensión y responsabilidad para conseguir que todo estuviera preparado en una de las citas más importantes hasta ahora en la trayectoria de Antoñito Molina.
Morillo es el road manager de Antoñito Molina y lleva desde el pasado año acompañándolo de gira. Su trabajo consiste en estar junto al artista durante el recorrido y coordinar tanto al propio cantante como a los músicos y buena parte de la organización necesaria para que cada actuación pueda desarrollarse según lo previsto.
Quienes trabajan junto a él explican que aquella emoción fue precisamente la consecuencia de todo lo acumulado durante las dos semanas previas a las actuaciones de Marbella. Había estado pendiente de cada detalle para que las dos fechas salieran bien y, una vez comenzó a materializarse todo lo preparado, la tensión terminó dando paso a las lágrimas.
Dos noches que terminaron desbordando la emoción
La reacción de David Morillo cobra todavía más sentido por lo que significaban aquellas actuaciones para el equipo. Antoñito Molina firmó dos llenos absolutos consecutivos en Starlite Marbella, después de debutar por primera vez en la Cantera en una cita que el propio cantante describió como el cumplimiento de uno de sus grandes sueños.
Antes de subir al escenario, Molina ya había reconocido sus nervios y la importancia del momento. Había pasado años contemplando Starlite como «el festival donde van los artistas más grandes» y ahora era él quien llegaba con sus propias canciones ante un recinto lleno.
El artista definió aquella primera noche como mucho más que un concierto: «Esto que está pasando aquí esta noche no es un concierto, es una celebración de que los sueños se cumplen«. Una frase que, vista desde fuera del escenario, también terminó reflejándose en la emoción de quienes habían trabajado para que ese sueño pudiera hacerse realidad.
Durante las dos noches, Molina llevó a Marbella su gira ‘Mis Últimos Me Prometo’, con un espectáculo pensado como un viaje por diferentes emociones, recuerdos y etapas de su trayectoria. El gaditano había adelantado que su única forma de enfrentarse al directo era «entregando el corazón a tope», algo que también pareció trasladarse a quienes lo acompañan detrás de los focos.
El equipo que no siempre aparece en el escenario
Las imágenes de Morillo terminaron mostrando precisamente esa otra parte de los grandes conciertos: la de quienes trabajan fuera de escena para que músicos, artistas y producción funcionen como un único engranaje.
Durante semanas, el road manager había asumido la responsabilidad de coordinar los preparativos de las dos citas de Starlite. Cuando finalmente vio a Antoñito Molina sobre el escenario y a la Cantera completamente entregada, toda esa presión acumulada terminó saliendo de golpe.
Y el público se dio cuenta. Las pantallas volvieron una y otra vez hacia él mientras trataba de recomponerse, convirtiendo sus lágrimas en una imagen espontánea que resumió mejor que muchas palabras lo que aquellas dos noches habían significado para el equipo.
Porque detrás de los dos llenos absolutos de Antoñito Molina en Marbella hubo canciones, público y sueños cumplidos, pero también muchas horas de trabajo que no se ven. Las lágrimas de David Morillo, captadas casi por casualidad, terminaron poniendo rostro a todos aquellos que hacen posible que el espectáculo empiece cuando se apagan las luces y el artista pisa el escenario.



