La literatura de Héctor Abad Faciolince y la voz de Mayte Martín pusieron anoche el broche de oro a la novena edición de Marpoética. El escritor colombiano y la cantaora catalana llenaron, con sus inconfundibles estilos, el Teatro Ciudad de Marbella en un alegato por la palabra, la sensibilidad y el arte despojado de artificios. Faciolince mantuvo una conversación con el poeta y periodista Antonio Lucas que desveló la faceta más escurridiza del novelista, a quien definió como “poeta encubierto de un solo libro”. “La poesía fue mi primer amor, hubiera querido ser poeta”, expresó Faciolince. “Espero que sea también mi último amor, como esas parejas añosas que al final de la vida se reencuentran”, confesó.
La poesía está íntimamente ligada a su vida y, especialmente, a la figura de su padre, médico y activista asesinado por los paramilitares. Fue él quien le puso en contacto con las palabras a través de la poesía, y fueron versos sus primeros escritos. “Uno empieza, como joven, con la poesía si tiene un contacto y un interés muy íntimo con las palabras. La poesía es el alcaloide de la literatura. Lo más puro, lo que cualquier prosista debería leer, sentir la música y sentir el ritmo si quiere ser un buen narrador”, defendió. El suicidio de un gran amigo con el que compartía afición lírica le llevó a una poderosa reflexión: “Dejé de escribir poesía durante mucho tiempo por miedo a la muerte en dos sentidos: por miedo a la muerte por suicidio y a la muerte por inanición”.
La poesía ha sido una constante a lo largo de toda su vida; incluso estuvo presente en el asesinato de su padre, cuando encontró un papel manuscrito con unos versos firmados con las iniciales J. L. B. (Jorge Luis Borges). “Cuando mi mamá, y luego mis hermanas y yo, encontramos a mi papá muerto en la calle Argentina, no recuerdo haber hurgado en sus bolsillos, pero lo apunté en mi diario. Encontré una lista con los nombres de las personas que querían asesinar los paramilitares y el poema”, recordó. De hecho, ‘El olvido que seremos’, novela en la que reconstruye la vida de su padre entrelazando el retrato familiar con el contexto político colombiano y en la que celebra la bondad y el compromiso ético de su progenitor, nació como un poema cuya lectura ha conmovido al público que llenaba el teatro.
Cuando su amigo se disparó, decidió que no sería poeta para no matarse, pero siempre lleva un cuadernillo a mano en el que apunta versos. La recopilación de esos apuntes ha dado como resultado su único poemario, titulado ‘Testamento involuntario’. “Como tenía mucho miedo de que si escribía poesía me moría o me mataran, pues le puse testamento”, refirió con sorna. Al igual que su vida, su última novela, ‘Ahora y en la hora’, está impregnada de poesía a través de referencias a poemas de otros autores. Se trata del testimonio de “la última cena” que vivió durante su viaje a Ucrania en 2023 y en la que fallecieron 13 personas en un restaurante.
Había ido a Kiev a presentar ‘El olvido que seremos’ en la feria del libro y, aunque no estaba previsto, alargó la estancia dos días más para viajar a la zona del Donbás con Victoria Amélina, destacada escritora, poeta y defensora de derechos humanos ucraniana. Fue allí donde salieron a cenar a una pizzería y donde Faciolince cambió de sitio con Victoria instantes antes de que ocurriera el ataque. “Gritos, humo, polvo, destrucción, alaridos, ese momento en que se pierde la noción del tiempo y de la realidad. Me levanté lleno de manchas negras por todas partes; pensaba que era sangre, pero nada me dolía, y Victoria estaba en mi lugar con la cabeza inclinada y no respondía. No tenía sangre, no tenía nada, pero nunca recuperó la consciencia y tres días después murió”, narró.



