Un ataque armado en altamar destapa un intento de rescate de cocaína en un buque con destino Málaga

El mercante procedía de Vigo tras cargar en Guayaquil y Posorja, puertos controlados por mafias de la cocaína

mercante Odysseus
Mercante Odysseus

El mercante Odysseus, de bandera liberiana, navegaba rumbo a Málaga cuando, en plena oscuridad de la noche, una llamada de socorro interrumpió la rutina de la tripulación. Eran las 23.00 horas del 3 de septiembre cuando desde el barco, que había zarpado de Vigo tras cruzar el Atlántico desde Ecuador, se reportó la presencia de intrusos armados a bordo. No eran simples polizones: la voz nerviosa que salió por la radio advertía que los recién llegados buscaban algo concreto.

Una mercancía invisible

Ese “algo” no aparece en los manifiestos de carga ni figura en los documentos de aduana. Se oculta en dobles fondos, en contenedores escogidos, en rincones imposibles. Se trata de cocaína, embarcada en alguno de los puertos ecuatorianos que el Odysseus había visitado: Guayaquil o Posorja, terminales donde las mafias se mueven como si fueran dueñas. El plan era sencillo en apariencia y arriesgado en la práctica: recuperar el alijo en altamar antes de que el barco alcanzara el puerto de Málaga.

El método no es nuevo, pero sí cada vez más recurrente. Ante el cerco de las policías europeas en los muelles, las organizaciones optan por el rescate en alta mar, una maniobra quirúrgica: comandos que se aproximan en lanchas rápidas, suben a bordo y sacan la droga sin necesidad de arriesgarla en aduanas.

Un comando del Este

Esta vez fueron al menos dos hombres, armados y con acento del Este de Europa, los que accedieron al mercante poco después de su salida de Vigo. Los testimonios apuntan a que llegaron decididos, con información precisa y un objetivo claro. Incluso llegaron a retener a dos tripulantes en la sala de máquinas, tal vez con la esperanza de que revelaran el escondite de la mercancía. No lo lograron.

Lo que no sabían, o no calcularon bien, es que la alerta del Odysseus había puesto en marcha la maquinaria militar portuguesa.

Fragata, helicóptero y asalto

Desde el Centro de Operações Marítimas, en Lisboa, el aviso corrió como un reguero de pólvora. A las pocas horas, el Capitão do Porto de Portimão había desplegado a la Autoridade Marítima Nacional y solicitado refuerzos a la Marinha Portuguesa. Lo que siguió fue un dispositivo de guerra: una fragata, un helicóptero y un equipo de asalto se dirigieron hacia la posición del Odysseus, a apenas seis millas de la costa del Algarve.

Al amanecer, militares y agentes subieron a bordo. Para entonces los intrusos habían desaparecido. Nadie sabe cómo ni hacia dónde. Quedaba un barco agitado, con su tripulación aún temblando y con la incógnita de un alijo escondido en algún punto del casco.

Rumbo a Málaga

El mercante, ya bajo control, reanudó la marcha. El 6 de septiembre atracó en el puerto de Málaga, como estaba previsto, aunque escoltado por las autoridades. No es la primera vez que sucede. Apenas mes y medio antes, otro buque que había partido de Vigo con destino a la Costa del Sol sufrió un asalto idéntico. Entonces fue la Guardia Civil la que abortó la operación y decomisó 1.300 kilos de cocaína preparados en cubierta.

La repetición del patrón no deja dudas: el Atlántico se ha convertido en un campo de batalla invisible, donde organizaciones criminales compiten por el control de cargamentos millonarios.

Mafias globales, puertos europeos

Los investigadores sospechan que detrás de estos comandos hay un enjambre de intereses cruzados: clanes latinoamericanos que envían la droga desde Ecuador, grupos gallegos que dominan la ruta de entrada, mafias balcánicas que aportan músculo armado. Todos confluyen en un tablero donde cada error cuesta millones.

La Costa del Sol, con Málaga (con permiso de Algeciras) como puerto de entrada y almacén estratégico, es pieza central de ese engranaje. Allí llegan los barcos, allí se oculta la mercancía, allí se decide el siguiente paso en su viaje hacia el norte de Europa.