Paco de la Torre no tiene rival en Málaga… y no se le espera

La vivienda, la limpieza y el turismo son las principales preocupaciones de la ciudadanía, según el CIS

Paco de la Torre Baston Alcalde
Paco de la Torre en su investidura como alcalde.

Francisco de la Torre, conocido por todos como Paco, gobierna Málaga desde el año 2000. Un cuarto de siglo después, no solo sigue al frente del Ayuntamiento, sino que continúa siendo el líder indiscutible para la mayoría de malagueños. Y no es una impresión: los datos del último barómetro del CIS (marzo 2025) sobre tendencias municipales lo confirman con contundencia. Con mucha contundencia. A la pregunta de quién le gustaría que fuera el próximo alcalde o alcaldesa de Málaga, el 36,5 % de los encuestados responde sin titubear: Paco de la Torre. El segundo más mencionado, Daniel Pérez Morales (que no va a ser el candidato del PSOE), apenas llega al 5,7 %. Una diferencia que no solo es abismal; es estructural.

De la Torre no tiene rival. Y lo que es más revelador: no se le espera.

El PSOE en Málaga sigue a la deriva. Ni siquiera logra consolidar a un candidato como alternativa real, y aún menos construir un liderazgo sólido que conecte con el malestar urbano. La izquierda a la izquierda de los socialistas, además, se encuentra en pleno proceso de fragmentación. Las menciones espontáneas a posibles candidatos de Podemos (1,4 %) o SUMAR (0,5 %) solo reflejan su irrelevancia electoral. Las izquierdas malagueñas no compiten contra Paco: compiten entre ellas y ni eso.

Por la derecha, el panorama es aún más claro. VOX apenas registra un 0,8 % de apoyos espontáneos para un hipotético candidato. El votante conservador de Málaga está completamente fidelizado con De la Torre. Ni busca otra opción, ni la necesita.

El último bastión del municipalismo clásico

Paco de la Torre representa algo más que a un alcalde veterano: encarna una forma de hacer política local que ha sobrevivido a las tormentas políticas de Madrid, a los vaivenes ideológicos y a la eclosión de nuevas formaciones. Málaga no ha sido territorio de cambio, sino de continuidad. Y el CIS lo ratifica: no hay en el panorama municipal malagueño ningún nombre que proyecte sombra sobre la figura del actual alcalde.

Pero cuidado. Esta hegemonía —aunque sólida— no es eterna. Hay datos dentro del barómetro que deberían invitar a la reflexión en calle Larios. Porque mientras Paco sigue siendo el favorito, los malagueños están preocupados. Muy preocupados.

Los puntos débiles de una fortaleza

Tres son las grandes preocupaciones de los vecinos de Málaga: la vivienda, la limpieza y el turismo. Problemas estructurales que amenazan con resquebrajar el prestigio de una ciudad convertida en escaparate europeo.

La vivienda se ha convertido en el principal campo de batalla. Málaga lidera rankings de subida de precios, expulsión de residentes y proliferación de alquileres turísticos. Los malagueños ya no preguntan si podrán comprar casa, sino si podrán seguir viviendo en su ciudad.

La limpieza es otra de las asignaturas pendientes. No es solo una cuestión estética, sino de salud pública y de calidad de vida. Y cada vez más vecinos se muestran críticos con el estado de las calles, especialmente en los barrios más alejados del centro. Porque sí, calle Larios está hecha un pincel, pero te das un paseo por Portada Alta —no hace falta irse a Palma-Palmilla— y la cosa cambia, y mucho.

El turismo, aunque motor económico indiscutible, empieza a percibirse como un arma de doble filo. El malestar por la saturación, el ruido, la masificación y el encarecimiento del coste de vida va calando en la ciudadanía. Málaga no quiere dejar de ser atractiva, pero sí exige un nuevo equilibrio entre visitante y vecino.

¿Un alcalde sin oposición o una ciudad sin alternativas?

La pregunta que subyace al análisis es inquietante: ¿es Paco de la Torre invencible porque lo hace todo bien, o porque no hay nadie capaz de construir un proyecto alternativo?

En política, el vacío se paga caro. Y si el PSOE no resuelve su crisis de liderazgo, si las izquierdas siguen mirándose el ombligo y VOX no logra conectar con la sensibilidad urbana de Málaga, la ciudad corre el riesgo de quedarse sin un debate democrático real. Paco gana por aplastamiento, pero también por incomparecencia del adversario.

Ahora bien, la historia enseña que los liderazgos largos no caen por un rival externo, sino por fatiga interna. Y aunque Paco vaya sobrado en las encuestas, no debería confiarse. Porque los datos del CIS también indican que más del 30 % de los encuestados no sabe o no contesta a quién quiere como alcalde. Ese silencio es el germen del cambio. De la Torre no tiene rival hoy, pero el futuro no siempre vota con nostalgia.