Once años de cárcel por matar a martillazos a un sintecho en Antequera

La sentencia aplica la agravante de aporofobia al considerar probado que el acusado actuó por desprecio hacia la condición de persona sin hogar de la víctima

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Ciudad de la Justicia de Málaga, sede de la Audiencia Provincial.

La Audiencia de Málaga ha condenado a once años de prisión a un joven por matar a golpes con un martillo y patadas a un hombre sin hogar que dormía en los soportales de la plaza Fernández Viagas, en el municipio malagueño de Antequera. La sentencia aplica la agravante de aporofobia, es decir, el odio o desprecio hacia personas pobres, desamparadas o en situación de exclusión.

Los hechos ocurrieron durante dos noches consecutivas, entre el 11 y el 12 de febrero de 2023. La resolución judicial considera probado que el acusado actuó movido por el desprecio que le generaba la situación de vulnerabilidad de la víctima, que pernoctaba sola en los soportales de la plaza.

La sentencia, a la que ha tenido acceso Europa Press, dictada en un procedimiento tramitado ante el Tribunal del Jurado, recoge que el acusado, junto a otras personas contra las que no se dirige acusación, decidió inicialmente causar daño al hombre “sin más motivo ni razón” que el desprecio hacia su condición de persona sin hogar.

El grupo conocía que la víctima dormía sola en la plaza Fernández Viagas. Aprovechando que se encontraba dormida, el acusado le propinó varios golpes que impactaron en el rostro y después se dio a la fuga. La magistrada-presidenta del Tribunal del Jurado declara probado que el condenado sabía que el hombre, por su situación de exclusión social, su vulnerabilidad y su escasa corpulencia, no iba a poder defenderse de forma eficaz ni presentar una denuncia.

La agresión más grave se produjo la noche siguiente. La sentencia relata que el acusado volvió al mismo lugar ya con intención de causarle la muerte y sabiendo que, por su situación de desamparo, la víctima iba a encontrarse sola, indefensa y durmiendo en la misma zona.

El procesado cogió entonces un martillo y, de madrugada, golpeó varias veces al hombre en la cabeza. También le dio patadas en el cuerpo y en la cara. La resolución señala que el acusado aprovechó que la víctima dormía acostada boca abajo en su saco de dormir para atacarla de forma inesperada y violenta.

Tras la agresión, el condenado dejó al hombre en el mismo lugar en el que lo había encontrado, tumbado en los soportales. Nadie se percató del ataque ni de la muerte hasta el día siguiente, cuando fue descubierto el cadáver.

La Audiencia considera los hechos constitutivos de un delito de homicidio y fija la pena en once años de cárcel. La condena queda agravada por la circunstancia de aporofobia, al entender el tribunal que el acusado actuó movido por el desprecio hacia la condición de persona sin hogar de la víctima.

La resolución también aplica la atenuante de confesión. Cuando el cadáver ya había sido localizado, pero la investigación seguía abierta y aún no se conocía la identidad del posible autor, el acusado llamó a comisaría y afirmó que había sido él. Posteriormente entregó el martillo utilizado en la agresión y la ropa que tenía ensangrentada.

Además de la pena de prisión, la sentencia impone al condenado una medida de libertad vigilada consistente en participar en programas de sensibilización en materia de igualdad y discriminación. Esa medida se centrará inicialmente en el trato digno a las personas sin hogar.

El fallo también acuerda, conforme a lo solicitado por el fiscal y la acusación particular ejercida por la familia de la víctima, y aceptado por la defensa y el propio procesado, que el condenado indemnice con 20.000 euros a cada uno de los tres hermanos del fallecido.