Desde hace apenas unas semanas, Málaga ha empezado a estrenar una nueva generación de semáforos. Son los llamados “foto-rojo”, y su misión es clara: cazar a todo aquel que cruza cuando no debe. Estos dispositivos, equipados con una cámara que dispara justo en el instante en que el semáforo cambia a rojo, ya están enviando las primeras multas. En cada notificación, llega la temida foto de la infracción y una sanción de 200 euros y la pérdida de cuatro puntos del carné.
Pero no todo es tan automático como parece. Desde Pyramid Consulting, un despacho especializado en recurrir multas de tráfico, recuerdan que “no todo vale” y que muchos de estos expedientes pueden acabar anulándose.
“Llevamos años recurriendo este tipo de sanciones con éxito. La Administración debe garantizar que la imagen sea clara, que el semáforo esté realmente en rojo y que la cámara funcione correctamente”, explica Yolanda Abad, abogada de la firma.
Las trampas del ‘foto-rojo’
El sistema parece infalible, pero la experiencia dice lo contrario. Fotografías borrosas, matrículas ilegibles, semáforos en fase ámbar o cámaras sin el mantenimiento adecuado son algunos de los motivos que ya han llevado a los tribunales a tumbar sanciones similares en otras ciudades.
En algunos casos, la imagen ni siquiera permite confirmar que el vehículo pasó con el semáforo en rojo, y en otros, los aparatos no cuentan con la debida homologación que garantice que no han sido manipulados o afectados por las condiciones meteorológicas.
Todo ello, según Pyramid Consulting, puede bastar para anular una multa.
Revisar antes de pagar
La recomendación de los expertos es clara: consultar siempre con un profesional antes de abonar la sanción. Una simple revisión jurídica puede marcar la diferencia entre pagar o librarse.
“Hay que asegurarse de que la Administración cumpla las mismas garantías que exige al ciudadano”, insiste Abad.



