España volvía a ser, una vez más, punto neurálgico del narcotráfico internacional. Esta vez no era una red local, ni una célula improvisada: era una organización lituana, sofisticada, blindada y con tentáculos en varios países europeos. Su especialidad: mover toneladas de cocaína, hachís y marihuana desde los principales puertos de entrada hasta el corazón de Europa.
La Policía Nacional, en coordinación con las autoridades de Lituania e Irlanda, ha logrado lo que durante años parecía inalcanzable: desarticular una red criminal a la que se atribuye el mayor alijo de cocaína incautado en Europa, 16 toneladas de droga interceptadas por las aduanas alemanas en el Puerto de Hamburgo en 2021. Un golpe histórico del que los propios narcos hablaban con resignación en comunicaciones encriptadas.
De Orihuela a Vilna, pasando por Málaga
El epicentro del grupo criminal se movía entre Lituania y España, con ramificaciones activas en Irlanda, Polonia y otros países del entorno. Aquí, en nuestro país, habían encontrado el escenario perfecto: la costa de Levante, Tarragona y Málaga se habían convertido en sus bases operativas para almacenar y mover mercancía.
España no era solo zona de paso. También era almacén y proveedor. De aquí sacaban la marihuana, compraban hachís traído desde Marruecos y utilizaban los puertos y las rutas por carretera para introducir cocaína procedente de Sudamérica. Según la investigación, movían entre 4 y 7 toneladas al mes. Una maquinaria logística de precisión.
Dos años de vigilancia, teléfonos encriptados y un jefe oculto
Todo comenzó en 2021, cuando las autoridades lituanas accedieron a conversaciones cifradas entre varios miembros del grupo. En ellas quedó al descubierto su estructura, su operativa y su poder. Fue entonces cuando arrancó una investigación conjunta que ha durado más de dos años, judicializada en España desde el Juzgado Central de Instrucción nº5.
Durante meses, equipos conjuntos de vigilancia siguieron la pista a los principales miembros de la organización. No era tarea sencilla: viajaban con documentación falsa, cambiaban constantemente de país, y se rodeaban de medidas de seguridad propias de capos veteranos. La prioridad: localizar al líder y a sus principales hombres de confianza.
Lo consiguieron. Y no sólo eso. Dieron también con la pieza clave de la red en nuestro país: el hijo del jefe, afincado en Orihuela (Alicante), y presunto lugarteniente de la organización. Vivía con discreción, pero siempre escoltado por dos guardaespaldas y a bordo de un vehículo de alta gama, con potencia suficiente para frustrar cualquier intento de seguimiento. Desde allí negociaba cargamentos y coordinaba movimientos. Él era el que tiraba de los hilos en España.
El momento decisivo
Tras semanas de vigilancia constante, los investigadores vieron claro que debían actuar con rapidez. Los movimientos de la red se intensificaban y cualquier fuga habría supuesto perder meses de trabajo. Así que se tomó la decisión: adelantar el operativo y lanzar una macrointervención simultánea en varios países.
El resultado: 25 registros en domicilios y naves, nueve detenidos (uno en España, siete en Lituania y uno en Irlanda), y un botín que habla por sí solo:
- Más de 2.000.000 de euros en efectivo
- Siete armas de fuego
- 103 kilos de marihuana
- Detectores de GPS,
- Teléfonos encriptados
- Documentación falsificada,
- Cinco coches de alta gama
- Y una larga lista de material informático y telefónico.
Málaga, una vez más, en la ruta de la droga
Entre los territorios utilizados por esta red para sus operaciones destaca, una vez más, la provincia de Málaga, consolidada como una de las puertas de entrada y salida más frecuentes del narcotráfico europeo. La combinación de puertos, conexiones logísticas, rutas hacia el norte del continente y zonas de difícil vigilancia ha convertido a la provincia en un escenario habitual para redes de alto nivel.
La organización lituana lo sabía. No improvisaban. Sabían qué rutas usar, qué personas contactar y cómo moverse sin dejar rastro. Pero esta vez, no fue suficiente.
Una investigación que sigue abierta
La operación ha sido un éxito, pero no ha terminado. Las investigaciones continúan. La documentación intervenida, los datos de los teléfonos encriptados y los vehículos requisados están siendo analizados minuciosamente por los equipos policiales. No se descartan nuevas detenciones en las próximas semanas.
Este golpe, coordinado y quirúrgico, demuestra la capacidad de cooperación internacional entre cuerpos policiales y el papel que España, especialmente ciertas zonas como Levante y la Costa del Sol, juega en el tráfico internacional de estupefacientes. Porque cuando cae una red como esta, lo que cae es una infraestructura profesional, millonaria y letal.



