Aquel sábado de verano, hace exactamente 25 años, Málaga se detuvo. Eran las 21:40 horas del 15 de julio del año 2000 cuando José María Martín Carpena, concejal del Partido Popular en el Ayuntamiento de Málaga, caía abatido a tiros frente a su domicilio. Un atentado perpetrado por la banda terrorista ETA que conmocionó a una ciudad entera y dejó una cicatriz aún visible en la memoria colectiva de toda Andalucía.
Martín Carpena tenía 50 años. Era un político discreto, cercano, que no había recibido amenazas y, por tanto, no llevaba escolta. Aquella noche se disponía a acudir con su esposa y su hija al Pregón de la Biznaga, una cita cultural del verano malagueño. Pero nunca llegó. Frente al coche oficial que le esperaba en la calle, el terror irrumpió sin previo aviso.
Una emboscada cobarde
El asesino, Jon Igor Solana Matarrán, llevaba más de una hora apostado cerca del portal, aguardando la salida del edil. En cuanto vio a la familia acercarse al vehículo, disparó seis veces. Cuatro de los disparos impactaron en Martín Carpena, uno de ellos en la nuca, provocando su muerte instantánea. Su mujer y su hija, de 17 años, presenciaron el crimen.
Tras cometer el asesinato, Solana huyó en un coche conducido por su cómplice, el etarra Harriet Iragi Gurrutxaga. Ambos formaban parte del comando que, tres meses después, asesinaría también al coronel Antonio Muñoz Cariñanos en Sevilla. Fue precisamente allí donde fueron detenidos, y en 2001 fueron condenados a 30 años de prisión.
Una ciudad rota por el dolor
La noticia del asesinato de Martín Carpena se extendió como un reguero de pólvora. Málaga amaneció ese domingo enlutada, consternada por la brutalidad del atentado. En el Ayuntamiento se instaló una capilla ardiente a la que acudieron miles de ciudadanos para mostrar su respeto. Las calles se llenaron de personas anónimas gritando en silencio su repulsa contra el terrorismo.
El funeral, celebrado en la Catedral de Málaga, reunió a las más altas autoridades del país. Estuvieron presentes el entonces presidente del Gobierno, José María Aznar; el presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves; la ministra Ana Botella; el ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja; así como Francisco de la Torre, alcalde de Málaga, y numerosos representantes del PP, el PSOE y otras formaciones. Fue una ceremonia solemne, marcada por la emoción contenida y el deseo colectivo de que aquel crimen no quedara impune ni en el olvido.
Una vida dedicada al servicio público
José María Martín Carpena no era un político de larga trayectoria, pero sí un servidor público comprometido. Diplomado en Administración de Empresas, Técnico en Tributación y Asesoría Fiscal, desarrolló gran parte de su carrera profesional en el Instituto Nacional de la Seguridad Social y en el Ministerio de Asuntos Sociales.
Su entrada en política se produjo en abril de 1997, cuando asumió el cargo de concejal en el Ayuntamiento de Málaga en sustitución de Juan Manuel Moreno Bonilla, quien dejaba el consistorio para incorporarse al Parlamento andaluz. En las elecciones municipales de 1999, Carpena revalidó su puesto, ocupando el número 15 de la lista del PP encabezada por Celia Villalobos, que logró mayoría absoluta con 19 concejales.
Memoria y homenaje
El mismo día de su asesinato, el Ayuntamiento de Málaga le concedió a título póstumo la Medalla de Oro de la ciudad. En septiembre de ese año, se tomó la decisión de renombrar el entonces Palacio de Deportes Ciudad de Málaga, que pasó a llamarse Palacio de Deportes Martín Carpena, denominación que aún conserva y que se ha convertido en símbolo del recuerdo y la dignidad.
En 2010, una década después del atentado, Málaga volvió a rendirle homenaje con un acto conmemorativo en su localidad natal. Además, en el Parque de Huelin, un busto de bronce recuerda su figura a quienes pasean por ese rincón de la ciudad que tanto quiso.
Una herida abierta
Han pasado 25 años, pero el crimen sigue doliendo. Porque no fue solo un asesinato: fue un ataque a la convivencia, a la democracia, a una ciudad que aprendió, con sangre y dolor, que el terrorismo no entiende de límites ni de humanidad. El recuerdo de Martín Carpena sigue vivo en Málaga. No solo por los homenajes, las placas o los nombres. Sino porque su memoria se convirtió en una bandera contra el miedo.



