Calma tensa en la guerra de bandas escocesas: la ejecución de Lyons y Monaghan en Fuengirola aún espera venganza

La investigación conecta incendios, tiroteos, ataques con machete y operaciones internacionales desde Edimburgo y Glasgow hasta Dubái, Bali y la Costa del Sol

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El asesinato de Eddie Lyons Jr y Ross Monaghan en Fuengirola continúa siendo una herida abierta dentro del crimen organizado escocés. Pese a que la jefa de la Policía de Escocia ha dado por superada la guerra entre varias de las principales bandas del país, fuentes vinculadas al mundo criminal advierten de que la calma puede ser temporal: los dos hombres fueron ejecutados en España y sus muertes, sostienen, todavía no han sido vengadas.

Los dos miembros del clan Lyons fueron asesinados a tiros en mayo de 2025 cuando veían la final de la Liga de Campeones en el establecimiento regentado por Monaghan en Fuengirola. Un hombre enmascarado irrumpió en el local y abrió fuego contra ambos.

Eddie Lyons Jr tenía 46 años. Ross Monaghan, 43. Su muerte llevó hasta la Costa del Sol una guerra criminal que llevaba meses incendiando negocios, viviendas y vehículos en diferentes puntos de Escocia.

Por el doble asesinato permanece en prisión preventiva en España Michael Riley, un hombre de 45 años y natural de Liverpool. Está acusado de haber ejecutado el ataque, aunque deberá ser juzgado y se mantiene su presunción de inocencia.

La Policía escocesa ha defendido que el tiroteo de Fuengirola no formaba parte de la guerra territorial que sacudía Escocia. Sin embargo, los investigadores españoles afirmaron públicamente que el sospechoso detenido por el crimen estaba relacionado con la banda de los Daniel, rival histórica del entorno de los Lyons.

Esa discrepancia sigue marcando la investigación y alimentando el temor a una nueva escalada.

Una tregua sostenida por la escasez de droga

La jefa de la Policía de Escocia, Jo Farrell, ha asegurado en su evaluación anual correspondiente al periodo 2025-2026 que el enfrentamiento entre las organizaciones criminales ha experimentado una clara reducción tras una “resolución de diferencias” entre las partes.

La máxima responsable policial atribuye la disminución de los ataques a varios factores, entre ellos la presión ejercida por la Operación Portaledge, el dispositivo creado para perseguir a los responsables de la cadena de incendios, tiroteos, agresiones y amenazas.

Sin embargo, fuentes del entorno criminal ofrecen una explicación diferente. La actual tregua estaría relacionada con los problemas de abastecimiento de cocaína y heroína que afectan a las redes escocesas.

Los grupos rivales se habrían visto obligados a colaborar para buscar nuevas rutas y mantener el suministro. Las dificultades con la cocaína procedente de los cárteles colombianos y los problemas en la llegada de heroína habrían generado una alianza basada más en la necesidad que en una reconciliación real.

El pacto podría mantenerse mientras ambos bandos necesiten trabajar juntos. Pero quienes conocen el funcionamiento de estas organizaciones consideran que bastará una discusión, una deuda o un nuevo reparto del mercado para que las diferencias reaparezcan.

Por encima de todo continúa pesando el doble asesinato de Fuengirola.

Las fuentes sostienen que algunos de los ataques ocurridos en Escocia podrían terminar siendo asumidos porque durante aquella primera oleada no se produjeron muertes. La ejecución de Eddie Lyons Jr y Ross Monaghan, en cambio, habría cruzado una línea mucho más difícil de olvidar.

Una guerra que comenzó con fuego

La escalada se inició el 6 de marzo de 2025 con el incendio provocado de un salón de belleza en Leith, Edimburgo. El negocio, Belle Cheveux, estaba gestionado por Stephanie Dignan, pareja del narcotraficante encarcelado Mark Richardson.

El autor material fue Logan Carlin, de 25 años, que fue grabado mientras lanzaba el ataque incendiario. La Policía llegó a describirlo como un “idiota útil” utilizado por organizaciones criminales de mayor nivel para ejecutar sus órdenes.

El establecimiento estaba relacionado con el entorno de Richardson, cuyos asociados se convirtieron en los principales objetivos de una campaña de represalias.

Dos semanas después, el 20 de marzo, el pistolero Nicky Robertson disparó tres veces contra la ventana de la planta baja de una vivienda de Edimburgo perteneciente a Paddy Beatson, estrecho colaborador de Richardson.

El ataque fue grabado por un cómplice y difundido posteriormente en internet. No se trataba únicamente de causar daños. Las imágenes formaban parte de una campaña de propaganda criminal destinada a exhibir capacidad operativa, humillar al adversario y extender el miedo.

Negocios incendiados y ataques con machete

La violencia se extendió rápidamente desde Edimburgo hacia otras zonas del cinturón central de Escocia.

El 8 de abril, una fábrica y establecimiento de venta de alfombras situado en Wellington Road, en Bishopbriggs, quedó completamente destruido por un incendio.

El negocio estaba relacionado con Craig ‘Rob Roy’ Gallagher, considerado un ejecutor del clan Daniel. Gallagher había sido encarcelado recientemente por un ataque con un hacha contra personas vinculadas a la banda de los Lyons.

Un mes después, el 8 de mayo, cuatro miembros de la organización —Kieran Abercrombie, Robert Thomson, Kenzie Gardner y Tyler Ramage— incendiaron dos vehículos estacionados frente a la vivienda de David McMillan, asociado de Richardson.

Esa misma noche atacaron también la empresa de taxis Deuce Private Hire, situada en Stepps.

La ofensiva contra McMillan no terminó ahí.

El 22 de mayo, fue sorprendido frente a su vivienda en Pitcairn Grove, en Edimburgo, y atacado brutalmente con un machete. Arran Reid y otros dos hombres enmascarados participaron en la emboscada.

McMillan sufrió una fractura de cráneo y otra en un brazo. Sobrevivió, pero el ataque confirmó que la campaña había dejado atrás los daños materiales para entrar en una fase de violencia directa contra las personas.

La Operación Portaledge

La respuesta policial comenzó a producir resultados el 5 de junio de 2025. Ese día, agentes encubiertos detuvieron a Liam McDermid, el primer integrante de bajo nivel arrestado dentro de la Operación Portaledge.

McDermid fue sorprendido utilizando un detector de metales para buscar una pistola Glock y munición de 9 milímetros escondidas entre los arbustos del camino Roseburn, en Edimburgo.

La operación había sido activada en marzo tras la sucesión de ataques relacionados con grupos de delincuencia organizada que operaban por todo el cinturón central escocés.

La Policía contabilizó 84 incidentes durante la primera oleada de violencia. El dispositivo permitió practicar 64 detenciones, ejecutar 55 órdenes de registro y arresto e intervenir siete armas de fuego, además de otras armas.

Los agentes implantaron también más de 90 planes de protección para personas consideradas en riesgo.

Farrell ha defendido que la coordinación entre unidades, el intercambio de información y la adaptación de los procedimientos policiales fueron determinantes para frenar los ataques.

No obstante, la violencia no desapareció por completo. Durante enero y febrero de 2026 se registraron otros diez incidentes incluidos en la investigación de Portaledge. Hasta el momento se ha detenido a cinco sospechosos por estos hechos y las pesquisas continúan abiertas.

Una operación dirigida desde el extranjero

Los investigadores consideran que la guerra fue impulsada por Ross ‘Miami’ McGill, de 32 años y natural de East Kilbride.

McGill, antiguo responsable del grupo ultra del Rangers Union Bears, habría buscado vengarse de personas relacionadas con Mark Richardson. El origen del enfrentamiento estaría en una operación de cocaína valorada en 500.000 libras en la que se utilizaron billetes falsos.

La disputa comenzó afectando al entorno de Richardson, pero posteriormente se trasladó hacia Glasgow, donde fueron atacados miembros y familiares del clan Daniel. En las acciones participaron también individuos vinculados a la organización rival de los Lyons.

La dimensión internacional del conflicto quedó expuesta el 16 de septiembre de 2025, cuando la Policía de Dubái ejecutó varias redadas coordinadas al amanecer.

Durante aquella operación fueron detenidos Ross ‘Miami’ McGill, Steven Lyons, Steven Larwood y Stephen ‘Jimmy’ Jamieson, todos ellos vinculados al crimen organizado escocés.

La actuación golpeó el refugio exterior desde el que presuntamente operaban algunos de los responsables de la guerra.

Steven Lyons, detenido en Bali y extraditado a España

Steven Lyons, de 45 años, fue expulsado de Dubái en septiembre junto a McGill. Meses después, en mayo de 2026, fue arrestado en Bali, Indonesia, dentro de una investigación internacional dirigida por agentes españoles.

Tras su detención fue trasladado a los Países Bajos y posteriormente extraditado a España después de una batalla judicial.

Lyons llevaba años establecido fuera de Escocia y había residido durante un largo periodo en España. Actualmente permanece en prisión preventiva a la espera de ser juzgado por presuntos delitos de blanqueo de capitales y pertenencia a organización criminal.

Su hermano, Eddie Lyons Jr, había sido asesinado un año antes en Fuengirola junto a Ross Monaghan.

La sucesión de detenciones, extradiciones y operaciones internacionales ha debilitado a las organizaciones, pero también ha dejado varios ajustes de cuentas pendientes.

Fuengirola, la deuda que nadie considera cerrada

La ejecución de Lyons Jr y Monaghan continúa destacando sobre el resto de episodios por su violencia y por las posibles consecuencias que puede provocar.

Ambos se encontraban viendo la final de la Liga de Campeones en el pub de Monaghan cuando un sicario enmascarado entró en el establecimiento y disparó contra ellos.

La Policía escocesa ha tratado de separar este crimen de la guerra que se desarrollaba en su territorio. Para los investigadores españoles, sin embargo, el detenido por los asesinatos estaba integrado en el entorno del clan Daniel.

Esa conexión colocaría el doble crimen de Fuengirola dentro de un enfrentamiento mucho más amplio entre organizaciones rivales.

La ausencia de una respuesta inmediata no significa necesariamente que el asunto esté cerrado. Las dificultades en el mercado de la droga, la presión policial y la necesidad de cooperación entre los grupos pueden haber retrasado cualquier represalia.

La tregua, según las fuentes criminales, durará mientras siga siendo rentable.

La Policía da por frenada la guerra, pero persisten las dudas

Jo Farrell ha descrito la caída de los ataques como el resultado de varios factores y ha destacado tanto el acercamiento entre las organizaciones como el trabajo de los investigadores.

La dirigente policial sitúa la fase más grave de la guerra en un periodo de seis meses, aunque el primer ataque se produjo hace más de un año y posteriormente se registraron nuevos episodios violentos.

El líder de los conservadores escoceses, Russell Findlay, ha reconocido el trabajo de los agentes, pero considera prematuro declarar terminada la guerra de la droga más violenta de Escocia.

Findlay, antiguo periodista especializado en crimen organizado, sostiene que los periodos de calma entre estas bandas han terminado históricamente en nuevas explosiones de violencia cada vez más graves.

También reclama que la respuesta policial no se limite a detener a los autores materiales. A su juicio, para desmantelar realmente estas estructuras es necesario intervenir todo el dinero obtenido ilegalmente y perseguir a los profesionales que facilitan el blanqueo y el funcionamiento económico de las organizaciones.

Mientras la investigación por el doble asesinato continúa en España, Fuengirola permanece en el centro de una historia criminal que atraviesa Escocia, Dubái, Indonesia, Países Bajos y la Costa del Sol.

La Policía sostiene que las diferencias han sido resueltas. Dentro del crimen organizado, en cambio, nadie parece considerar saldada la deuda por las muertes de Eddie Lyons Jr y Ross Monaghan.