En Fuengirola, el verano también se mide en gestos sencillos: una silla anfibia entrando en el agua, una hamaca preparada bajo la sombrilla, un monitor ayudando a una persona a bañarse o una usuaria saliendo del mar con una sonrisa y una frase que lo resume todo: “El agua estaba muy buena”. Detrás de esa escena cotidiana hay un servicio que, para muchas personas con movilidad reducida, marca la diferencia entre mirar la playa desde lejos o poder disfrutarla de verdad.
La playa de Las Gaviotas, en Los Boliches, es una de las zonas adaptadas del municipio que ha visitado Área, pero no la única. Fuengirola cuenta con cuatro espacios accesibles repartidos por sus cuatro playas, pensados para que las personas que necesitan apoyo puedan disfrutar del litoral con comodidad, seguridad y acompañamiento. Según explica Carlos Ruiz, responsable de comunicaciones del sistema de playas, el servicio funciona de 11:00 a 20:00 horas y está dirigido a cualquier persona que necesite ayuda para pasar un rato de sol o acceder al baño adaptado.
“Tenemos hamacas, tenemos sombrillas y ofrecemos ayuda en la parte del baño adaptado”, detalla Ruiz. En la carpa de Las Gaviotas trabajan tres monitores dedicados exclusivamente a este servicio, además de contar con socorristas cercanos que pueden reforzar la atención si es necesario. La demanda, asegura, va en aumento. Solo durante el último fin de semana pasaron por esta zona más de 60 usuarios y se realizaron decenas de baños asistidos.
Acuden personas de todo el mundo
No se trata únicamente de entrar y salir del agua. El servicio permite que quienes tienen movilidad reducida puedan vivir la playa de una forma más autónoma, cómoda y normalizada. También genera una relación de confianza entre los usuarios y el personal. Algunos vienen de Fuengirola, otros de municipios cercanos e incluso de fuera de España. “Al final, cuando vas creando ese día a día, se crea como una pequeña familia”, resume Ruiz.
Pilar es una de las usuarias habituales. Cordobesa y muy vinculada a Los Boliches, recuerda cuando en esta zona “no había paseo marítimo, sino las casitas de los pescadores, las barcas y demás”. Para ella, este servicio significa poder seguir disfrutando del mar. “Antes, cuando era joven, sí podía hacerlo sin ninguna ayuda, pero ahora sería imposible si no fuese por el anfibio y, sobre todo, por el personal”, cuenta. De quienes la atienden destaca dos cosas que considera fundamentales: “amabilidad y profesionalidad”.
Cuando esto era una absoluta utopía en el resto del Estado, aquí ya existía”
La importancia de estos recursos va mucho más allá de la comodidad. Javier García, presidente de la Asociación Nacional de Personas con Discapacidad Cota Cero, subraya que Fuengirola ha sido un referente en esta materia. Recuerda que esta playa fue pionera y que el servicio lleva más de tres décadas funcionando. “Cuando esto era una absoluta utopía en el resto del Estado, aquí ya existía”, señala.
La importancia de estos recursos va mucho más allá de la comodidad. Javier García, presidente de la Asociación Nacional de Personas con Discapacidad ‘Cota Cero’, subraya que Fuengirola ha sido un referente en esta materia. Recuerda que esta playa fue pionera y que el servicio lleva más de tres décadas funcionando. “Cuando esto era una absoluta utopía en el resto del Estado, aquí ya existía”, señala.
Para García, la clave está en que las personas con movilidad reducida puedan hacer uso de la playa “en condiciones de igualdad, de seguridad y de normalidad”. Algo tan cotidiano como bañarse en el mar requiere medios concretos: sillas anfibias, personal especializado, aseos accesibles, hamacas, sombrillas y zonas de descanso donde poder realizar las transferencias con seguridad después del baño.
Ese es, precisamente, el valor social del servicio. No es solo una infraestructura ni una prestación más del verano. Es la posibilidad de que una persona mayor, una persona con discapacidad o cualquier usuario con problemas de movilidad pueda llegar a la orilla, meterse en el agua y salir después con la misma sensación que cualquier bañista: la de haber disfrutado del mar.
Y quizá esa sea la mejor definición de las playas accesibles de Fuengirola: cuatro espacios donde la accesibilidad no se queda en el paseo marítimo, sino que llega hasta el agua para que nadie tenga que quedarse sin verano.



