Una urbanización de Estepona vive un infierno con una vecina: «Tememos que apuñale a alguien»

Los vecinos de la urbanización ‘Las Palmeras de Benavista’ llevan años soportando insultos, amenazas, vejaciones e incluso alguna paliza por parte de una vecina con problemas mentales

Urbanización 'Las Palmeras de Benavista'. / D.DIMISTRESCU
Urbanización 'Las Palmeras de Benavista'. / D.DIMISTRESCU
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Los vecinos de la urbanización ‘Las Palmeras de Benavista’ ya no pueden más. La situación les supera. Llevan años soportando insultos, amenazas, vejaciones e incluso alguna paliza por parte de una vecina con problemas mentales. «Golpes en las paredes, insultos, echarnos lejía en la cabeza, escupir a los niños… y cada vez está más agresiva y vivimos con bastante miento. Llevamos años ya desde la pandemia sufriendo las consecuencias de una persona que debería estar medicada y en un psiquiátrico», nos cuenta una de las perjudicadas a Área Costa del Sol.

La comunidad ha interpuesto una demanda con el apoyo de los vecinos afectados, y además ya hay denuncias individuales también contra esta señora, que lleva arrastrando problemas de este tipo con otras comunidades.

Tal y como cuenta una de las vecinas afectadas, la mujer no es propietaria, alquiló el apartamento en esa urbanización y dejó de pagar al tiempo, estando protegida por la ley al ser considerada vulnerable.

«Vivimos en un auténtico infierno por una vecina con problemas mentales. Esa es la realidad. Tememos que un día apuñale a alguien porque es una persona que está sola, sin medicación, que ve cosas que no existen. Ya ha agredido a dos vecinas, es agresiva verbalmente y físicamente. Le metió una paliza a una y tuvo que venir la Policía. Vivía cerca de ella y no soporta que vivan cerca de ella. Es más, una vecina tuvo que irse de su casa por miedo», asegura.

La mujer, de unos 50 y pocos años aproximadamente, tiene atemorizada a toda su urbanización. «Pedimos que intervengan los Servicios Sociales, necesita ayuda y los vecinos necesitamos recuperar la tranquilidad de nuestras casas», concluye.