La «jodida» jugada de Sánchez y Ábalos para aniquilar a Susana Díaz y tener el control total del PSOE

Susana Díaz fue señalada como un obstáculo político a neutralizar

La "jodida" jugada de Sánchez y Ábalos para aniquilar a Susana Díaz y tener el control total del PSOE - diazsanchez k1KC
Susana Díaz y Pedro Sánchez en Sevilla. Foto de archivo/EFE

En los entresijos del poder socialista, entre mensajes de WhatsApp y estrategias compartidas en privado, Susana Díaz aparece como una de las figuras que Pedro Sánchez quiso desplazar del foco. Los mensajes revelados por el diario El Mundo, en el marco del conocido caso Koldo, han sacado a la luz cómo desde La Moncloa y Ferraz se gestionaban las tensiones internas del PSOE entre 2020 y 2021.

En aquel complejo tablero político, la expresidenta de la Junta de Andalucía no era una pieza cualquiera. Con una sólida base orgánica y un notable respaldo en Andalucía, Díaz representaba una corriente con voz propia dentro del partido. Una posición que, en cualquier formación política, puede generar incomodidades en momentos de cambio de ciclo o consolidación del liderazgo.

«Cortar de raíz» cualquier posible influencia

Según recogen los mensajes entre Pedro Sánchez y su entonces ministro y secretario de Organización, José Luis Ábalos, el objetivo era reforzar el control orgánico del partido en sus territorios clave. En este contexto, Andalucía —la federación más potente del PSOE— ocupaba un lugar prioritario en esa estrategia. Y la figura de Susana Díaz, con su proyección y experiencia, era observada con atención.

En uno de los intercambios, se habla de “cortar de raíz cualquier posibilidad de influencia de Susana Díaz en Andalucía”. Se trataba, según parece, de evitar divisiones y consolidar un modelo de partido más cohesionado en torno al liderazgo federal. Este tipo de procesos, aunque duros, no son exclusivos del PSOE; forman parte de la lógica interna de las grandes organizaciones políticas, donde los liderazgos fuertes tienden a construir estructuras alineadas con su visión.

El margen para las discrepancias

Los mensajes también muestran el interés por vigilar de cerca otras federaciones como Madrid, Comunidad Valenciana o Castilla-La Mancha, donde también existían voces con cierta autonomía. El tono de algunas comunicaciones, como el ya famoso “hay que seguir marcándoles”, revela una actitud de vigilancia y control. Pero, más allá de las formas, la finalidad era asegurar una unidad estratégica en momentos políticamente delicados.

En este juego de equilibrios, la independencia interna a veces se percibe como ruido, y lo que antes era considerado diversidad de pensamiento, puede entenderse como falta de lealtad. Así funciona la política, donde las formas importan, pero los equilibrios de poder son los que acaban marcando la pauta. Y donde la mano de hierro siempre se impone a la democracia interna.

Una transición silenciosa en el PSOE

A día de hoy, muchas de las figuras que en su día tenían un peso destacado han dejado la primera línea. Guillermo Fernández Vara, que este fin de semana subió una foto con Rubalcaba con un recado para Sánchez, Javier Lambán o Ximo Puig ya no ocupan puestos de relevancia. Sólo Emiliano García-Page mantiene su perfil diferenciado con mayoría absoluta. Susana Díaz, por su parte, sigue vinculada a la política, pero alejada del foco mediático más allá de sus participaciones en programas de televisión como tertuliana.

Lo cierto es que los partidos, como organismos vivos, atraviesan procesos de renovación constantes. Y en esa dinámica, las decisiones orgánicas responden tanto a estrategias internas como a la evolución de la sociedad y el electorado. La historia del socialismo español reciente, como la de cualquier formación con vocación de poder, se escribe con muchos actores, intereses y contextos cambiantes.

El tiempo pone a cada uno en su sitio. Y en política, como en la vida, todo es cuestión de ciclos, movimientos y decisiones que muchas veces sólo se entienden con el paso de los años. De quién filtró los mensajes ya hablaremos otro día… Porque, sinceramente, ¿alguien recuerda un juicio mediático en España sin filtraciones?