El 8 de septiembre de 2021 se declaraba el peor incendio en la historia de Sierra Bermeja. El fuego se originó de madrugada en dos focos diferentes localizados entre los términos municipales de Jubrique y Genalguacil.
Afectó a un total de 8.401 hectáreas de los términos municipales de Jubrique, Júzcar, Faraján, Genalguacil, Casares, Benahavis y sobre todo Estepona, y provocó la muerte del bombero forestal Carlos Martínez Haro, cuando trabajaba en las tareas de extinción.
En estos trabajos participaron efectivos de equipos de intervención de todas las provincias andaluzas, así como medios del Estado y de otras comunidades autónomas.
El incendio llegó a alcanzar un nivel de peligrosidad 2 con condiciones 30/30/30, es decir, menos de un 30% de humedad, más de 30 grados de temperatura y vientos de más de 30 kilómetros por hora.
Pudo ser controlado el 14 de septiembre de 2021 gracias a la lluvia, y fue dado por extinguido el 24 de octubre de 2021, mes y medio después de su inicio. El fuego obligó a desalojar a 3.000 personas de varios municipios.
Se ha cumplido un año desde este desastre, y pese a que se ha confirmado que fue intencionado, aún no hay culpables y la investigación sigue abierta y bajo secreto de sumario decretado por el Juzgado de Instrucción número 3 de Ronda.
Entre las pistas se encontraban las que explicó el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, quien destacó la existencia de dos focos originados a la vez, a poca distancia entre ellos y de la misma manera: unos “montoncitos de hojarasca y encima una piña, prendida con un mechero”. También se confirmó el uso de una sustancia acelerante.
La persona o personas que provocaron el incendio conocían bien las condiciones del momento: casi al anochecer, previsión meteorológica de fuertes vientos y una carretera poco transitada con un lugar de fácil estacionamiento.
Un año después, poco más ha trascendido debido al secreto judicial de las actuaciones. Disputas vecinales o venganzas entre propietarios de terrenos eran las hipótesis que se barajaban como posibles causas.
Según el actual Código Penal y de confirmarse que el fuego fue intencionado, el autor se enfrentaría a penas entre 15 y 20 años de cárcel y podría ser acusado de homicidio, aunque es difícil, según los precedentes, probar que el responsable del fuego tuvo la intención de provocar el fallecimiento del bombero, por lo que suelen rebajarse las penas.



