De Normandía a Mijas: La historia oculta de la Black Mafia Family

Mientras Mohamed Amra espera su extradición, en Normandía, dos tumbas recuerdan que la guerra contra el crimen organizado no tiene tregua

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Mohamed Amra/VADIM GHIRDA/AP

El 14 de mayo de 2024, a plena luz del día, un grupo de hombres encapuchados y armados con fusiles de asalto emboscó un convoy penitenciario en la autopista A13, a la altura del peaje de Incarville, en Normandía (Francia). En cuestión de segundos, los atacantes abrieron fuego sin piedad, ejecutando con precisión militar a dos agentes y dejando gravemente heridos a otros tres. La misión: liberar a Mohamed Amra, alias El Mosca, un narcotraficante de alto perfil que estaba siendo trasladado a los tribunales.

Lo que en un principio parecía un golpe quirúrgico de una banda bien organizada se convirtió en el descubrimiento de una estructura criminal hasta entonces desconocida para las autoridades francesas: la Black Mafia Family (BMF).

Nueve meses después del sangriento asalto, la investigación se extendió por toda Europa y terminó con múltiples arrestos simultáneos en Francia, España, Marruecos y Rumanía. Entre los detenidos, el propio Amra en Bucarest y Fernando D., alias Abe, en una villa blindada en Mijas. La cacería había terminado, pero la historia apenas comenzaba.

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Peaje donde liberaron al Mosca/Olivier Arandel

Según reveló Le Parisien, la emboscada en Incarville fue ejecutada con una planificación meticulosa. Cuatro hombres, vestidos de negro y armados con pistolas, metralletas y fusiles de asalto, descendieron de varios vehículos y atacaron el convoy sin mediar palabra. Los agentes Arnaud Garcia y Fabrice Moello, encargados de la seguridad del traslado, murieron en el acto. Uno recibió un disparo en la cabeza a quemarropa; el otro cayó abatido por una ráfaga que le alcanzó la nuca.

En el interior del furgón, Amra permaneció impasible. “No te preocupes, nadie te va a hacer daño”, le dijo a uno de los guardias antes de que sus cómplices lo liberaran. Apenas unos minutos después, el grupo desapareció sin dejar rastro, dejando tras de sí una escena de guerra.

Los investigadores franceses pronto dieron con un vehículo quemado en Gauville-la-Campagne, utilizado en la fuga. En su interior, encontraron restos de un sudadera de la marca Jordan, idéntica a la que vestía uno de los sospechosos vistos en las cámaras de seguridad del peaje. Fue la primera pista de un rompecabezas que conduciría hasta la BMF.

Lo que descubrieron las autoridades a medida que avanzaba la investigación fue un entramado criminal de una sofisticación insólita. La BMF, lejos de ser un simple grupo de sicarios, operaba como una red descentralizada de células independientes, con estructuras compartimentadas y protocolos de comunicación encriptados.

Según The Times, la organización tenía infiltrados en la policía y un conocimiento exhaustivo de los métodos de investigación de las fuerzas del orden. La BMF estaba compuesta por varias familias criminales, destacando la G Family, que presuntamente organizó la fuga de Amra. Desde la distribución de drogas en Le Havre hasta conexiones con carteles en Latinoamérica, el alcance de la red sorprendió a los propios agentes.

Los líderes operaban con cautela. Uno de los sospechosos clave, Jean-Charles P., estaba en prisión en el momento del asalto y mantenía contacto con Amra a través de chats encriptados. Aunque negó cualquier implicación en la fuga, los investigadores creen que fue uno de los cerebros del plan.

Mientras las autoridades rastreaban a los responsables, uno de los principales sospechosos, Fernando D. (Abe), se movía entre Francia, España y Marruecos. Su última parada fue en Mijas, donde se ocultaba en una villa de lujo convertida en búnker.

El 22 de febrero de 2025, agentes de la Policía Nacional española irrumpieron en la fortaleza y lo arrestaron. En la casa, encontraron un arsenal: un revólver, una escopeta, munición, inhibidores de frecuencia y matrículas falsas. Todo apuntaba a que Abe era más que un simple ejecutor; las pruebas lo señalaban como el hombre que disparó contra los agentes en Normandía.

Ese mismo día, a más de 3.000 kilómetros de distancia, la policía rumana detenía a Mohamed Amra en un centro comercial de Bucarest. El Mosca intentaba cambiar su apariencia con una cirugía estética, pero los investigadores lo localizaron gracias a un descuido: uno de sus teléfonos móviles fue geolocalizado. Amra no opuso resistencia. Cuando un periodista le preguntó qué hacía en Rumanía, respondió con desdén: “Vacaciones”.

Hasta el momento, se han realizado al menos 24 arrestos en distintos países, pero la investigación sigue abierta. La BMF ha demostrado ser una organización volátil y adaptable. Sus tentáculos se extienden desde Normandía hasta las costas del sur de España, donde controlan rutas de hachís desde Marruecos.

La detención de Amra y Abe representa un duro golpe para la organización, pero no su desmantelamiento total. Las autoridades temen represalias y ajustes de cuentas dentro del propio grupo. Como en toda historia de mafia, la caída de unos líderes solo deja espacio para que otros ocupen su lugar.

Por ahora, El Mosca aguarda su extradición a Francia, donde será juzgado por asesinato y fuga. En Mijas, la villa fortificada de Abe ha quedado vacía. Mientras Amra espera su extradición, en Normandía, dos tumbas recuerdan que la guerra contra el crimen organizado no tiene tregua.