José Bretón confiesa 14 años después: «Comprobé que no respiraban antes de poner los cuerpos en el fuego»

El parricida afirma que lo hizo para que sus hijos non fuesen criados por la familia materna porque le parecían «muy tóxicos»

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José Bretón
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José Bretón ha roto su silencio después de 14 años negando uno de los crímenes más estremecedores de la crónica negra española: el asesinato de sus hijos, Ruth y José, en octubre de 2011. Cumpliendo una condena de 25 años en la prisión de Herrera de la Mancha, el parricida ha confesado los detalles del filicidio en una serie de cartas enviadas al escritor Luisgé Martín, quien mantuvo correspondencia con él durante tres años y lo visitó en la cárcel. Estas revelaciones han sido publicadas por El Confidencial y forman parte del libro El odio (Anagrama), que verá la luz en los próximos días.

Bretón, que hasta ahora había mantenido su inocencia, admite que planeó el crimen tras la ruptura con su esposa, Ruth Ortiz, en septiembre de 2011, un mes antes. Sin embargo, niega que actuara por venganza. «¿De qué iba a vengarme? Yo estaba de acuerdo con la separación. Me parecía bien», asegura en las cartas. Según relata, su motivación fue la incertidumbre sobre el futuro de sus hijos. «Me obsesionaba la idea de que se educaran al lado de la familia de mi mujer, que a mí me parecía una familia tóxica», explica, refiriéndose a un incidente con un biberón al que su cuñada añadió sal.

El parricida detalla cómo ejecutó el crimen: trituró pastillas, las disolvió en agua con azúcar y se las dio a sus hijos para que murieran sin sufrimiento. «Comprobé que no respiraban antes de poner los cuerpos en el fuego. No se enteraron de nada», afirma. Luego, intentó hacer desaparecer los cadáveres en una hoguera con gasóleo, convencido de que «sin cadáveres no hay crimen». Sin embargo, tras ver arder los cuerpos, asegura que se arrepintió: «Me dije: ¡Qué has hecho! Ojalá hubiera podido dar marcha atrás».

En su entrevista con Luisgé Martín, Bretón reconoce que le faltó «un poco más de suerte» para ocultar el delito y evitar la condena. Actualmente, aislado en prisión tras la muerte de su madre y sin recibir visitas, el asesino expresa un supuesto arrepentimiento, condición clave para acceder a beneficios penitenciarios antes de su salida prevista en 2036. Sobre un posible encuentro con Ruth Ortiz, a quien tiene prohibido acercarse por sentencia, dice: «Me gustaría pedirle perdón, pero sé que es imposible que me perdone».