La presencia del avispón oriental (Vespa Orientalis) en la Costa del Sol se ha convertido en habitual. Esta especie invasora procedente de Asia y Oriente Medio fue vista por primera vez en Andalucía en 2018, y desde entonces se ha extendido por varias zonas de la península.
En la Costa del Sol y el Campo de Gibraltar está más que asentado, y tras un invierno suave en el que las reinas han permanecido en sus nidos, con el calor vuelven a la actividad.
Se supone que los primeros ejemplares llegaron como «polizones» por transporte marítimo procedente de Asia central y occidental, a través de puertos importantes como Algeciras, Málaga, Valencia o Barcelona. Una vez en la península, se han extendido y reproducido.
Las diferencias con la avispa común son muy visibles, empezando por su tamaño: entre 25 y 35 mm frente a los 10-20 mm de la especie autóctona. Se distingue fácilmente por su color marrón rojizo, con una franja amarilla en el abdomen y también en parte de la cabeza.
También se identifica por sus prominentes mandíbulas y por tener dos pares de alas. El aguijón sólo está presente en las hembras (reinas y obreras). Su picadura resulta más dolorosa que la de la avispa común, pero no es letal para la salud, provocando un dolor agudo similar al de una quemadura.
Además de inocular una mayor cantidad de veneno, su peligrosidad radica en su agresividad: un solo ejemplar puede picar varias veces y morder con sus mandíbulas, y se defienden en grupo cuando se ven amenazados.
En caso de sufrir una picadura, se recomienda extraer el aguijón con unas pinzas (en caso de que se desprenda), lavar la zona con agua y jabón y aplicar frío en la hinchazón. Si la zona inflamada supera los 10 centímetros, se recomienda acudir a un centro sanitario. Los alérgicos deberán aplicar algún producto antihistamínico.



