Miles de euros a cambio de cazar animales: un bombero advierte de estas medidas en la Costa del Sol

Durante los últimos diez años, la construcción excesiva de campos de golf, hoteles, complejos turísticos o urbanizaciones ha llevado a estos animales como jabalíes a desplazarse de su «hogar» y a moverse en busca de alimento en nuestras calles, lo que ha llevado a instituciones a considerarlos una amenaza

Jabalí atrapado en un hoyo en La Quinta en Benahavís. / Área
Jabalí atrapado en un hoyo en La Quinta en Benahavís. / Área

En la última década, son muchos expertos en fauna los que consideran que no se ha realizado un control de animales, ni tampoco del exceso de construcción en sus hábitats. Así nos lo explicaba Roberto, un bombero que dedica gran parte de su tiempo en rescatar a animales atrapados o que están en peligro de la mano del hombre. Distintos ayuntamientos de la Costa del Sol ofrecen grandes cantidades de dinero, llegando a alcanzar casi los 3.000 euros por pieza, a cambio de que se acabe con esta fauna que consideran dañino o un peligro para la sociedad en general, según nos ha explicado. «Hemos invadido su hábitat, sumado a la sequedad y a la falta de alimentos», nos cuenta Roberto.

Y es que en la Costa del Sol se ha vuelto en muchos casos un negocio. Durante los últimos diez años, la construcción excesiva de campos de golf, hoteles, complejos turísticos o urbanizaciones ha llevado a estos animales como jabalíes a desplazarse de su «hogar» y a moverse en busca de alimento en nuestras calles.

«Hay medidas alternativas y coherentes con las que evitaríamos mucho daño. Pero hace falta voluntad para aplicarlas. Estos animales tienen derecho a la vida. La medida radical del exterminio no evita el problema, ni es ético y no creo que la población esté de acuerdo con esto», añade.

Como bien explica este amante de los animales, no habría que hablar de sobrepoblación como tal, sino más bien de desplazamiento de la fauna, a la hora de construir en sus hábitats, provocando que bajen a las zonas bajas en busca de alimento o agua: «La gente que no esté preparada para vivir en entornos de campo o que se mueven de la ciudad a estos entornos no entiende que tiene que estar preparada para cohabitar con estos animales. Merecen un respeto, forman parte de la biodiversidad».

Tanto Roberto como otros expertos hablan de imponer métodos éticos, aunque lleven más tiempo de elaboración. Otras alternativas como la esterilización y un control real de la población, puesto que el ser humano los está aglutinando cada vez en espacios más reducidos, desplazándolos así de zonas altas a las más bajas.

«No debería haber problemas. Deberíamos desplazarlos y controlar su reproducción, o confinarlos en espacios grandes donde se puedan controlar, castrar y darles una vida digna», indica.

Seres vivos con derecho a la vida y que han vivido en su hábitat mucho tiempo. Sin embargo, las categorías de «plaga» o «animal invasor» son cada vez más comunes para darles nombre: «El culpable es el hombre, que lo ha introducido y es el que tiene que dar una solución, pero soluciones éticas, no agresivas«.

Un negocio

La caza de estos animales se ha vuelto un negocio y, especialmente, para los cazadores. Así lo alega: «La idea de la sobrepoblación es relativa. Debemos proporcionales nuevas fuentes de alimentación, cuidar la sanidad, la salubridad de los espacios donde hay más turismo, para que estos animales no se sientan atraídos. Desplazarlos a lugares donde no haya riesgo, sitios de recuperación y confinamiento de animales. Además, tampoco viven mucho y no hay que cuidarlos tantos años. Es la línea que hay que seguir«.

Asimismo, nos explicaba que tampoco se tiene en cuenta la situación de cada animal, sean mamás embarazas, crías, hembras o machos: «Me parece una aberración matar a cualquier tipo de animal en cualquier situación. Hay mucha gente que no quiere que esto pase, con gente armada, arqueros, francotiradores, cazadores que solo quieren abatir piezas por abatir piezas o por dinero. Yo no quiero oír disparos o que entre una bala por la ventana y no quiero que maten a los animales así, ni yo ni gran parte de la población».